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Es el final de ‘los almendrones’ de La Habana?

¿Es el final de ‘los almendrones’ de La Habana?
AGENCE FRANCE PRESSE
12/20/2014 7:54 PM 12/20/2014 7:55 PM

LA HABANA
Ingredientes inmutables del paisaje urbano de Cuba, donde sus rugidos
nunca dejan de resonar, los rutilantes automóviles estadounidenses de
los años 50 podrían vivir sus últimas horas con la reconciliación
anunciada entre Cuba y Estados Unidos.

Esplendorosos Pontiac, Plymouth, Dodge y Chevrolet son hoy el placer de
los turistas y son alquilados para matrimonios y fiestas de
quinceañeras, muy tradicionales en Cuba y otros países de América Latina.

Otros mal conservados, a veces precariamente parchados o incluso
desvencijados, son utilizados como taxis individuales o colectivos, o
simplemente como medio de transporte familiar. Cuba tiene hoy unos
70,000 “almendrones”, apodo irónico que le dan los cubanos por su forma
abombada.

La toma del poder por los “Barbudos” (comunistas), la Guerra Fría, el
colapso del comunismo, el “periodo especial” y las penurias: estos
vehículos han atravesado épocas y deben su sobrevivencia a la habilidad
de los mecánicos locales, pero también al embargo estadounidense y a la
política de las autoridades de dilatar la renovación del parque
automotor cubano.

La compraventa de vehículos, autorizada solamente hace tres años, está
por ahora reservada a los cubanos, pero un levantamiento del embargo a
Cuba -vigente desde 1962- podría despertar la codicia de coleccionistas
del mundo entero.

Son muchos los que quisieran apropiarse de estos autos que tienen
vestigios de una época casi mítica, cuando Cuba oscilaba entre la
perversidad de célebres mafiosos como Lucky Luciano y el glamour de
Josephine Baker o Nat King Cole.

“Tendría que ser muy buen dinero para que venda mi auto”, declara a la
AFP Aramis Carmona, de 40 años, mientras acecha turistas junto a su
Chevrolet 1953 blanco y rojo, con las llantas y parachoques cromados.

“Me da comida a mí y a la familia, cuando tengo poco dinero y tengo que
elegir entre aceite para comer y el aceite del carro, compro el aceite
de motor porque sé que nos va a dar comida al final”, explica este
mecánico aficionado que rejuveneció la “chatarra” que compró hace 10
años por $7,000.

Al triunfo de la Revolución, los barbudos pusieron sus manos sobre el
esplendoroso parque automotor. Fidel Castro puso sus ojos en un
Oldsmobile en el que llevaba fusiles detrás del asiento. Ernesto “Che”
Guevara circulaba, con un habano en la boca, al volante de un Studebaker.

Eso antes de que el régimen optara por cambiar estos productos del
capitalismo por vehículos más “revolucionarios”, como el famoso
todoterreno ruso GAZ-69 adoptado por el “Comandante”.

En las décadas de 1960 y 1970, los Peugeot 404 fabricados en Argentina,
luego los Skoda checos o los Lada soviéticos también intentaron
coronarse como reyes, pero sin éxito, mientras que los modelos
estadounidenses pasaban de mano en mano por herencia o las vicisitudes
de la Revolución.

En el curso de las décadas de 1990 y 2000, los Peugeot y los autos
chinos ocuparon las rutas cubanas, pero los viejos estadounidenses se
mantuvieron omnipresentes.

Por supuesto, los “almendrones” no tienen muchas piezas originales bajo
el capot. Mecánicos ingeniosos los remiendan, reciclan piezas y motores
de Lada soviéticos o de vehículos más recientes, permitiendo a estos
monstruos del pasado resucitar varias veces.

Por ejemplo, Carmona explica haber cambiado hace cuatro años el motor
original de su Chevrolet por uno a diésel BMW mucho menos consumidor que
el antiguo, que rendía apenas seis kilómetros por litro.

Impresionado por la belleza y el estado de conservación de estos bólidos
en una reciente visita a Cuba, el famoso arquitecto británico Norman
Foster decidió consagrarles un libro, “Habana autos y arquitectura”,
estableciendo una relación estrecha entre la historia de la isla y estos
modelos.

Como ese Buick Super Dynaflow, comprado en 1951 por Rubén Hernández,
hijo de un pobre inmigrante canario devenido en “mambí” (combatiente
antiespañol durante la guerra de independencia), luego en gobernador y
gran terrateniente.

En 1959, la Revolución de los “Barbudos” confiscó los bienes de la
familia, que consiguió conservar el vehículo. Esta pieza de colección
ahora es la única riqueza de su hijo menor William Hernández, que lo
heredó en 1989.

Desde entonces, lo exhibe cada día al lado de otros bólidos de la época
en las plazas frecuentadas por los turistas en La Habana. Por el
equivalente a $25 la hora, los que pueden dan un viaje en el tiempo… y
fantasean durante el paseo en una época que pronto será pasado.

Source: ¿Es el final de ‘los almendrones’ de La Habana? | El Nuevo
Herald –
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article4745523.html

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