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Hacia la cooperativa?

¿Hacia la cooperativa?
AZUCENA PLASENCIA | La Habana | 14 Nov 2013 – 10:11 am.

Cineastas jóvenes y veteranos mantienen pulso con las autoridades.
Exigen una Ley de Cine y proponen agruparse al margen de la vieja
estructura estatal.

Dicen que el que espera, desespera… y siempre esperando se queda. Así
parece acontecer con los realizadores de cine y video cubanos, quienes
desde mayo andan inmersos en batalla desigual con el grupo o Comité
designado por el Consejo de Estado para la “transformación” del
Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC); es
decir, reducción de plantillas y de gastos a la mínima expresión, acorde
con los llamados Lineamientos raulistas.

Hasta ahora se tiene aprobado el registro de guionistas, pero la
imprescindible Ley de Cine, demandada hace un lustro por la Comisión de
Cultura y Economía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC),
en conjunto con especialistas del Ministerio de Cultura y del propio
ICAIC, se dilata en aprobarse, y ya ni en 2014 se vislumbra con certeza.

El G-20, el viejo ICAIC

Primero fueron doce. Luego llegaron a veinte: cineastas que reunidos
espontáneamente, en Asamblea, se autodenominaron Grupo de los 20 (G-20),
con la ironía característica requerida del caso, para pronunciarse y
dejar bien claro que con ellos había que contar en cualesquiera
transformación posible, porque sin ellos, los directores, guionistas,
técnicos, “no había cine cubano”.

Y así comenzaron las fiestas de los e-mails, los boletines y las
asambleas incluso de frecuencia semanal, celebradas todas en el
emblemático centro cultural Fresa y Chocolate, situado frente por frente
al edificio del viejo ICAIC.

El grupo, plural, acoge a creadores de tres generaciones, cuyo espíritu
de resistencia cultural está más que probado: en los fundadores del
Instituto desde los nublados años 90 y el llamado Período Especial,
cuando pasaron al retiro forzado creadores de la talla de Humberto
Solás, desapareció el Noticiero Latinoamericano ICAIC y quedó en cero la
producción de documentales. Fue una época marcada por el giro que
significó Papeles Secundarios (1989), de Orlando Rojas, y que daría
obras de la envergadura de María Antonia, Mujer transparente, Oscuros
rinocerontes enjaulados, El siglo de las luces, Te quiero y te llevo al
cine, La soledad de la Jefa de Despacho, Fresa y Chocolate, Madagascar,
Reyna y Rey, La ola, Adorables mentiras, Guantanamera, Motos, entre
otras. Filmes que consolidaron la década como la de mayor y mejor
cosecha artística, a pesar de todo.

Y si en los jóvenes de entonces prima hoy el espíritu de fidelidad a sus
principios y a todo aquello que no quieren perder, el viejo ICAIC; en
los nuevos realizadores, que vienen de lo más profundo de la
contracultura y el quehacer independiente, campeones del desprejuicio,
desconocedores de reglas fijas, que dominan o se inventan las nuevas
tecnologías, que van abriendo huecos por entre el compactado muro de
rutinas y rituales de un entorno desencantado, ellos, que buscan y
logran el choque de las categorías al uso, que en los inicios se
mostraron como un relámpago en la intemperie, hoy se inscriben de manera
consistente en imágenes otrora censuradas. Levedad, humor, combinatorias
lúdicas y una completa indiferencia hacia ese pasado ilustre del viejo
ICAIC les caracterizan.

Juntos, los de ayer y los de hoy, viven la desesperación de los
infinitos aplazamientos conque el Estado dilata la promulgación de leyes
y decretos que legitimen su ámbito de acción. De ahí que no fuera
extraña la proposición de Pedro Luis Rodríguez, presidente de la Muestra
de Cine Joven, en el más reciente evento teórico de la UNEAC, el
Caracol: si la propuesta del Gobierno es ir a dos o tres pequeñas
empresas productoras, y del dinero que se destine al ICAIC, una parte se
dirigiría a financiar estas empresas, quedando en manos del Instituto la
distribución y exhibición de los filmes, sobre todo en la arena
internacional —festivales de cine—, ¿por qué no hacemos una
cooperativa?, se preguntaba y proponía el joven director. “Una
cooperativa se puede conformar ya, pues la legislación está aprobada,
hay cooperativas de todo tipo: agrícolas, de transporte, de servicios…
una para producir filmes ahora mismo, y no seguir esperando, sería una
posible solución.”

Desesperados —¿o no?—, los cineastas y videastas cubanos están a las
puertas de un negocio: el de la industria fílmica. Si resisten.

Source: “¿Hacia la cooperativa? | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cultura/1384420299_5919.html

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