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Cuba o la fallida invención de la realidad

Opini?n

Cuba o la fallida invenci?n de la realidad

Carlos Alberto Montaner

Miami 19-09-2012 – 10:11 am.

?Cu?l ha sido la ?nica victoria del aparato de propaganda del r?gimen

castrista?

Jean-Fran?ois Revel, el gran pensador franc?s, sol?a asegurar que la

primera funci?n de los gobiernos totalitarios era ocultar la realidad.

Eso es cierto, pero el objetivo quiz?s es todav?a m?s siniestro y

complejo: construir y proyectar una falsa realidad en la que deben creer

ciegamente todas las personas sujetas a su autoridad, so pena de recibir

severos castigos si muestran alguna duda.

La expresi?n "aldea Potemkin" recoge una parte de esa prestidigitaci?n

pol?tica. En la segunda mitad del siglo XVIII, en ?poca de Catalina II

de Rusia, le encargaron al mariscal de campo Gregori Potemkin, amante y

probablemente consorte de la emperatriz —nunca se ha precisado si hubo o

no boda—, que modernizara y adecentara los miserables pueblos del

interior del enorme pa?s.

De acuerdo con una leyenda propagada por los alemanes y luego repetida

por todo el mundo, el mariscal, que era una especie de Eusebio Leal

ruso, como no dispon?a de muchos recursos, se dedic? a maquillar las

aldeas, remozando algunas fachadas, para ocultar la verdadera miseria

que aquejaba a los pobladores.

El objetivo era muy sencillo: demostrarle a la emperatriz su capacidad

como funcionario competente y probar las bondades del Imperio ruso en su

trato ben?volo con la poblaci?n rural de la naci?n.

La verdad y la realidad no ten?an ninguna importancia. Lo fundamental

era la percepci?n. En este caso, la percepci?n de Catalina la Grande y

de los pocos viajeros a los que la arisca corte rusa autorizaba a

visitar el herm?tico pa?s.

En el caso del totalitarismo cubano, ya ni siquiera se trata de

construir una aldea modelo para confundir a los nativos (algo imposible

despu?s de 53 a?os de calamidades y desastres, donde Fidel reconoce que

el sistema no funciona y Ra?l admite que ni siquiera puede aportarle un

vaso de leche a los ni?os mayores de siete a?os), sino de armar un

enorme "Sofisma Potemkin" para defender lo indefendible con palabras y

datos arbitrariamente elegidos o adulterados.

De esa indigna tarea se ocupa el Departamento Ideol?gico del Partido

Comunista Cubano, dirigido por un coronel del Ministerio del Interior

llamado Rolando Alfonso Borges, con el auxilio del Instituto Cubano de

Amistad con los Pueblos y el Departamento de Orientaci?n Revolucionaria.

A la construcci?n del "Sofisma Potemkin" cubano se dedican directamente

casi 500 agentes, a los que habr?a que agregar los millares de

colaboradores que trabajan en las estaciones de radio, en los

peri?dicos, en los blogs oficiales y extraoficiales, m?s numerosos

estudiantes de la Universidad de Ciencias Inform?ticas (UCI), verdaderos

guerreros de internet consagrados a denigrar a los adversarios y a

difundir los mensajes del r?gimen.

?Cu?ntas personas se emplean, pues, en las labores de maquillaje de la

dictadura y en disfrazar y apuntalar la dura realidad cubana?

Literalmente, son miles. Miles de ciudadanos improductivos, fabricantes

de falacias y sofismas, que viven y medran del trabajo de sus

compatriotas sin agregar absolutamente nada al bienestar colectivo.

?Cu?les son las l?neas maestras de sus constantes y enormes campa?as de

informaci?n, desinformaci?n y deformaci?n?

Sus mensajes est?n estructurados en torno a tres simples ejes:

Los enemigos del r?gimen son siempre unos canallas al servicio de

la CIA que juzgan cr?ticamente a la revoluci?n porque les pagan para

ello. Son anticubanos porque ellos, los comunistas, son Cuba. A partir

de esa premisa, los empleados y colaboradores de los predios del coronel

Rolando Alfonso Borges montan sus campa?as de demolici?n de la

reputaci?n de sus adversarios.

La sociedad cubana, naturalmente, no es perfecta, pero es mejor que

el resto del mundo porque los ni?os estudian y todos tienen acceso a la

salud y a los deportes. Ser?a una sociedad mucho m?s pr?spera en el

orden material si los p?rfidos yanquis levantaran el criminal bloqueo.

El capitalismo, y especialmente EE UU, ha creado un modelo injusto

y ego?sta en el que los ricos lo poseen todo mientras los pobres viven

en medio de la violencia y la indigencia. Cuba no puede ni debe volver a

ese salvaje modo de entender las relaciones entre la sociedad y el Estado.

?Ha tenido ?xito esa pertinaz campa?a de propaganda y ataque que ya dura

m?s de medio siglo? No, si se juzga ecu?nime y as?pticamente, como hace

The Anholt-GfK Roper Nation Brand Index, una entidad dedicada a medir la

percepci?n exterior de las naciones con arreglo a seis categor?as:

Calidad que se le supone a su producci?n y exportaciones

Presumible competencia y eficiencia del Gobierno

Aprecio por su cultura y tradiciones

Reputaci?n general de las personas (el estereotipo nacional)

Inter?s tur?stico

Hospitalidad con los turistas o con los inmigrantes

De un total de 50 pa?ses escrutados en el 2011, por medio de m?s de

20.000 entrevistas realizadas en 20 naciones desarrolladas y en v?as de

desarrollo, Cuba ocupa el lugar 44, junto a estados que proyectan

im?genes detestables como Nigeria, Ir?n y Arabia Saudita. En cambio, los

diez pa?ses mejor apreciados, en ese orden, son diez pr?speras naciones

capitalistas: EE UU, Alemania, Inglaterra, Francia, Jap?n, Canad?,

Italia, Australia, Suiza y Suecia.

Resultado nada sorprendente si recordamos que el Latinobar?metro, que

a?o tras a?o escudri?a y clasifica las percepciones de los

hispanoamericanos, invariablemente coloca a los Castro y a Cuba a la

cola de los l?deres y naciones m?s admirados de hemisferio.

Incluso en un pa?s como Venezuela, donde decenas de miles de

internacionalistas cubanos alquilan sus servicios, un ochenta por ciento

de la poblaci?n (incluidos numerosos chavistas), una y otra vez asegura

que no quiere para los venezolanos un sistema semejante al de Cuba.

?Por qu? ese rechazo generalizado? Para el c?rculo de poder dentro de

Cuba, esa es la consecuencia de la labor desestabilizadora de la CIA o

de los enemigos del r?gimen, pero no es cierto.

En rigor, el principal enemigo del r?gimen es el propio estilo de

Gobierno castrista, con su histeria permanente, sus interminables

marchas combatientes, sus carteles heroicos o amenazantes, su perpetua

conflictividad contra EE UU, Espa?a o cualquier pa?s con el que haya el

menor roce.

Fidel Castro, que siempre confundi? la pol?tica con el barullo y el

argumento sereno con el chillido, que nunca logr? superar el violento

guirigay adolescente de sus a?os universitarios, cuando protestaba

apedreando autobuses, rob?ndose s?mbolos patrios, como la campana de La

Demajagua, o, m?s grave a?n, ejerciendo de mat?n entre sus

condisc?pulos, logr? comunicarle a su gobierno esa calenturienta

temperatura de crisis y sobresalto, generando fuera de la Isla el

natural repudio de las personas normales ante cualquier comportamiento

escandaloso.

Es realmente asombroso que Fidel, Ra?l y el c?rculo de poder que los

rodea nunca se hayan hecho unas preguntas elementales: ?por qu? el

Gobierno cubano se comporta de una manera tan exc?ntrica y crispada?

?Por qu? las naciones exitosas y serias del planeta act?an de una forma

distinta, sosegada, sin gritos, sin arrebatos patrioteros, sin desfiles

en los que se gritan consignas idiotas? ?No se dan cuenta (como tampoco

lo advierte Hugo Ch?vez, otro pintoresco personaje) que ese clima de

manicomio tropical puede despertar alguna curiosidad antropol?gica, pero

nunca admiraci?n genuina o deseos de emulaci?n?

La percepci?n interior

?Ocurre lo mismo dentro de Cuba? Quiero decir, ?c?mo perciben,

realmente, los cubanos la situaci?n del pa?s y el estado en el que viven?

El aparato de propaganda castrista les propone algo ins?lito a sus

s?bditos: deben juzgar su realidad no por los s?ntomas objetivos de

incomodidad y molestias que padecen u observan, sino por datos tan

arbitrariamente seleccionados como el n?mero de nacidos que sobreviven

el primer a?o de vida, o por el hecho dichoso de que ya nadie muere de

escorbuto o de poliomielitis en la tierra de Jos? Mart?.

Supongamos que eso es verdad, que en el pa?s no hay dengue, y nadie

muere por desnutrici?n, ni siquiera la docena de ancianos que hace un

par de a?os murieron nada menos que de fr?o en el mayor hospital de

dementes de La Habana.

Admitamos que la Isla, en suma, exhibe una poblaci?n robusta y

saludable. ?Es eso suficiente para juzgar el contorno de una realidad

social y pol?tica?

?Cu?les son los elementos que, realmente, determinan el juicio sobre la

realidad social y pol?tica de cualquier pa?s?

Evidentemente, como en la Pir?mide de Abraham Maslow, en la base de las

jerarqu?a de las necesidades humanas, y por ende en sus percepciones m?s

vigorosas, est?n los cinco elementos fundamentales que le dan sentido y

forma a nuestra convivencia:

La alimentaci?n y el suministro de agua

La vivienda

Las comunicaciones

El transporte

La ropa

Si en Cuba la alimentaci?n y el suministro de agua potable, o cualquier

tipo de agua, son una pesadilla; si el propio Gobierno admite que la

mitad de las viviendas est?n en ruinas; si el objetivo de la polic?a

pol?tica es escuchar clandestinamente los tel?fonos, limitar el acceso a

internet y perseguir la tenencia de antenas parab?licas para que no se

pueda ver la televisi?n internacional, porque su prop?sito es que los

cubanos no viajen al extranjero, ni se comuniquen con el exterior, ni

sepan lo que sucede en el mundo; si el transporte urbano o

interprovincial es una tortura lenta, escasa, cruel, sudorosa y

multitudinaria; si las gentes apenas pueden comprar zapatos, camisas o

vestidos porque no hay, o porque no disponen de dinero, ?puede

sorprenderse alguien de que los cubanos piensen que el Estado impuesto

por el castrismo y el raqu?tico aparato productivo que ha logrado

segregar son una may?scula calamidad?

Oponerse y criticar ese bodrio no es un acto contrarrevolucionario

contra la patria, sino la reacci?n perfectamente racional y predecible

de cualquier ser humano medianamente sensato ante un tipo de Estado

minuciosamente torpe y empobrecedor que lo condena a la miseria sin

esperanzas de redenci?n.

Pero, en todo caso, esas son carencias materiales ante las cuales el

r?gimen, a?n cuando a veces acepta su fracaso, propone una coartada

espiritual para descargar responsabilidades: todas esas penurias, dicen

sus voceros, son ciertas y en gran medida se deben al imperialismo

yanqui, pero los cubanos, al contrario de las dem?s naciones del Tercer

Mundo, especialmente las latinoamericanas, disponen de dignidad y

ejercen fieramente su voluntad soberana.

Supuestamente, esas ventajas emocionales compensa los fracasos materiales.

En primer t?rmino, es dif?cil precisar en qu? consiste la dignidad de

una sociedad sometida a los caprichos de una clase dirigente que le dice

lo que tiene que pensar, lo que puede leer, con qui?n puede reunirse, y

si le autoriza o no a viajar al extranjero, como si los adultos cubanos

fueran menores de edad, como no se cansa de denunciar Yoani S?nchez.

Tambi?n es absurdo pensar qu? tiene que ver la expresi?n soberana de

todo un pueblo con una sociedad como la cubana, organizada en torno a un

partido ?nico sometido a la voluntad de un caudillo todopoderoso.

?Se puede hablar de "soberan?a popular" para describir una dinast?a

militar de car?cter dictatorial controlada por una sola persona?

Pero concedamos, a los efectos del debate, que los cubanos son dignos y

soberanos: ?justifica el disfrute de esas emociones un estado de cosas

tan atroz como la realidad material cubana?

Yo creo que no, pero aclaro que hay aspectos espirituales muy

importantes para juzgar la calidad de vida de una sociedad, mas no son

la supuesta dignidad y soberan?a que la dictadura de los Castro le

asigna a la realidad cubana, sino tres elementos totalmente ausentes de

ese nefasto panorama:

Libertad. La libertad para tomar decisiones individuales sin la

coacci?n del Estado, esto es, la libertad de elegir libremente c?mo y

d?nde quiero vivir mi vida.

Movilidad social. Es decir, un clima cultural, educativo y

econ?mico que permita mejorar la calidad de vida sin necesidad de trepar

por la estructura de un partido mediocre y sin ideas o reptar dentro de

los l?mites siniestros del Ministerio del Interior, ?nicos destinos en

los que se encuentra la posibilidad de hallar cierta prosperidad material.

Esperanzas. La certeza razonable de que la vida futura puede ser

mucho mejor que la vida presente y superar con creces la que tuvieron

los padres y abuelos.

Ninguno de esos tres factores intangibles, elementos b?sicos para

formular un juicio ben?volo sobre la realidad social y pol?tica de

cualquier pa?s, milita a favor de la revoluci?n cubana.

En Cuba no hay vestigios de libertad, no hay movilidad social y no hay

esperanzas racionales de mejorar la calidad de vida, h?gase lo que se

haga, como han comprobado tres generaciones sucesivas de cubanos.

En definitiva: si los esenciales cinco factores materiales tangibles de

la vida, y los tres intangibles, est?n totalmente ausentes, por mucha

propaganda que el r?gimen haga jam?s lograr? convencer a la mayor?a de

los cubanos de las supuestas bondades de ese cruel disparate.

No obstante, el aparato de propaganda del r?gimen s? ha logrado anotarse

una victoria. Aunque, coraz?n adentro, no ha sido capaz de persuadir a

la sociedad de las virtudes de ese modelo, porque es palmaria e

inocultablemente desastroso, ha conseguido, sin embargo, convencer a los

cubanos, especialmente a los j?venes, de que no hay m?s soluci?n que

emigrar, aunque sea a tierras injustas y violentas, como las

capitalistas, porque en ellas es posible vivir de mejor manera que en Cuba.

En definitiva, no hay m?s victoria que ese miserable logro: han

construido una sociedad de personas desilusionadas y c?nicas que ya no

creen en Cuba, en nada, ni en nadie. Ese es el triste legado de los

Castro y de las huestes propagand?sticas del coronel Rolando Alfonso

Borges. Deber?an vivir abochornados del inmenso da?o que les han hecho a

los cubanos.

http://www.diariodecuba.com/opinion/13067-cuba-o-la-fallida-invencion-de-la-realidad Tags: agua, Alemania, dengue, EE UU, embargo, Fidel Castro, Francia, hospital, internet, libertad, salud, transporte, universidad, Venezuela, violencia, vivienda

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