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Dos hermanas cubanas

Dos hermanas cubanas
Viernes, Octubre 4, 2013 | Por Gladys Linares

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -Rafaela es de Pinar del Río,
pero vino para la capital antes de 1959 a trabajar de sirvienta en la
casa donde su hermana Andrea era cocinera desde hacía algún tiempo.
Cuando los comunistas intervinieron el negocio de sus patrones, éstos
decidieron irse de Cuba, y les propusieron llevárselas.

Andrea aceptó, pero Rafaela decidió quedarse y trabajar para la
revolución. Comenzó a estudiar por la noche en una Escuela de Superación
de la Mujer fundada por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Allí les
decían que los que se iban del país iban a fregar platos y a limpiar
carros, y Rafaela sufría porque su hermana siempre sería una criada.

Aprendió a manejar y la ubicaron de chofer en un transporte popular.
Luego se hizo miliciana, y además participaba en las movilizaciones a la
agricultura. Cuando el Cordón de La Habana, pasó un curso para aprender
a manejar tractores. Quería formar parte de las brigadas conocidas como
“Picolinas”. Así conoció a su esposo, que trabajaba en los viveros.
Cuando se casaron se mudaron con la abuela de éste.

Pasaban los años y casi no sabía de su hermana Andrea. Las cartas se
demoraban mucho y a veces no llegaban. Pensaba que la engañaba cuando le
decía que estaba bien, que ella también había aprovechado el tiempo y se
había hecho enfermera, y que había aprendido a manejar, pero su propio
carro. Una vez le mandó una foto donde aparecía parada junto a éste, y
cuando Rafaela se la enseñó al esposo, él le dijo que seguro era el
carro de los burgueses donde la hermana era criada, y que lo utilizaba
para hacer las compras de la casa.

Así pasaron los años y Andrea vino a Cuba a ver a su hermana. Le habló
de su familia, le trajo fotos de sus hijos. El varón era farmacéutico, y
la hembra, maestra. Entonces Rafaela le contó que su hijo no pudo
estudiar lo que quiso porque no fue al campo en el preuniversitario, y
que ahora vende materiales de construcción y alivia su frustración
bebiendo ron de vez en cuando.

Le ocultó a la hermana que después de vieja volvió a limpiar casas
porque la pensión no le alcanza para vivir. Se sintió avergonzada de las
malas condiciones de su vivienda, y de no poderle dar mejor atención por
su precaria situación económica.

Hace unos días, Rafaela regresó de Miami, a donde fue invitada por
Andrea, quien, según cuenta, vive en una hermosa y amplia casa. El
cuñado, que es médico, le hizo un chequeo completo. Paseó mucho, y llegó
a Cuba cargada de regalos y quejándose de la cantidad de dinero que le
habían “tumbado” a su regreso en el aeropuerto de La Habana.

Su familia le dio una ayuda para reparar la casa, pero ella está
pensando en aceptar la propuesta de reunificación familiar. Hoy Rafaela
reconoce que aquella promesa de Fidel de la emancipación de la mujer, la
vejez asegurada y el bienestar del pueblo, no era más que una estafa.

Source: “Dos hermanas cubanas | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/dos-hermanas-cubanas/

Tags: aeropuerto, agricultura, escuela, transporte, vivienda

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