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Los ojos del Che

‘Los ojos del Che’
ANTONIO JOSÉ PONTE | Madrid | 18 de Febrero de 2017 – 09:09 CET.

Hubo un hombre que trabajó a las órdenes de Ernesto “Che” Guevara y no
aparece en las biografías de este. No lo recuerdan los compañeros de
guerrilla de Guevara que sobreviven todavía, pero Marcos Gorbán ha
seguido su historia personal en un libro recién publicado. Pidió
conocerlo personalmente y oyó su versión de los hechos. Buscó en
archivos argentinos, buscó en la memoria de los sobrevivientes en La
Habana hasta reconstruir su historia.

Fernando Escobar Llanos fue su nombre de guerra. Losojo, lo llamaron
también, remedando la pronunciación de los guajiros cubanos, porque
Guevara le pidió que fuera sus ojos.

“Mira”, asegura que le dijo Guevara, “quiero que seas ‘el hombre
invisible’. Que nadie te conozca. Que nadie sepa quién sos. Que nadie te
pueda mencionar. Que te diluyas entre la gente y en los lugares a los
que te voy a pedir que vayas”.

Escobar Llanos, “Losojo”, tenía entre sus misiones tener listas casas
alquiladas que sirvieran de refugio a su jefe en las ciudades a las que
viajara, conocer los horarios de salida y llegada del transporte
público, trazar un plan para engañar a los servicios secretos de
cualquier país y detectar a todo posible delator.

Hablamos con Marcos Gorbán (Buenos Aires, 1968), periodista y productor
televisivo, acerca de su libro. Gorbán ha sido el productor responsable
de seis de las ediciones argentinas de “Gran Hermano” y cuatro de
“Operación Triunfo”, dirige una productora de televisión y es titular de
las catédras de Televisión y de Producción Audiovisual de la Universidad
de San Andrés. Los ojos del Che (Sudamericana, Buenos Aires-Miami, 2016)
es su tercer libro publicado.

¿Cómo dio usted con el que dice haber sido “el hombre invisible” de
Ernesto “Che” Guevara?

Su nombre real es Orlando. Pasó a llamarse Fernando Escobar Llanos
después de su primer visita a Cuba, en 1962. El primer capítulo del
libro cuenta como di con él. En verdad fue una cosa medio mágica.
Encontré la historia de “Losojo” en un libro de Alberto Nadra en el que
se contaban historias no conocidas de los comunistas argentinos. Dentro
de ese convenio de historias encontré que en un par de páginas hablaba
de este hombre que decía haber trabajado para el Che. Me llamó la atención.

No sé puntualmente por qué, pero me dio por llamar al autor y
preguntarle si era posible conversar con él. Quería que me contara
algunas anécdotas, más por curiosidad que otra cosa. Nadra me dijo que
le iba a consultar porque nadie sabía de él ni de su historia.

A los pocos días me llamó para decirme que era él el que me quería
conocer a mí y eso me desconcertó. Resultó que en los años 60, justo
cuando esta historia sucedía, él vivía a dos calles de la casa de mis
padres. Yo no había nacido aún, pero mi padre que era médico lo atendió
y se ganó su confianza y su agradecimiento. Cinco décadas después confió
en mí para contar por primera vez su historia.

¿Cómo comenzó la historia que reuniera a Escobar Llanos con Guevara?

Lo conoció cuando el Che viajó a Uruguay, en 1961. En ese momento una
delegación de comunistas argentinos cruzó el Río de la Plata para
entrevistarse en secreto con Guevara. El Che le ofreció a uno de ellos
que viaje a Cuba a trabajar con él. Como no podía, porque acababa de ser
padre, le recomendó a su hermano que era de máxima confianza. Bueno,
este hermano es quien después se convirtió en Fernando Escobar Llanos.

Escobar Llanos viajó a Cuba. Se entrenó ahí al mando del Che. Y después
volvió a la Argentina.

¿Qué edad tenía Escobar Llanos cuando se encontró por primera vez con
Guevara?

Eso fue en 1961… 23 o 24 años, según calculo.

¿Cuáles eran las obligaciones de él en sus misiones?

Tenía la misión de hacer un reconocimiento exhaustivo de las fronteras
de Sudamérica. Ver por dónde se podía cruzar de país en país sin ser
detectado por aduanas ni migraciones. Más tarde recibió misiones un poco
más complejas. En 1963 en Europa y África. Él viajaba antes que el Che.
Relevaba el lugar, posibles peligros, vías de escape alternativas, y ese
tipo de inteligencia. Nunca entró en combate, tampoco integró ninguna
guerrilla.

Escobar Llanos afirma que Guevara le dio instrucciones de relacionarse
en todos los países donde operara con los jesuitas. ¿Por qué los jesuitas?

Porque según él el Che le dijo que los jesuitas eran personas en las que
se podía confiar, que no iban a traicionar y que si necesitaba ser
cobijado recurriera entonces a ellos.

Escobar Llanos asegura haber viajado por Tanzania bajo cobertura de
colaborador de la UNESCO. Otros espías lo hacían también. ¿Por qué la
UNESCO?

Porque dice que en ese momento había mucha gente de la Cruz Roja y de la
UNESCO trabajando en la zona. La cobertura, la credencial falsa que él
pudo conseguir, fue de la UNESCO.

La búsqueda de pruebas de la existencia del nexo entre Escobar Llanos y
Guevara le hizo revisar archivos (algunos de ellos de instituciones
religiosas argentinas) en busca de una foto. Una foto que nunca
apareció. ¿Qué había en ella?

Era la única foto que existió en la que se veía juntos a Escobar Llanos
y al Che y fue tomada en Tanzania.

Su investigación para este libro lo llevó a Cuba, a entrevistarse con
los antiguos responsables de los campamentos de entrenamiento de
extranjeros y con los colaboradores de Guevara que siguen con vida. ¿A
quiénes conoció en La Habana?

Me entrevisté con Tony López, que no trabajó directamente con el Che
pero si en el Departamento América con [Manuel] Piñeiro. También con
Victor Dreke, que fue el segundo de Guevara en África. Con Juan
Carretero, hombre clave en el armado de la guerrilla en Bolivia y en
algunas de las operaciones internacionales. Por último también con
Salvador Pratt, que fue la persona que estuvo a cargo de la escuela de
entrenamiento en la que se entrenó Escobar Llanos junto a un grupo de 50
comunistas en 1963.

¿Cómo fue recibido por ellos? ¿Y qué recelos encontró al hacerles sus
preguntas?

Al principio estaban recelosos. Temían que se contara una historia falsa
o que se manipulara la existencia de este hombre para decir que el Che
estaba en contra de Fidel o que trabajaba a sus espaldas. Cuando les
conté que una noche le presentó a Fidel, entonces se relajaron. No
aceptan que el Che haya hecho las cosas por las suyas. Si hasta ellos
mismos, cubanos y hombres de Fidel, estuvieron ahí. Solo me pidieron que
cuente esa verdad y se abrieron a responderme todo lo que les pregunté.

Un amigo suyo, argentino, le hizo llegar a propósito de su viaje a Cuba
esta advertencia: “Nunca te olvides que es la dirigencia cubana la que
elige quiénes fueron o son sus héroes”. ¿Le fue útil esta advertencia?

Sí. Ese amigo fue miembro del Comité Central del Partido Comunista
Argentino y hablaba desde la experiencia de haber negociado o conversado
muchas veces con los cubanos. Se refería a que no viajara a Cuba a
imponerles un héroe o un hombre de confianza del Che que ellos no
conocieron, porque no lo iban a aceptar. Y en los hechos fue lo que
sucedió con la directora del Museo del Che. Como ella nunca había oído
de este hombre, no quiso escuchar mucho más.

Uno de sus interlocutores habaneros, Tony López, es citado en su libro
con estas palabras: “La inteligencia cubana nunca fue una inteligencia
ofensiva. Nosotros somos un país pequeño, no podemos pensar en atacar a
nadie ni tenemos deseos de hacerlo”. Lo repite en otro momento del
libro. Hasta donde pudo llegar en sus investigaciones, ¿usted
suscribiría esa afirmación de López?

No me puse a investigar la historia de la inteligencia cubana. Solo lo
que tuvo que ver con Fernando Escobar Llanos y su trabajo con el Che. Ni
siquiera profundicé en temas del Che en los que Escobar Llanos no tuvo
que ver. El protagonista de mi historia era él, y no tenía ni tiempo ni
recursos para abrir el tema. Ahora… el que saca el tema por segunda vez
no es Tony Lopez sino Juan Carretero. Y lo hace a propósito de que yo le
hablé de un libro de un periodista agentino, Juan Bautista Yofre, que se
llama Fue Cuba.

Yofre acusa a los cubanos de haber sido quienes fomentaron o apoyaron
los movimientos armados de la década del 70 en Sudamérica. Y Carretero
dice que sí, que eso fue exactamente así y que no es un secreto para
nadie, pero que para ellos fue una acción defensiva. Como dijo el Che,
la intención era abrirle nuevos frentes de batalla a EEUU para tratar de
debilitar el bloqueo al que estaban siendo sometidos.

¿Qué sacó en claro acerca de las relaciones entre Escobar Llanos y
Guevara después de su viaje a Cuba?

Que por más que no existan hoy pruebas documentales que lo demuestren,
para mí este hombre dice la verdad. Todos los testigos coinciden en que
sabe cosas que no pudo saber de no estar ahí. Todos los testigos
argentinos también lo ubican allí en tiempo y forma. Y al mismo tiempo
nadie, ni en Cuba ni en Argentina, lo desmintió ni encontró argumento
alguno que haga dudar de la veracidad de esta historia.

Su investigación para el libro le hizo examinar las diversas biografías
de Ernesto “Che” Guevara publicadas. ¿Cuál o cuáles de ellas podría
recomendar a quien esté interesado en el tema?

Que difícil… es que sobre el Che se ha escrito mucho. Para un lado y
para el otro. Creo que lo mejor sería leer lo que él mismo escribió. Y
después sacar cada uno su propias conclusiones.

Usted viene de una familia de padres militantes comunistas, fue también
militante comunista aunque desde el mismo inicio del libro advierte que
ya no lo es. Seguir la historia de Escobar Llanos le permitió comprender
su propia historia familiar. Su libro trata, en buena parte, de la vida
de clandestinidad comunista en Argentina. La revolución cubana debió ser
motivo de admiración y de deseo político para usted, su familia y sus
compañeros de militancia. ¿Cómo los afectó saber que esos mismos líderes
revolucionarios cubanos intercambiaban favores diplomáticos y votaciones
con el gobierno que presidía, después de un golpe de Estado, el general
Videla?

Nunca se supo eso, de hecho no tengo entendido que haya sido así. Los
que sí estuvieron más cerca —de alguna manera— con la dictadura militar
argentina fueron los soviéticos. Ahí sí hubo un acercamiento a través
del mercado exterior y el trigo que Argentina le vendía a la URSS. Pero
los cubanos no fueron precisamente amigos de Videla.

Es más, durante la dictadura de Videla secuestraron y asesinaron a dos
cubanos que trabajaban en la embajada en Argentina. Digo que los
asesinaron porque estuvieron desaparecidos hasta hace pocos años, que se
encontraron sus cuerpos. Varios argentinos que trabajaban para la
Embajada o la Oficina Comercial de Cuba en Argentina también fueron
secuestrados y algunos aún hoy siguen desaparecidos… Así que cuidado con
esa información porque no estoy seguro de que haya sido así.

¿Vive todavía Escobar Llanos? ¿Ha leído ya su libro?

Sí, tiene 80 años y lo leyó. Digamos que quedó conforme. No encontró en
ese libro nada que no supiera que iba a encontrar.

¿Han leído su libro los entrevistados cubanos? ¿Le ha llegado algún
comentario de parte de ellos?

Sí, les mandé un libro a varios de ellos. Solo me contestó uno, Tony
López, que es quien me abrió las puertas de los demás. Me dijo que
estaba muy bien y que había respetado mi palabra de no contar mentiras,
así como había respetado la imagen del Che Guevara como un
revolucionario amigo de Fidel.

Marcos Gorbán, Los ojos del Che. Fernando Escobar Llanos: el espía de
Guevara y sus operaciones en África, Europa y América Latina
(Sudamericana, Buenos Aires-Miami, 2016).

Source: ‘Los ojos del Che’ | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1487369660_29045.html

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