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Dos repúblicas, dos tiempos

Dos repúblicas, dos tiempos
¿Por qué la república de 1902 iba en tren, y la actual va a pie?
jueves, agosto 13, 2015 | Rafael Alcides

LA HABANA, Cuba – Con la reanudación de relaciones diplomáticas entre
Cuba y Estados Unidos, es ahora un buen momento para detenerse a
comparar, con lo que tenemos en esta, lo que nos dejó aquella república
de 1902, fundada por Máximo Gómez y todos los de la histórica foto en el
Morro izando la bandera cubana en una mañana de clamores y tristezas.

Cuando cuatro años antes el ejército español recoge sus andariveles de
la guerra y se marcha, después de cuatrocientos años de coloniaje, deja
a la Isla alumbrándose con velas de cera, o con carburo, acetileno,
kerosén. La república, sin embargo, sin conjuros ni nada por el estilo,
sólo con los estímulos que suele obrar la libertad de empresa, logra
enseguida ver sus ciudades alumbradas con electricidad.

No obstante las guerritas que le saldrán al paso, seguirá adelante al
ritmo del progreso de su tiempo en todo el mundo. Conocerá la debacle
económica de las “vacas flacas”, y la mundial de los años ’29 y ’30,
pero se recuperará. Por cierto, que es en los años de “la quiebra del
29? cuando completa la construcción del Capitolio Nacional y de la
entonces monumental Carretera Central que une la Isla de extremo a extremo.

En lo económico, arrancó en cero. La tea libertadora había convertido en
cenizas ingenios y cañaverales. Pero en veinte años levantó la gran
riqueza que en el ’21 devastaría, más que la repentina caída de los
precios del azúcar, la Ley de Liquidación Bancaria sugerida por
Washington y aceptada por un presidente obediente.

No obstante haber conocido dos grandes, tortuosas dictaduras, y haber
nacido y vivido durante más de tres décadas luciendo la onerosa coyunda
que ya sabemos, cuando en el ’58 colapsa, había vuelto a ser dueña de la
mayor parte de los bienes nacionales en tierras, banca, industria
azucarera, comercio y otros renglones industriales importantes.

Siempre al ritmo de su tiempo, fue el segundo país en el continente en
introducir la televisión; en materia de prensa y técnicas de publicidad
se tuteaba con Estados Unidos, su música viajaba por el mundo a bandera
desplegada, destacaron sus pintores y sus grandes poetas y narradores de
hoy ya existían entonces.

Pareciera cosa de brujería, pero no menos del ochenta por cierto de las
viviendas y edificaciones que hoy vemos en el país, acueductos y
hospitales incluidos, fueron construidos en los cincuenta y seis años de
aquella zarandeada república.

Pudo ser tiempo, honradez administrativa y justicia social lo que le
faltó para realizarse. Tenía todavía pendiente el millón de analfabetos,
cuya desaparición en menos de un año se ha acreditado la nueva república
sin tener en cuenta que eso ha sido, sobre todo, la hazaña de un pueblo.
La nueva república puso la convocatoria entusiasta, el material escolar
y el transporte, pero el resto, es decir lo más importante, lo pusieron
los padres y madres que autorizaron a sus hijos a formar en aquel
ejército de cien mil niños de ambos sexos, de once años en adelante, que
hasta donde “el diablo dio voces y nadie lo oyó” iría a enseñar con
cartilla y farol; así como lo pusieron las humildes familias que
albergaron a aquellos niños mitológicos, a cambio de ser alfabetizadas.

La actual república ha añadido a la anterior su ingeniosa continuidad,
con parlamento y elecciones presidenciales, pero en ella durante casi
medio siglo el hombre al mando no cedió sino hasta hace poco, cuando por
razones de salud la dejó al cuidado de su hermano y ministro de las
Fuerzas Armadas.

La república sustituta ha graduado gratis a un millón de universitarios
que alquila o están en Miami; o que, por no tener trabajo, “bisnean” o
viven soñando llegar a México y pasar la frontera. También ha reducido
la mortandad infantil y se ocupa de sus enfermos sin cobrarles. Fuera de
esto, y de reprimir, ¿qué más ha hecho? Porque ya ni produce sus alimentos.

La de antes tenía desempleo y falta de viviendas, la de ahora también.
Es cierto que sobre esta pesa “el Bloqueo” que sabemos, pero durante
treinta años vivió a toda leche, amancebadita ahí con la Unión Soviética.

Y en treinta años, como demostró la primera república, se pueden hacer
muchas cosas. Y en menos. Europa misma, la Europa que ocuparan los
nazis, ya era Europa de nuevo, y Japón ya era Japón no obstante lo de
Hiroshima y Nagasaki, cuando en 1959 surgió la república del Comandante.
O sea, a catorce años de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Cuando en 1958 la República colapsó, tenía cincuenta y seis años de
edad. Igual número de años cumplirá en diciembre la que, para
sustituirla, crearan en 1959 los rebeldes.

Source: Dos repúblicas, dos tiempos | Cubanet –
https://www.cubanet.org/opiniones/dos-republicas-dos-tiempos/

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