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Disidentes cubanos se quejan de España

Domingo 22 de agosto del 2010 Internacional

Disidentes cubanos se quejan de España
Patricia Villarruel | MADRID

Desde que arribó a Madrid, Julio César Gálvez, disidente cubano, junta
cada noche las tres camas individuales de la habitación de menos de 15
metros cuadrados del hostal Welcome donde reside, para dormir abrazado a
su hijo Emanuel y a Irene Vera, su esposa.

Fuera de Cuba. En libertad. Este periodista curtido durante más de 30
años en la radio de la Isla pertenece al Grupo de los 75. Lo condenaron
a 15 años de prisión en la ola de represión bautizada como la Primavera
Negra. Gálvez fue de los primeros en abandonar La Habana después de que
el régimen castrista se comprometiera a liberar a 52 disidentes
encarcelados, gracias a un acuerdo con la Iglesia católica de la isla.

Llegó a Madrid ligero de equipaje y con "mucho papel escrito" (cuatro
poemarios, dos libros de cuentos infantiles y cinco novelas en ciernes).
Siete años y cuatro meses de encierro dan para mucho. El matrimonio
Gálvez-Vera concibió a su primogénito entre rejas, en una de esas
visitas conyugales de dos horas, cada tres meses. Según dice, es la
comodidad de ese niño que no vio nacer cinco años atrás lo que más le
preocupa. No está conforme con el trato brindado por las autoridades
españolas. Habla de abandono. "Nos ofrecieron ayudas para vivienda,
alimentación, la escolarización de los niños y la compra de ropa. Hasta
ahora nada se ha cumplido".

Los primeros disidentes fueron alojados en un hostal barato localizado
en un inhóspito polígono industrial del madrileño barrio de Vallecas
(donde termina la ciudad). Las quejas no tardaron en llegar. El precio
por una noche en una habitación de tres camas y comida incluida apenas
rebasa los 30 euros (39 dólares). El baño es compartido y, pese a las
altas temperaturas, no hay aire acondicionado. Cada semana reciben un
bono de transporte de diez viajes para movilizarse por la ciudad, en
autobús o en metro.

La primera fase de acogida no contempla más ayudas. Por eso el dinero
para otros gastos ha salido del bolsillo de amigos particulares. Hasta
lo más granado del exilio cubano en Miami ha hecho su contribución
(Felipe Valls, dueño del restaurante Versailles, el más emblemático del
sur de Florida, hizo una aportación).

En una segunda etapa, la mayoría de los disidentes que han llegado a
España han sido trasladados a pisos o centros de acogida temporales en
otras ciudades (Málaga, Alicante, Cullera, Gijón, Jerez de la Frontera y
Sigüenza) mientras buscan una vivienda definitiva.

Las tres ONG que gestionan la atención (Cruz Roja, Accem y la Comisión
Española de Ayuda al Refugiado) no disponen de plazas en Madrid. Julio
César Gálvez, Ricardo González, Normando Hernández y Mijail Bárzaga se
niegan a abandonar la capital española. Incluso, han pedido amparo al
Defensor del Pueblo para que se les reconozca de manera urgente el
estatus de asilados políticos y se les permita seguir en Madrid donde
creen que existen mejores oportunidades laborables y, más de uno, recibe
atención médica especializada.

"Es que nos trajeron y nos soltaron", dice Bárzaga, que quiere trabajar
de periodista o chofer, como algún día lo hizo en Cuba. Llegó acompañado
de 12 familiares. A cuatro los trasladaron a Barcelona donde reside una
hermana. Él no quiere ir. No le interesa aprender catalán.

Jorge Luis González aguarda esperanzado a que la Administración española
cumpla su promesa. Le dijeron que podía viajar con doce parientes. Solo
se embarcaron seis. El resto (entre ellos su madre, Enith Detanquera
Roque, una de las Damas de Blanco) sigue esperando en la Isla. A
diferencia del primer grupo de opositores, este profesor no se vio
abocado a pisar el hostal Welcome.

Los reclamos de sus predecesores no cayeron en saco roto. Cruz Roja
aloja a los últimos disidentes en un hotel de tres estrellas con spa,
donde una habitación doble con desayuno incluido cuesta 60 euros (78
dólares). Los cuatro "rebeldes" empeñados en permanecer en Madrid siguen
en el Welcome bregando con el calor y la estrechez pero aprendiendo "a
vivir en libertad y a pensar en democracia". Y no es fácil.

Textual: Decepción
Julio César Gálvez
Disidente cubano
"Nos ofrecieron ayudas para vivienda, alimentación, escolarización de
los niños y compra de ropa. Nada se ha cumplido".

http://www.eluniverso.com/2010/08/22/1/1361/disidentes-cubanos-quejan-espana.html?p=1354&m=719

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