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Reformas e Izquierda en Cuba. Miradas al presente

Pol?tica, Cambios

Reformas e Izquierda en Cuba. Miradas al presente

La izquierda cubana "del Siglo XXI" tendr? que asumir la defensa de los
numerosos perdedores que traer?n las reformas, y que se sumar?n a los
miles de trabajadores y localidades del pa?s ya empobrecidos en las
?ltimas dos d?cadas

Armando Chaguaceda, M?xico DF | 16/12/2011

En estos d?as en que el sitio Havanatimes est? publicando fragmentos del
sugerente (y seguramente imprescindible) libro de Sam Farber sobre la
revoluci?n cubana, varios amigos —residentes en la Isla y en su
di?spora— hemos intercambiado ideas sobre el rumbo de las reformas en
Cuba. Hemos debatido sobre la(s) postura(s) que, frente a estas, deber?a
tener cualquiera que se reclame de izquierda(s) distingui?ndose
simult?neamente del socialismo de Estado vigente en la Isla y de la
propuesta neoliberal. A partir de ese intercambio nacen estas "notas".

En este di?logo encontramos que las visiones parciales o polarizadas no
permiten captar la esencia de los cambios en curso. Algunos analistas
presentan estas reformas como una mera continuidad, maquillada, del
modelo econ?mico y pol?tico que ha regido por el pasado medio siglo la
vida de los cubanos. Otros, la explican como una mutaci?n trascendental,
una suerte de Revoluci?n en la Revoluci?n, donde "l?deres y masas"
marchan en perfecta sinton?a de velocidad, horizontes e intereses. Unos
ignoran, al defender la idea de equidad, los graves problemas del modelo
a?n vigente que hacen insostenible —sin subsidios externos— las
modalidades conocidas de ciertas pol?ticas sociales; otros asumen —con
entusiasmo adolescente— los nuevos aires de cambio ignorando que
asistimos a una reformulaci?n de la hegemon?a estatal sin las
correspondientes ampliaciones de derechos y participaci?n ciudadanos.

Lo que acontece a partir de 2008 es, a juicio de este columnista, una
lenta y a?n inacabada mutaci?n del modelo cl?sico de socialismo de
Estado a otro m?s cercano a las experiencias asi?ticas. En este ?ltimo,
el mercado ampl?a su presencia sin que ello signifique una disminuci?n
dr?stica de la capacidad del Estado (y de la burocracia en tanto
estamento que lo controla) para imponer su agenda en ?reas clave de la
esfera econ?mica (como la gran industria, el transporte y las
comunicaciones) as? como en otras vinculadas a la informaci?n,
organizaci?n y orden p?blicos en las cuales su presencia —no as? su
eficacia— es cuasi monop?lica. En las reformas en curso no est? en
discusi?n el tipo de r?gimen pol?tico construido durante el medio siglo
pasado, pues asistimos m?s a una suerte de liberalizaci?n econ?mica (con
su correlato de ampliaci?n de ciertos espacios de acci?n individual
anclados en la esfera econ?mica) que a una democratizaci?n relevante e
institucionalizada, pluralizadora de la vida y de los actores pol?ticos,
que derogue —de forma paulatina y relevante— el orden sociopol?tico
autoritario vigente en la Isla.

La (pre)visible ampliaci?n de espacios de mercado —que dinamicen la
producci?n y provisi?n de bienes y servicios de la gente frente al
monopolio asfixiante e ineficaz del Estado— es positiva, tanto para la
sociedad como para el mismo Estado, ya que este podr?a concentrarse en
aquellas cuestiones verdaderamente estrat?gicas para el desarrollo
nacional y hacer las cosas mejor. En ese sentido, la expansi?n de un
sector de trabajo por cuenta propia, de la peque?a y mediana empresa
privada (que, como sabemos, no son iguales al cuentapropismo a pesar de
que en documentos y discursos oficiales ambas modalidades se nos
presenten confundidas e indiferenciadas) y sobre todo del cooperativismo
son pasos importantes, que pueden ser ligados a las medidas tomadas —o
predecibles— a partir de la estrategia reformista en curso. Semejantes
iniciativas conllevar?an la expansi?n de una suerte de "ciudadan?a
propietaria" —en tanto condici?n esta que alude no solo la posesi?n
formal y efectiva de activos econ?micos sino de bienes de uso personal y
familiar— lo cual anclar? m?s, creo, la gente a su tierra y la
comprometer? a luchar por un mejor futuro dentro de las fronteras
nacionales. Todo esto, claro est?, si el Estado la acompa?a de forma
proactiva y no represa nuevamente —como sucedi? en los a?os 90— sus
energ?as e iniciativas.

Que el Gobierno de Ra?l Castro quiera mejorar las condiciones de vida de
la gente, que desee que se consuma m?s y mejor y que se eliminen algunas
restricciones absurdas es sin dudas algo encomiable, que debe aliviar la
suerte de la poblaci?n cubana. Pero ello no equivale a suponer (como
hacen algunos defensores de la reforma) que los cambios en curso ampl?en
el repertorio de libertades y derechos activos y, sobre todo, que
permitan convertir en realidad la consigna de Poder Popular, sustancia
de un inexistente socialismo democr?tico y participativo. Significa que
la idea que subyace en estas reformas es que un pa?s con gente
materialmente satisfecha es m?s gobernable.

Una ampliaci?n de la democracia no aparece en el horizonte de las
actuales reformas, con la modesta salvedad de una limitaci?n de
mandatos, hija del sentido com?n y del conocimiento de la biolog?a. Y
cuando desde una mirada de izquierda apostamos por una ampliaci?n
democr?tica no nos referimos al modelo de democracia procedimental y
minimalista, que acompa?? la implementaci?n del neoliberalismo en la
regi?n. A la democracia podemos reinterpretarla como una deseable
ampliaci?n de la incidencia y cogesti?n de la sociedad organizada (y de
los ciudadanos como individuos portadores de deberes y derechos) que
acompa?a un Estado benefactor, en la defensa y promoci?n de lo p?blico y
de todos los derechos de la gente. Democracia que rechaza a las
"soluciones" mercantilizadoras y autoritarias que se ofrecen —como
cantos de sirena— a los problemas del desarrollo y del orden social en
las condiciones de la periferia tercermundista.

Cualquier estrategia de izquierda, frente al proceso de reformas en la
Cuba actual, debe insistir en la defensa de las llamadas "conquistas de
la Revoluci?n" —que no son otra cosa que el fruto del trabajo y
sacrificio del pueblo a despecho de las chapucer?as y caprichos
burocr?ticos— en la forma de exigencias concretas de una educaci?n,
salud y seguridad p?blicas, universales y de calidad. Que cada ni?o —sea
de Miramar o Palma Soriano— tenga garantizado un buen maestro y
condiciones materiales para educarse, como lo tuvo mi generaci?n, sin
que la pol?tica educativa dependa de "Planes Emergentes" carentes de
retroalimentaci?n o de insensibles condicionamientos presupuestales del
Fondo Monetario Internacional. Que las mujeres tengan garantizado el
derecho a decidir sobre su cuerpo, sin ver criminalizada su decisi?n por
poderes seculares o eclesi?sticos. Que los profesionales de la salud
devengan un ingreso decoroso, sin verse tentados a emigrar a pa?ses del
Norte, a enrolarse en Misiones Internacionales o vender, de forma
ilegal, sus servicios a los connacionales, como v?as para obtener
recursos que les permitan adquirir medios de vida y bienes de consumo. Y
que cuando la Libreta —ese s?mbolo de la "pobreza planificada"—
desparezca, por decreto o desangramiento, sea solo porque los
trabajadores puedan ver hecha realidad la m?xima socialista que reza "de
cada quien seg?n su capacidad, a cada quien seg?n su trabajo".

Al tiempo, los socialistas tenemos que acompa?ar las reformas actuales
con otras propuestas operativas y concretas de pol?ticas de
transparencia, rendici?n de cuenta y participaci?n de la gente en la
toma de decisiones a todo nivel y en la constituci?n de sujetos
econ?micos y pol?ticos —comunitarios, cooperativos, asociativos—
alternativos tanto al orden vigente como a los encantamientos
neoliberales. Para hacer concretas y sustentables semejantes iniciativas
habr? sin duda que echar mano no solo al acervo propio, sino tambi?n
tomar en cuenta —sin que ello equivalga a diluir esencias— las mejores
propuestas del pensamiento demoliberal, del socialismo democr?tico, del
cristianismo social y de los movimientos populares, por solo mencionar
algunas de las corrientes que pululan, activas, por la regi?n y el
mundo. Y tambi?n dialogar, con mutuo respeto y sin exclusiones ni
mimetismos, con sus exponentes en la Isla, pues solo la comunicaci?n y
la solidaridad entre los "sin poder" permitir? una comprensi?n de los
verdaderos horizontes, semejanzas y diferencias entre nuestras agendas,
impidiendo su manipulaci?n por todos los gobiernos y poderes f?cticos
(empresariales, medi?ticos, religiosos) involucrados en la "cuesti?n
cubana".[1]

Simult?neamente, la izquierda cubana "del Siglo XXI" tendr? que asumir
la defensa de los numerosos perdedores que traer?n las reformas, y que
se sumar?n a los miles de trabajadores y localidades del pa?s ya
empobrecidos en las ?ltimas dos d?cadas. Por ?ltimo —pero no por ello
menos importante— es ineludible incorporar a nuestros discursos y
acciones problem?ticas poco asumidas por nuestro legado ideol?gico y
organizativo, tales como la de los Derechos Humanos (que no pueden ser
administrados o sesgados, a despecho de su universalidad e integralidad)
y la expansi?n de identidades particulares —de g?nero, raciales,
socioambientales, contraculturales— que no encuentran cabida en el
modelo de socialismo estatista ni tampoco en las derivas a las
previsibles formas de mercantilismo autoritario e inserci?n subordinada
(t?pico de rep?blica bananera) que nos reserva el mercado global.
Seguramente esta no es una agenda que reconforte a capos, mes?as y
mercaderes, pero puede servir de br?jula para conducir algo digno de
llamarse izquierda por mejores rumbos, poniendo proa al futuro de la naci?n.

[1] Un ejemplo de este di?logo sin exclusiones ni mimetismos lo
constituye el Festival Poes?a Sin Fin y la Feria de Proyectos
Alternativos, que actualmente se desarrolla en la Habana bajo la
convocatoria del colectivo OMNI-Zonafranca.

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/reformas-e-izquierda-en-cuba-miradas-al-presente-271636 Tags: derechos humanos, ilegal, libreta, salud, transporte

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