Transport in Cuba
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Cada vez más cerca del colapso

Cada vez más cerca del colapso
La situación en Cuba aún no se asemeja a la de los años 90, pero
comienza a dar indicios de un progresivo empeoramiento
Martes, febrero 28, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- “Los cubanos no son puntuales. Cuando te dicen ‘llego
a las ocho’, espéralos a las 10 o a las 12”, me dice una amiga francesa
que, en el poco tiempo que lleva en Cuba, se ha tenido que adaptar a
nuestro sentido del tiempo.

Le explico que, lejos que una marca de identidad, la impuntualidad que
pudiera caracterizar a la mayoría de los cubanos se ha visto reforzada
por las circunstancias.

A mi amiga le resulta muy difícil comprender que pasamos una buena parte
del día intentando “llegar a tiempo” pero que casi nunca lo conseguimos.
Esta realidad pudiera extenderse a casi todos los ámbitos de nuestra
vida pero me refiero en especial al drama de la transportación de
personas, un asunto peliagudo que tiende a eternizarse mientras no
exista una reconciliación entre lo estatal y lo privado.

En estos momentos, en Cuba, no hace falta esperar por la nota oficial
publicada en el periódico Granma para descubrir que sufrimos una de las
mayores crisis. La experiencia inmediata de quienes estamos obligados a
usar la red pública de transporte no es nada buena y aunque la situación
aún no se asemeja al desastre de los años 90, comienza a dar indicios de
un progresivo empeoramiento.

Conspiran varios factores para que ocurra un colapso en breve tiempo. El
primero de todos es el control extremo sobre el combustible debido al
déficit en los niveles de importación, medida de la cual se ha derivado
la política solapada de ir eliminando progresivamente los llamados
“almendrones” y de otros autos de alquiler, al ser identificados por el
gobierno como la causa principal del robo de combustible en las empresas
estatales.

En apenas unos meses se ha podido comprobar cuál ha sido el impacto
negativo de la guerra contra los transportistas privados. Una buena
parte se ha retirado definitivamente del negocio, pero otra ha pasado a
la “clandestinidad” cambiando al cliente nacional por el extranjero o
por el “cubano con dinero”, con lo cual se afectan en buena medida los
servicios de autos de alquiler para el turismo en el sector estatal, al
mismo tiempo que se han disparado las tarifas de precios para los
cubanos de a pie.

Conclusiones: no hay taxis para el ciudadano común que vive de un
salario. Se le ha dejado con muy pocas alternativas a pesar de cargar
sobre los hombros la responsabilidad en el fracaso o el éxito de la
empresa estatal socialista.

El gobierno, con su estrategia “anti-almendrones”, casi ha llegado a
desarticular un porciento considerable del mercado negro de combustibles
pero, a la vez, ha generado un caos al resentir un pilar esencial de
nuestra verdadera economía, lo subterráneo.

Sin embargo, quienes conocen cómo funciona la dinámica cubana, saben que
esto se trata solo de un impasse. Las nuevas medidas serán efectivas
solo ese tiempo que necesita el mercado negro para, cortada una cabeza,
hacer crecer un par más resistente, más sinuoso, en el mismo cuello
sangrante.

Han disminuido considerablemente esos “ladrones de combustible” llamados
almendrones, es cierto, pero ha crecido la carga que estos aliviaban al
transporte público que también se ha visto afectado por los recortes al
combustible y por el incremento de gastos en piezas de recambio. También
aumenta el fastidio entre quienes, en los talleres, almacenes y
depósitos de combustible estatales, se han visto perjudicados.

Transportar más significa invertir más y hacer trabajar más a quienes no
están felices con ganar únicamente un salario, y el gobierno, que se ha
propuesto eliminar la “competencia”, no está apto para lidiar con tal
pesadilla, puesto que se le acumulan e incrementan las deudas con Rusia
y China, los principales proveedores del parque automotor actual, y se
enfrenta a la pérdida de la fuerza de trabajo en el sector estatal.

En Cuba muy pocos trabajan y se esfuerzan más allá de lo que vale en la
práctica un salario estatal promedio.

Como la mayoría de las “soluciones” en la economía cubana, el plan de
recortes actual ha generado más dificultades que beneficios, más
paradojas e inconsistencias con respecto al mismo plan de desarrollo del
gobierno con vistas al futuro inmediato.

Los transportistas privados disfrazan el descontento y disimulan la
protesta elevando precios y/o cruzándose de brazos; los trabajadores
estatales también asumen posturas similares, con lo cual pudiera
afirmarse que en Cuba asistimos a una especie de huelga general no
declarada, aunque de cierto modo propiciada desde el mismo gobierno,
renuente a aceptar que, desafortunadamente, las estructuras económicas
subterráneas han sido un ingrediente indispensable en la “estabilidad
política” pregonada, tanto como el estricto control ideológico y político.

Por eso, para algunos augures, el socialismo cubano existirá tanto
tiempo como el mercado negro que ha ido generando. Cualquier medida para
reducirlo a su mínima expresión afectará todo el sistema que lo
sostiene, a no ser que este se transforme en otra cosa, mejor o peor.

El sistema, con sus medidas circunstanciales y experimentos, con su
burocracia, creó y alimentó durante décadas a ese mismo leviatán que
ahora pretende combatir. Es como el tonto que lanza espadazos contra su
propia sombra porque no se reconoce en ella.

Desde el aumento de las medidas de control al combustible, muchos
trabajadores de las gasolineras y puntos de abastecimiento
pertenecientes a CIMEX y a CUPET han decidido renunciar a sus puestos,
algo verdaderamente inaudito hace apenas unos meses. La moraleja es la
siguiente: solo me integro y apoyo al sistema si puedo vivir de él, no
por él.

Pero igual, en los casos de aquellos que quisieran apostar una vez más
por el slogan oficialista de producir más para ganar más, deberán
sortear innumerables paradojas, entre ellas la de querer y no poder.

Por ejemplo, a causa de la crisis del transporte, se registra un aumento
en las llegadas tardes a los centros de trabajo y se han afectado la
producción y los servicios. Algunas empresas se han visto obligadas a
asumir la transportación de sus trabajadores pero, al mismo tiempo, han
enfrentado la disyuntiva de ahorrar combustible de acuerdo con los
planes trazados desde los ministerios o garantizar la eficiencia
productiva. O una cosa o la otra, pero ambas son imposibles.

La crisis del transporte es solo una pequeñísima muestra de esa montaña
de contradicciones sobre la que se alzan los asuntos cubanos cuando, por
una parte, se desea llegar a tiempo al escenario mundial, es decir, una
actualización del modelo, y, por la otra, no se cuenta con una visión
objetiva y una voluntad general consensuada para hacerlo.

Source: Cada vez más cerca del colapso CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/cada-vez-mas-cerca-del-colapso/

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