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A un año de la visita de Barack Obama

A un año de la visita de Barack Obama
Su política hacia Cuba estuvo marcada por la buena voluntad y la ingenuidad
Lunes, marzo 20, 2017 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba.- Días antes de la visita de Barack Obama a Cuba el 20
de marzo del 2016, el señor Pedro Núñez Mosquera, Director General de
Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), durante la reunión de alto nivel
del trigésimo primer período ordinario de sesiones de la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU, respondió al señor Antony Blinken, entonces
subsecretario de Estado de los EE.UU., que Cuba tenía una visión
diferente de los derechos humanos y del concepto de democracia.

Aunque tal posición es una anomalía extraordinaria en el hemisferio
occidental, la respuesta del diplomático sirvió para dejar claro que a
pesar de haber ratificado importantes documentos jurídicos
internacionales sobre derechos humanos el castrismo no iba a cambiar.
Por su parte, la prensa dependiente del partido comunista se encargó de
establecer que los cambios que se le pedían a Cuba ya habían sido hechos
en 1959 y que la política de principios de la revolución —entiéndase la
que ha establecido la dictadura del único partido sin la anuencia del
pueblo— tampoco sería abandonada. Ese fue el preámbulo de la visita de
Obama.

Fue la primera visita de un presidente norteamericano a Cuba en más de
ochenta años, pero su estancia estuvo signada por la frialdad
gubernamental, un escueto reflejo en los medios oficialistas y por un
programa que impidió que el presidente contactara directamente con el
pueblo. En el discurso que ofreció en el Gran Teatro Alicia Alonso ante
un público sesgado por posiciones ideológicas, destacó la hierática
presencia de los principales dirigentes del régimen y de muchos de sus
alabarderos.

Apenas había salido hacia Argentina los medios oficialistas cubanos
comenzaron sus ataques manipuladores e irrespetuosos contra el
presidente y su discurso —el cual no trasmitieron por la televisión
nacional ni publicaron en la prensa escrita—, los que se extendieron por
más de un mes y estuvieron protagonizados por reconocidos defensores de
la dictadura, aunque también hubo espacio para escuálidos aspirantes a
los peldaños superiores del escalafón que el régimen mantiene para sus
testaferros más fieles. La arremetida, que incluso ocupó gran espacio en
las sesiones del séptimo Congreso del Partido, fue asimilada por Obama
con una dignidad espartana, lo que dice mucho de su altura moral.

Si tuviera que definir su política hacia Cuba desde el restablecimiento
de las relaciones diplomáticas el 17 de diciembre del 2014 hasta el
final de su mandato, diría que estuvo marcada por la buena voluntad y la
ingenuidad de creer que el castrismo iba a mejorar en cuanto al respeto
a los derechos humanos ante las abundantes muestras de acercamiento de
su administración, la cual trabajó decididamente para revertir la
antigua política.

Las medidas aprobadas durante los últimos meses del mandato del hoy
expresidente para tratar de hacer irreversible el acercamiento entre
ambos gobiernos tuvieron su corolario en la decisión de cerrarle el paso
hacia EE.UU. a decenas de miles de cubanos que huían del régimen en
busca de una vida digna y con derechos, a quienes de un plumazo sumió en
una tragedia cuyas consecuencias aún sufren.

Obama provocó simpatía en quienes tuvieron el privilegio de compartir
con él sus escasísimas presentaciones públicas o la suerte de ver su
discurso mediante Telesur, pero después de su visita aquí no mejoró
nada. Todo lo contrario, se acrecentó la represión contra la oposición
pacífica y su esencia dictatorial asomó sin afeites en las zonas
azotadas por el huracán Matthew.

Vietnam se vio envuelto en una cruenta guerra con EE.UU. En ella
perdieron la vida decenas de miles de personas de ambos países. Pero los
comunistas de ese país han logrado avanzar en la eficiencia económica y
en ese logro EE.UU ha tenido una participación significativa.
Sencillamente ambos gobiernos dejaron atrás el pasado.

Aquí, donde jamás el ejército norteamericano ha ejercitado ninguna
acción militar después de 1959, el castrismo continúa atrincherado,
enarbolando el fantasma de un enemigo para justificar su estéril
retórica numantina. Casi sesenta años en el poder no le han bastado para
aprender el arte del buen gobierno. Acosado por una corrupción
galopante, la creciente insatisfacción popular y sin acabar de resolver
problemas esenciales como el del transporte, la vivienda, el suministro
de agua potable de calidad y el de la alimentación, entre otros, todavía
es incapaz de insuflarle al pueblo una esperanza creíble de prosperidad.

Quizás Obama pensó que su visita y las concesiones unilaterales de su
administración ayudarían al pueblo cubano. Si fue así se equivocó. Pasó
otra administración y el diferendo continúa, la opresión también. Así
será mientras no asumamos que la lucha por la democracia nos implica a
todos y que su resultado depende de nosotros mismos, sin soslayar el
papel de la solidaridad internacional, hoy minimizada gracias a la
hipocresía y la doble moral, algo que, evidentemente, no es patrimonio
exclusivo de los cubanos.

Source: A un año de la visita de Barack Obama CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/un-ano-de-la-visita-de-barack-obama/

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