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A quién culpar de los precios del agro?

¿A quién culpar de los precios del agro?
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 10 Dic 2014 – 7:32 am.

Después de un año de experimentos económicos, los precios de los
alimentos no bajan y se percibe desconcierto en las filas gubernamentales.

El decreto 318, en vigor desde noviembre de 2013, se emitió para probar
nuevas formas de comercialización de los productos agropecuarios en las
provincias de La Habana, Mayabeque y Artemisa. Su esencia consiste en
tratar de disminuir los intermediarios entre productores y consumidores,
y así coadyuvar a la disminución de los precios de esos renglones.

Sin embargo, al no sobrevenir la pretendida rebaja de los precios
después de un año de la aplicación del experimento, se percibe cierta
dosis de desconcierto en las filas gubernamentales. Es como si de ello
dependiera el futuro de los cambios implementados por el gobernante Raúl
Castro. En ese contexto la prensa oficialista ha venido publicando
algunos reportajes en los que productores y comercializadores se culpan
los unos a los otros por los altos precios que se observan en las
placitas y mercados.

Aquellos que responsabilizan a los productores afirman que estos están
aplicando márgenes excesivos de ganancia sobre los costos de producción.
Pero los hombres que trabajan la tierra cuentan con sólidos argumentos
para demostrar que no es la ganancia, sino sus costos los que les
impiden reducir los precios de venta. Por ejemplo, hoy resultan más
caros los abastecimientos productivos —entre ellos la maquinaria
agrícola, los abonos y los fertilizantes— que las empresas agropecuarias
estatales les suministran a los productores. Además, en el caso de las
cooperativas u otros productores que contratan fuerza de trabajo, son
mayores sus gastos por concepto de salario, pues ya nadie trabaja la
tierra por menos de 100 pesos la jornada. Una cifra que, de laborar un
obrero 24 días al mes, arrojaría un importe de 2.400 pesos, es decir,
seis veces más que el salario promedio de un trabajador estatal.

Del lado opuesto se ubican los que critican a los intermediarios —que es
como se conoce a la mayoría de los comercializadores—, acusados de
encarecer demasiado los productos por sobre los precios de venta de los
productores. Incluso, no faltan voces que claman por que las
cooperativas acudan a los mercados mayoristas como El Trigal y realicen
también la labor de comercialización, para sacar de allí a los “malvados
intermediarios”.

Quienes piensan de esa manera obvian que los intermediarios son
trabajadores por cuenta propia reconocidos por las leyes, amparados por
las categorías de “vendedor mayorista o minorista de productos
agropecuarios”. Y si las autoridades se vieron forzadas a reconocerlos
fue porque la realidad demostró que ellos, contra viento y marea,
conseguían los medios de transporte, el combustible y los envases, y
hacían llegar los productos a los consumidores. Comportamiento muy
distinto al del ineficiente sistema de acopio estatal, responsable de
que se echaran a perder infinidad de productos al no ir a recogerlos.

Así las cosas, visitamos el mercado agropecuario de Tulipán y Panorama,
en el barrio habanero de Nuevo Vedado. Este establecimiento, que antaño
funcionaba mediante el sistema de oferta-demanda, reabrió sus puertas
hace poco arrendado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS)
Antero Regalado. Comoquiera que en este mercado no existen
intermediarios —los propios cooperativistas ofertan los productos—, era
de esperar que los precios fueran asequibles a la población. Y aunque
resultan algo más bajos que los observados en otras formas de
comercialización, todavía esos precios son elevados para el ciudadano
promedio, tal y como comentaban algunas de las personas que efectuaban
sus compras.

Pero no fueron los precios, precisamente, lo que más llamó nuestra
atención. Resalta, en primer término, la involución sufrida por este
mercado en lo referido a la variedad y calidad de los productos. No
había malanga ni plátanos, mientras que las tarimas ocupadas exhibían
tomates, boniatos y piñas, entre otros productos, de pésima calidad. Al
parecer, no se equivocaron los que pronosticaron semejante declive con
el paso a esta “más socialista” forma de gestión.

Mas, sea de una u otra forma, lo cierto es que aún la producción no
satisface la demanda nacional de productos agropecuarios, no obstante
las últimas estadísticas oficiales que muestran crecimientos productivos
con respecto a años anteriores. A las necesidades de la población, el
consumo social y el turismo, se agregan nuevos destinatarios como los
locales gastronómicos arrendados, y las paladares y cafeterías de los
cuentapropistas. Mientras esa situación se mantenga, es poco probable
que apreciemos une reducción de precios en el sector.

Entretanto, el desasosiego oficialista lleva a algunos de sus
partidarios a reclamar la adopción de medidas extremas —y en algunos
casos probadamente ineficaces—, como la ya mencionada eliminación de los
intermediarios, o la fijación de precios topados por el Estado. Ojalá se
imponga la cordura, y semejantes reclamos no pasen de ser una
alucinación en mentes trasnochadas.

Source: ¿A quién culpar de los precios del agro? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1418069973_11697.html

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