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Cubanos se cuestionan cada vez más nivel de vida de dirigentes y sus familias

Cubanos se cuestionan cada vez más nivel de vida de dirigentes y sus
familias
mayo 19, 2016
Rolando Cartaya

El diario español “El Confidencial” señala cómo la clase gobernante
predica una moral y practica otra, mientras disfruta en secreto en sus
mansiones las prebendas del “1 por ciento más rico del socialismo cubano”.

El diario español El Confidencial esboza un paisaje periodístico de la
élite que describe como “el 1% más rico del socialismo cubano” que
?dice? integran los dirigentes del Gobierno y el Partido Comunista y sus
familiares, algunos profesionales, y más recientemente, “nuevos ricos,
aupados por sus negocios privados y los vínculos con compañías mixtas”.
El reportaje señala que el tema ha ido ganando notoriedad entre los
cubanos “a medida que se profundizan las desigualdades en el contexto
nacional”

Bajo el subtítulo “Las grandes familias del país y la ley del silencio”,
el autor, Ignacio Isla, toma como modelo de esta nueva clase a Antonio
Castro Soto del Valle, el hijo más mediático del exgobernante Fidel
Castro. Señala que ese detalle de ser hijo de su papá resulta en que “su
cuenta bancaria goza siempre de abultados saldos, que le permiten ir de
vacaciones a lugares tan caros como exóticos, inalcanzables o incluso
desconocidos para la mayoría de los cubanos”.

El reportaje recuerda como “Tony Castro ganó notoriedad a causa de un
viaje en yate a través del Mar Egeo, durante el cual se alojó en
“complejos hoteleros exclusivos de las islas

griegas y el litoral turco, acompañado por un séquito que habitualmente
ocupaba media docena de suites de cada instalación. En casi todas, el
coste por noche supera los 1.000 euros”.

Pese a que Castro Soto Del Valle fue identificado en el balneario turco
de Bodrum por fotógrafos de celebridades, lo que creó un escandaloso
incidente con sus guardaespaldas, el Gobierno cubano se abstuvo de
emitir comunicado alguno, ya que “ante sucesos que impliquen a miembros
de las principales familias del país, la norma no escrita prescribe que
ningún funcionario, institución o medio de prensa se dé por enterado”

Una metafórica alusión en una crónica que se le escapó a alguien en el
diario Tribuna de La Habana fue objeto de una igualmente “críptica
recriminación”.

Isla cita acerca de esta casta al cineasta Juan Padrón, el creador de
emblemáticos animados como las sagas de Elpidio Valdés y los Vampiros en
La Habana, quien los llama “los iluminados”: “Para él, son esos seres
investidos de toda la razón, que desde las más altas responsabilidades
del Estado y el aparato político tienen en sus manos las decisiones
trascendentales. Parecen ser inmunes al error y a las tentaciones que se
derivan del poder. El título se transmite a sus descendientes, que desde
su más corta edad disfrutan de una existencia singular y terminan
formando sus respectivas familias con personas de la misma clase social”.

Para un joven de unos 30 años que intentó convertirse en oficial de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo que caracteriza a esta casta es su
doble moral: “Para empezar, no son gente como tú o como yo. La mayoría
solo ha oído hablar del Periodo Especial por referencias, pero nunca
vivió con cuatro o cinco horas de electricidad al día ni tuvo que viajar
en camiones para transportar ganado debido a los problemas del
transporte”, dice “Israel”.

El Confidencial señala que la primera barrera impuesta por la élite para
defender su pedazo de país es de carácter territorial: La Habana de ‘los
más’ “solo comienza cuando se cruza el río Almendares y se transita
-siempre hacia el oeste- por la Quinta Avenida del reparto Miramar. Las
mansiones construidas por la burguesía antes de 1959 son hoy las
residencias de los ‘winners’ del socialismo cubano. Su mundo se extiende
por casi 15 kilómetros cuadrados, divididos en cuatro urbanizaciones
fundamentales: la ya mencionada Miramar (…) y las tres que acogen a lo
más selecto de la nomenklatura y sus colaboradores inmediatos, Atabey,
Siboney y Cubanacán. En un punto aledaño a las dos últimas está
Jaimanitas, una pequeña barriada cuyo único mérito remarcable es ser la
sede de Punto Cero, la casa de Fidel Castro”.

Agrega que “un breve recorrido por Cubanacán pone de manifiesto que allí
el dinero no es un visitante ocasional. Además de los propios inmuebles
y su estado de conservación, una muestra evidente es la abundancia de
coches de buenas marcas y años recientes (en Cuba, tener coche propio
sigue siendo un lujo impensable para la mayoría de las familias)”.

Y el lujo es aún mayor puertas adentro: Alexéi, un proveedor de frutas y
otros productos agrícolas que regularmente visita el reparto para
abastecer de alimentos orgánicos y de primera calidad a compradores de
su padre, dice: “Aquí no hay pobres, y las pocas casas que quedan más
‘malitas’ ya las están vendiendo o reparando. ¡Cuando te digo que en
algunos lugares me he topado hasta con ‘jacuzzis’ y parqueos para cuatro
o cinco coches!”.

El autor apunta que si bien en la calle, la gente lo asume desde la
jocosidad característica del cubano (ha sido objeto de alusiones en el
popular humorístico de TV “Vivir del cuento”), el tema está lejos de
quedar en el campo de lo intrascendente, e ilustra cómo se ha ido
convirtiendo en objeto de crítica o cuestionamiento entre los cubanos de
a pie.

Pone como ejemplo un artículo publicado en la web independiente Cuba
Posible y firmado por el profesor universitario Julio Antonio Fernández
Estrada. El catedrático establece un contraste entre el comportamiento
campechano, abierto y accesible del presidente estadounidense Barack
Obama cuando visitó la isla, y el empacho, la distancia y el secreto en
que transcurren las descansadas vidas de los dirigentes comunistas de la
isla y sus familiares:

?¿Por qué nuestro pueblo ha agradecido que el presidente norteño hable
como un asere? Porque así hablamos, incluso cuando sabemos quién es Walt
Whitman o Edgar Alan Poe. Y sobre todo porque nuestros políticos no
hablan como el pueblo sino como ellos mismos. ¿Por qué nuestro pueblo
agradeció que se rompiera el protocolo y que el presidente invitado
saludara al director de la banda de música en el Palacio de la
Revolución? Porque así somos, nos cayó bien “el caminado” de Obama, y
que viajara con su esposa, sus hijas y su suegra, y que mencionara a
Michelle cada dos palabras, y que jugara dominó o lo intentara, y que
dijese qué había comido en “la paladar”, y que se quisiera parecer a la
gente de aquí, un pueblo mestizo en toda su envergadura.

?Del mismo modo, el pueblo de Cuba quiere saber qué comen nuestros
políticos. Si alguna vez van a una “paladar”, queremos saber cuántos CUC
les quedan y qué gustos tienen. Igualmente, queremos saber si van a
comprar las frazadas de piso rebajadas hasta fin de mes, si tienen
suegras, si viajan con ellas o no se tratan, si extrañan a sus seres
queridos que se han ido del país porque no pudieron ser convencidos,
como nosotros, de las bondades del socialismo”.

Queremos saber a qué escuelas van sus hijos, si asisten a las reuniones
de padres y si ayudan a sus niños y niñas a hacer los trabajos de curso
y las tareas de Educación Laboral. Y si creen que nada de esto nos
importa o no nos debe importar porque es la vida privada de los
políticos, les digo que no estamos de acuerdo. Que nuestras vidas las
hemos empeñado a este proyecto de sociedad diferente y queremos estar
seguros de que nuestros dirigentes la viven como nosotros..

Source: Cubanos se cuestionan cada vez más nivel de vida de dirigentes y
sus familias –
www.martinoticias.com/a/cubanos-se-cuestionan-cada-vez-mas-nivel-de-vida-de-dirigentes-y-sus-familias/122393.html

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