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El puerto de La Habana al desnudo

El puerto de La Habana al desnudo
WALDO FERNÁNDEZ CUENCA | La Habana | 28 Jul 2015 – 9:06 am.

Al habla con algunos de los más de 500 estibadores del centenario puerto
capitalino.

Desde su anuncio hace ya varios años, la mirada de la prensa nacional e
internacional ha puesto sus ojos en uno de los proyectos económicos más
ambiciosos del raulismo: la llamada Zona Económica de Desarrollo
Especial del Mariel, un megapuerto que aspira a convertirse en uno de
los principales puntos de embarque del Caribe.

Apenas se menciona ya el viejo puerto de La Habana, que ha quedado para
recibir embarcaciones de poco calado donde se descargan cereales y
fertilizantes, entre otros tipos de productos. Sin embargo, poco se
conoce de las condiciones de trabajo de los más de 500 estibadores que
faenan en los distintos muelles del ya centenario puerto capitalino, el
cual ha visto pasar —desde hace varios lustros— sus mejores momentos.

Un estibador que lleva más de una década en el llamado Muelle 21
comenta: “Las condiciones en que trabajamos son malas. Para un trabajo
de tanto esfuerzo físico, solo nos dan una merienda que consiste en un
pan con jamonada de muy mala calidad y un refresco. Se supone que
debemos tener una alimentación reforzada, pero no es así. Meses atrás
daban pollo, ya ni eso.”

“Hace más de un año que no nos dan botas y solo recibimos un overol cada
seis meses”, agrega. “En la actualidad la inmensa mayoría de los
estibadores debe llegar por sus propios medios, ya que la administración
solo cuenta con una guagua para trabajadores, cuando hace poco más o
menos de un año existían siete. La explicación dada es que esos ómnibus
son usados para el turismo nacional o personal de las escuelas.”

Otro comenta que alrededor de un 90% de los estibadores están muy
inconformes con el salario devengado, el cual aseguran no se corresponde
con el trabajo realizado. “La jornada laboral en el puerto se divide en
tres turnos diarios y el pago es por vinculación, o sea según la
intensidad de sacos descargados diariamente. Pero muchas veces cuando ya
los sacos están en los almacenes o son llevados directamente a los
camiones el salario a pagar tasado por los tecnólogos no es aceptado por
los estibadores, los cuales piden una revisión y se paran las labores de
descarga.”

Eso sucede con mucha frecuencia, asegura. Se hace una revisión y la
subida del salario es mínima, entre unos 3 o 4 CUC del monto total
anterior. Por poner un ejemplo, varias brigadas de 16 hombres descargan
un barco de 5.000 toneladas y el cobro por obrero es de apenas 10 CUC.
Para colmo, el pago casi siempre se realiza 15 o 20 días después de
terminado ese trabajo.

“El sindicato no juega ningún papel en el puerto, mucha habladera
bonita, pero no resuelve nada”, señala este estibador.

En muchas ocasiones los estibadores incumplen la norma de trabajo por
causas ajenas a su voluntad, debido a la insuficiencia de camiones
(existe un aproximado de solo 20 camiones de carga, en su mayoría viejos
Kamaz soviéticos) pero aun así se ven imposibilitados de devengar un
mayor salario si la estadía del barco se prolonga en el puerto por falta
de camiones.

“Como la estadía hay que pagarla, ese dinero”, comenta, “sale de
descontarle un por ciento al trabajador, aunque nosotros en ningún caso
tenemos la culpa de la demora. Eso es culpa de la administración del
puerto y transporte”.

En comparación con los salarios de los estibadores de otros países de la
región, los cubanos tienen uno de los salarios más bajos de America
Latina. Ganan como promedio unos 30 o 40 dólares mensuales, mientras los
panameños cobran 9 dólares la hora (más de 1.000 dólares mensuales) o
los estadounidenses, quienes devengan 36 dólares la hora.

Otro estibador que no quiso dar su nombre por temor a perder el trabajo
afirma que en muchas ocasiones descargan sacos con productos químicos
como urea, fosfato, nitrato y muriato, y sin embargo no reciben ninguna
capacitación ni orientación para manipular estos productos.

“No hay indicación de ningún tipo que te alerte sobre estos productos.
Solo se nos da un par de guantes y una boquilla y ¡a trabajar!”,
denuncia. “Tampoco se nos paga peligrosidad por manipular estos
productos. Y está demostrado que la exposición cercana y constante a
estos productos es perjudicial para la salud. En mi caso personal cuando
vuelva un barco con estos productos no pienso trabajarlo.”

Aun cuando existe personal médico, no hay ninguna ambulancia en el
puerto dispuesta a socorrer a un trabajador ante algún accidente.

Preguntado qué pasaría en el puerto habanero si de repente terminara el
embargo y todos los barcos estadounidenses pudieran atracar en la Isla,
otro de ellos contesta: “El puerto no puede asumir un desfile de barcos
americanos, este muelle el González Line, solo tiene capacidad para tres
atraques simultáneos y el otro muelle, Haiphong, su máxima capacidad es
de cinco barcos a la vez. A esto hay que sumarle el déficit de camiones
y de grúas. En estos momentos de las 10 grúas del puerto solo funcionan
dos y se usan exclusivamente para los cargamentos que vienen con soya”.

En sentido general, los estibadores se quejan también de la falta de
higiene del puerto, la suciedad de los baños, la deficiente iluminación
de los almacenes y el polvo como dueño y señor de muchos locales.

Hay mucha decepción e inconformidad entre los estibadores, son los que
más trabajan y los que menos ganan. La inmensa mayoría de ellos son de
raza negra y de un origen muy humilde.

“El jefe lo único que hace es mandar y nunca suda”, concluye uno de los
estibadores. “Siempre lo vemos en moto y con buena ropa. Jamás se reúne
con nosotros para saber de nuestras necesidades como trabajadores. Todo
es un descaro.”

Source: El puerto de La Habana al desnudo | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1437786654_15930.html

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