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Criminales dentro de la policía

Criminales dentro de la policía
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 29 Ene 2015 – 7:29 am

Quienes detuvieron e interrogaron a Oscar Casanella aflojaron
secretamente una goma del auto en que lo dejaron marcharse: otro caso de
represión en torno a la performance de Tania Bruguera.

El pasado 30 de diciembre de 2014 fue el día que escogió la artista
Tania Bruguera para realizar la performance El susurro de Tatlin en la
Plaza de la Revolución. Las acciones desplegadas por los órganos
represivos cubanos para impedir la realización del evento artístico
incluyeron la detención de Tania Bruguera y de muchas personas que
asistieron a la plaza para participar de la obra. Los acontecimientos
que acompañaron la represión fueron diversos. Algunos de ellos han sido
públicos en tanto otros han permanecido ignorados.

Oscar Casanella es investigador del Departamento de Investigaciones
Preclínicas del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR)
del Ministerio de Salud Pública. Oscar es bioquímico de profesión y
profesor adjunto de la Facultad de Biología, donde imparte la asignatura
de Inmunología en las carreras de Biología y Bioquímica. Además es
especialista en Bioinformática de la Universidad de Lausana, Suiza.

Pero también Oscar Casanella defiende sin miramientos los derechos de
los cubanos y el pasado 30 de diciembre tenía la intención de participar
en la obra de Tania Bruguera. Desde días antes había enviado mensajes
de texto, con su celular, convocando a sus amigos para la Plaza. Estos
mensajes nunca llegaron a su destino.

En la mañana del 30 de diciembre se encontraba en su centro de trabajo,
junto a su esposa Eleanne Triff y su primo Walter Saint-Blancard. Allí
supo que lo buscaban dos oficiales de esas instituciones militares
cubanas que, a fuerza de violar la ley, se han convertido en
paramilitares. Oscar Casanella se opuso a hablar con ellos de otro tema
que no fuera su objeto de trabajo, patologías oncológicas y bioinformática.

Los oficiales improvisaron entonces una entrevista entre Oscar y su
jefe en el centro de investigaciones Lorenzo Anasagasti, en la
actualidad unos de los subdirectores del INOR. Hicieron salir de sus
oficinas al resto de los directivos de esta importante institución
científica para convertirlas en espacio de retención. En la oficina del
director Luis Curbelo Alfonso sentaron a Eleanne Triff y a Walter
Saint-Blancard, y a Oscar Casanella lo llevaron al salón de reuniones de
la dirección.

La entrevista anunciada no se produjo, aun cuando Oscar Casanella pudo
escuchar, sin precisar los detalles de la conversación, el encuentro
entre Lorenzo Anasagasti y los paramilitares encargados de su arresto.

Los oficiales decidieron entonces trasladar a Oscar Casanella y su mujer
en patrullas policiales a la estación de policía de Guanabo, en las
afueras de la ciudad. Walter Saint-Blancard, el primo de Oscar
Casanella, siguió todo el tiempo a las patrullas en un Lada de su
propiedad. Iba acompañado durante el trayecto no por un policía, sino
por uno de los paramilitares encargados de aquella operación.

No es seguro que aquellos oficiales supieran desde el principio el lugar
al que se dirigían, pues se detuvieron en Tarará, la antigua Ciudad de
los Pioneros, por unos 40 minutos, y allí parecían esperar orientaciones.

Ya en la unidad, Oscar Casanella fue sometido a un largo interrogatorio
que pasó ampliamente de las tres de la tarde, hora a la que Tania
Bruguera había convocado para su performance.

La narración de las preguntas y argumentos manejados por los oficiales
carece de especial interés, pues son los argumentos usados contra los
opositores continuamente. Todos los opositores somos mercenarios, el
acercamiento a Estados Unidos no quiere decir que no sigan siendo el
enemigo, sino que es mejor tenerlos cerca para conocerlos, y un largo
etcétera que lo que buscaba era quemar el tiempo. No faltaron sin
embargo amenazas manifiestas.

Además de científico, profesor y defensor de nuestros derechos
ciudadanos, Oscar Casanella es cuentapropista, lo máximo a que puede
aspirar un cubano con intenciones empresariales. Participa de It’s Cuba,
una iniciativa privada de varios socios que se dedica al transporte de
turistas. Los oficiales no mostraron mucho reparo en intimidarle. Le
ofrecieron apoyo en su empresa si se aleja de la oposición, pero también
le amenazaron con boicotear el negocio.

Al largo interrogatorio se fueron sumando otros paramilitares. Cuenta
Oscar Casanella que el último fue un hombre con apariencia de psicólogo
escondido detrás de un bigote que no le habría dejado ver la quijada de
no haber sido por su rostro alargado, y que se presentó como Mario. Con
él concluyó el interrogatorio de aquel día.

Mario es campechano y afable, admirador del presidente de la Asociación
Jurídica Cubana Wilfredo Vallín, con quien Oscar Casanella ha organizado
importantes cursos sobre Derecho, y confeso amigo de Manuel Cuesta
Morúa, defensor de los derechos humanos en la Isla. Mario no se mide
para recomendarle, ya a la altura de las nueve de la noche, que priorice
la investigación en el Instituto.

Finalizado el interrogatorio, a Oscar Casanella le devuelven sus
pertenencias y son liberados él, su novia y su primo. Nunca les dejaron
llamar por teléfono a la familia, haciendo que lo que podría ser una
detención momentánea se convirtiera en otro de los secuestros
registrados aquel día.

Era en el carro de Walter Saint-Blancard que volverían. Mientras se
preparaban para salir, Mario, el campechano bigotudo, consejero y
aficionado de Wilfredo Vallín y Manuel Cuesta Morúa, se acercó al carro
y les pidió que tuvieran cuidado. La fecha, 30 de diciembre, es ya
peligrosa para conducir y solo le faltó añadir que era un consejo de
padre. Luego, cuenta Oscar Casanella, se montó en un Lada rojo y partió.
La matrícula del Lada era amarilla, el color que definía la pertenencia
del vehículo a un particular antes de la actual emisión y que el 1 de
enero del 2015, dos días después de aquel encuentro, dejaron de tener
circulación legal.

Durante el trayecto de regreso Oscar Casanellas, su esposa y su primo,
sintieron todo el tiempo un ruido extraño en el vehículo, pero agotados
por el largo interrogatorio y ansiosos por llegar a la casa, no pararon
para revisar lo que motivaba aquel sonido. Luego supieron que los
tornillos de la goma derecha trasera habían sido aflojados, con la sola
excepción del de seguridad. La pérdida de una goma en pleno movimiento
pudo ocasionar un grave accidente, sin duda peligroso para las vidas de
los que iban en el vehículo, pero también de cualquier otra persona a la
que el carro pudiera atropellar si salía de su recorrido.

Semejante atentado es un signo preocupante para los tres detenidos de
ese día. Quedaría por saber si los oficiales no vinculados al bigotudo
Mario tenían consciencia de esta acción. Los militares de nuestro país
deben conocer que, amparados por su sombra, verdaderas pandillas de
criminales actúan y el asesinato no es un límite que no crucen.

Un Lada rojo, como el del campechano Mario según la descripción de Oscar
Casanella, era el vehículo que siguió a Oswaldo Payá en lo que fue su
último viaje. Tal ha sido la declaración de Ángel Carromero, el que
conducía el carro donde el líder disidente cubano y Harold Cepero
murieron en julio del 2012.

Source: Criminales dentro de la policía | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1422487259_12586.html

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