Transport in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Calendario
June 2014
M T W T F S S
« May   Jul »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  
Categorías
Archivos

Pasito alante, varón!

¡Pasito alante, varón!
FERNANDO DÁMASO | La Habana | 22 Jun 2014 – 8:21 pm. | 24

Un retrato al detalle de lo que eran las rutas de ómnibus de La Habana
en los años 50, cuando la capital era la capital.

En la época republicana, concretamente en la década del 50, las
diferentes Rutas de la Cooperativa de Ómnibus Aliados (COA) tenían sus
características propias, determinadas principalmente por la composición
social existente en sus puntos de partida (los denominados paraderos), y
en sus recorridos de ida y vuelta.

Así, la Ruta 4, que partía del Paradero de Mantilla y hacía su recorrido
por la Calzada de Jesús del Monte, Cristina, Cuatro Caminos, Belascoaín,
Reina, bajaba por Obispo hasta la Plaza de Armas, y regresaba por
O’Relly, Neptuno, Galiano, a tomar nuevamente Reina y retornar, por el
mismo recorrido anterior, a Mantilla, era una Ruta extensa y
dicharachera de obreros, empleados y estudiantes de ambos sexos, que
conversaban en voz más alta que la media y que reían algo
estruendosamente, compartían anécdotas con choferes y conductores (el
que cobraba el pasaje), donde muchos se conocían hasta por sus apodos,
por el contacto diario en los viajes y hasta por ser vecinos. Esto le
daba a la Ruta 4 un cierto carácter provinciano, que hacía agradable los
recorridos, con sus vendedores y “artistas cubanos” que, con la
complacencia de la tripulación, abordaban los ómnibus, ofertando sus
productos o “pasando el cepillo”, después de una canción o de una
interpretación a guitarra o con claves, para obtener algunas monedas.

La Ruta 1, que salía de Poey, la 2, que lo hacía desde Párraga, la 8,
10, 11 y 12, que lo hacían desde el Diezmero y Jacomino, y la 9, que lo
hacía desde Buenavista, eran también Rutas “proletarizadas”, al igual
que la 23, 24 y 25, que partían de Lawton.

Algunas, como la 2, la 10 y la 23 se “lustraban” al pasar por El Vedado.
Las Rutas 3 y 5, que partían de Guanabacoa, y la 6, que lo hacía desde
Regla, eran “extraterritoriales”, y trasladaban preferentemente obreros
y empleados de ambos sexos que trabajaban en La Habana o en las
refinerías de petróleo e industrias instaladas en estos lugares.

El recorrido de la primera era hacia las calzadas de Monte y de
Belascoaín, parecido al de la tercera, que transitaba también por la Vía
Blanca. El de la segunda, después de la calzada vieja de Guanabacoa, Vía
Blanca, la Virgen del Camino, las calzadas de Luyanó, Jesús del Monte e
Infanta, llegaba hasta cerca de la Plaza Cívica. Unas y otras mezclaban
guanabacoenses y reglanos con habaneros, diferentes por sus
idiosincrasias: unos por saberse en casa ajena y otros por sentirse en
casa propia.

La Ruta 57, que salía del Paradero de Miramar y recorría El Vedado, y
por la calle 21 salía a la calle O, bajaba a 23, subía Infanta hasta San
Rafael y, por ella, hasta LaHabana Vieja, regresando por Neptuno y
siguiendo después el mismo recorrido a la inversa, aunque ahora por 23,
L (que era de doble vía) y la calle 19, era la Ruta de las “damas
elegantes y de los caballeros” que, bien vestidos y perfumados,
recorrían El Vedado para hacer negocios o visitar amistades, o iban
hacia la zona comercial de Galiano y calles aledañas, o hacia la
financiera de las calles O’Relly y Obispo.

Sus choferes y conductores, amables siempre, detenían firmemente los
ómnibus en las paradas y saludaban por sus apellidos a muchos de los
pasajeros, conocidos de tanto trasladarlos día a día. Marchaban despacio
y nunca estaban apurados: parecían disfrutar de los recorridos. La 57
era una Ruta tranquila que hacía caso omiso del correr del tiempo.

Las Rutas 26 y 27, las únicas que utilizaban ómnibus General Motors
fabricados en México, y que salían del Zoológico de La Habana,
representaban la “nueva clase” de pequeños y medianos propietarios y de
artistas de la radio y la televisión, que se asentaban en el Nuevo Vedado.

La Ruta 20, que salía de La Ceiba y recorría El Vedado, se parecía
bastante a la 57 por su tranquilidad, al igual que la 30, que iba del
reparto La Sierra por Miramarhasta el centro comercial de la ciudad, y
la 32, que transitaba por la 5ta. Avenida.

Las Rutas 22 y 28 partían de La Lisa y, después de un largo recorrido
que las llevaba hasta el Parque Central, regresaban por 23 y la avenida
4l hasta su paradero. Trasladaban, en la ida, a trabajadores hacia el
centro de la ciudad y, en el regreso, a militares hacia el campamento de
Columbia, estudiantes hacia los centros situados alrededor del obelisco
y enfermos hacia sus numerosos hospitales: Liga contra la Ceguera,
Maternidad Obrera, Hospital Militar, etcétera.

La Ruta 43, que salía de Arimao, venía por la avenida 51, Ayestarán,
Infanta y San Rafael hasta el centro de LaHabana, regresando en sentido
inverso por Neptuno.

Las Rutas 14 y 15, una de Santos Suárez y la otra de El Sevillano,
transportaban “clase media” y estudiantes hacia los muchos colegios
privados e institutos.

La Ruta 7 salía de El Cotorro, era extraterritorial, y sus pasajeros no
formaban parte de La Habana, sino de sus cercanías.

La 62 era una Ruta playera. Partía de Guanabo y regresaba después de
pasar por la Virgen del Camino. Bullanguera y festiva cuando iba hacia
las playas del este de la ciudad, era callada y cansada cuando regresaba
de ellas, con su carga de bañistas agotados y quemados por el sol.

La 69 y la 79 iban hacia las playas del oeste, las denominadas playas de
Marianao: la primera salía de La Víboray por Santa Catalina, Boyeros,
26, 23, 4l, 42 y 5ta. Avenida llegaba hasta las playas; la segunda salía
de Lawton por Dolores, Lacret, Vía Blanca, 26 e igual recorrido también
hasta las playas.

La 38, que salía del Paradero de La Víbora, iba hasta Batabanó y la 44
hasta Aguacate, pueblos cercanos a la ciudad. Las Rutas 16, 17 y 18
partían del Paradero de Palatino.

La 76 iba hasta Santiago de las Vegas y le decían “la guagua de Mazorra”.

La 13 salía de Los Pinos y la 35 iba hasta Pinar del Río.

Las transferencias

Existían lugares donde convergían y se cruzaban varias Rutas de ómnibus,
realizándose el cambio de pasajeros entre unos y otros mediante las
“transferencias”. Este trasiego constituía el acicate para la
instalación y desarrollo de diversos tipos de comercios: bodegones,
cafeterías, panaderías, dulcerías, expendios de café, venta de
periódicos y revistas, sillones de limpiabotas…

Algunos de los más concurridos fueron los Cuatro Caminos, en la
intersección de las calzadas de Belascoaín, Monte, Cerro y Cristina; la
Esquina de Toyo, en el nacimiento de la calzada de Luyanó como un ramal
de la de Jesús del Monte; Reina y Galiano; Infanta y Carlos III; L y 23;
12 y 23; La Virgen del Camino, nudo de las calzadas de Luyanó,
Guanabacoa y Regla, San Miguel del Padrón; Güines y la Vía Blanca.

“¡Dale que ya montó!”, “¡Pasito alante, varón!” y otras eran frases
diariamente repetidas cientos de veces en nuestras populares “guaguas”.

Se recuerdan las convenientes “transferencias” y el “comprobante de
pago”, que también servía para el transbordo cuando había roturas que
impedían continuar viaje en el mismo vehículo. Era un sistema de
transporte bien organizado, eficiente, con “frecuencias” entre ómnibus
de una misma Ruta de tres a cinco minutos en los horarios pico y no más
de siete en los normales; un sistema higiénico y técnicamente apto,
donde se cumplían los horarios de los recorridos y los ómnibus se
detenían en todas las esquinas para recoger y dejar pasajeros.

Con los nuevos ómnibus General Motors, pintados de verde y crema, se
perdió el asiento del “copiloto” de las viejas guaguas de madera y
metal, pintadas de naranja y rojo, con su “cadenita” que separaba al que
lo ocupaba del resto de los pasajeros y lo hacía sentir diferente. En
éstos, cruzar los puentes costaba dos centavos, como fondo para el
seguro por accidente, al igual que las “transferencias”, y los asientos
estaban tapizados en cuero marrón. La señal de parada se transmitía al
chofer haciendo sonar una campanilla tirando de un cable, que se
extendía por el techo a todo lo largo del vehículo. El pasaje costaba
cinco centavos.

En los nuevos, la “transferencia” estaba incluida en los siete centavos
del pasaje, al igual que el seguro al cruzar los puentes. Aquí la señal
se transmitía por un zumbido electrónico, tirando igualmente de un
cable, y los asientos estaban tapizados en vinilo verde oscuro,
existiendo algunos colocados de lado, tanto en la parte delantera como
posterior del ómnibus.

Nadie mal vestido o sucio subía a un ómnibus, por un problema de respeto
a sí mismo. Todavía eran frecuentes los trajes, los sacos deportivos,
las corbatas y las guayaberas. Había hasta quienes vestían de “dril
cien” y utilizaban este transporte. Las mujeres llevaban carteras,
medias y tacones. Por ahí están las viejas fotos de nuestros elegantes
hombres y mujeres caminando, de tiendas, por Galiano, San Rafael o
Neptuno. Y también, en los últimos años 50, por La Rampa, en El Vedado.

Los choferes y conductores iban de completo uniforme, con gorra y
corbata negra, aseados y pulcros, con toallitas para limpiar el timón, y
el reloj de bolsillo con cadena, para controlar el horario de su
recorrido: ni minuto antes ni minuto después, exacto en cada punto de
control ante el inspector. Los conductores llevaban sus monederos
mecánicos o de cuero colgados a la cintura, para agilizar el cobro de
los pasajes y los vueltos. Todavía no se había descubierto que el cáncer
podía proceder del fumar y muchos lo hacían. Existían anuncios de
cigarrillos dentro y fuera de los ómnibus, y las cajetillas de entonces
no traían advertencias sanitarias.

Cada nueva urbanización disponía inmediatamente de su Ruta de ómnibus,
unas veces extendiendo el recorrido de alguna ya existente y, en otros
casos, creando una nueva.

Como una gran tela de araña, las Rutas de ómnibus cubrían totalmente la
ciudad, facilitando el traslado hacia cualquier lugar con rapidez,
comodidad y a bajo precio, algo que, desgraciadamente, no sucede desde
hace muchos años.

Hoy se echa de menos el buen sistema “capitalista” de transporte público
y se reniega del pésimo sistema “socialista”, decenas de veces
“reorganizado”, siempre para peor.

Source: ¡Pasito alante, varón! | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1403461308_9173.html

Tags: , , ,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *