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POR UNA NUEVA CONCEPCION DE LA SOCIEDAD, EL ESTADO Y EL DERECHO CUBANOS

POR UNA NUEVA CONCEPCION DE LA SOCIEDAD, EL ESTADO Y EL DERECHO CUBANOS
(1ra. Parte)
2007-09-15.
Faisel Iglesias

"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla de
pensamiento."
José Martí

Hace apenas 500 años el Verde Caimán del Caribe, la Isla Hembra- así es
llamada Cuba por los poetas, quizás por verde, estrecha y larga, como si
flotara siempre, siempre poseída -, estaba habitada por aborígenes a
quienes la benevolencia del clima les permitía vivir sencilla y
naturalmente como si todo el cuerpo fuera la cara.

La civilización, sin embargo venía de antaño. El mundo se había dividido
en la concepción oriental, que ha seguido un desarrollo colectivo,
colectivizante, de hombres que de servidores de la sociedad han devenido
en servidos por los pueblos, cuyos más claros ejemplos lo han sido, a
través de la historia, los regímenes despóticos de Egipto, Mesopotamia y
La China, en la antigüedad, y en la era moderna los gobiernos
totalitarios de Europa del Este y China; y la concepción occidental, que
ha procurado el desarrollo de la propiedad privada, del individuo, y que
con el cristianismo no sólo se hermanó espiritualmente, sino que además,
encontró la sabiduría que le ha permitido ser la vanguardia del
universo, convencido de que el soberano es el hombre, porque Dios nos
hizo a su imagen y semejanza.

Europa, espacio vital de occidente, había disfrutado de una unidad
estructural; la que le ofreció el imperio romano, que no sólo fue un
hecho militar, una fuerza política, sino un movimiento civilizador,
creador de humanidad, de sociabilidad, de vida en común, del derecho
romano, que llegó a tener por más de mil años la esencia de toda una
cultura en un idioma común; el latín. La Europa, que al día siguiente de
la caída del Imperio Romano, retomó el viejo sueño de la unidad. Y lo
buscó por el único medio eficaz de la época: la guerra. Sueño que va a
tener sucesivas tentativas desde Justiniano a Carlo Magno, y hasta en la
frontera misma de nuestro tiempo. Y fracasaron felizmente, porque lo que
hubiera salido del sueño hubiese sido la pesadilla de una Europa
maltrecha, excluyente, como consecuencia de la superioridad transitoria
de algunos elementos y el sometimiento de otros. En fin, una Europa
incapaz para el entendimiento, la asimilación y la cooperación.

El desarrollo científico del siglo XV, le permitió al Viejo Continente,
"buscar nuevas rutas para el comercio" por lo que en 1492, el más
iluminado de los almirantes vio la tierra más fermosa que ojos humanos
han visto, con la ignorancia de creer que Haití era Cipango y que Cuba
era la China, y que los habitantes de Japón y China – entiéndase Haití y
Cuba – eran los habitantes del país de las vacas sagradas, y todos, aún
hoy, lo nombramos el Descubridor, como si los primeros pobladores, que
habían llegado saltando de isla en isla a través del Mar Caribe, no
conocieran la tierra que pisaban sus plantas desde la Punta al Cabo.

Colón, el precursor de la cristianización de América – a costa del
sacrificio de los nativos y sus valores – había expresado su intención
de coronarse virrey de las nuevas tierras. Y, en su diario escribió la
palabra oro 139 veces y la palabra Dios o la frase Nuestro Señor sólo
51, y el 27 de noviembre de 1492 consignaba: "tendrá la cristiandad
negocio en ella".

Para muchos el Descubrimiento, el Encuentro entre dos Mundos o el
Nacimiento de América – hay cosas para las que no hay nombres -, fue un
hecho simplemente reaccionario, y para algunos, hasta casual, como si
los fenómenos sociales, complejos y simultáneos, no fueran el producto
de infinitas causas. Cada época histórica tiene su propio discurso. Hoy
no es fácil asimilar que Cristóbal Colón no sea el Descubridor de
América, pues entonces Humbolt no sería el Segundo, como lo proclamamos
nosotros mismos, sino el Tercero, y el sabio Don Fernando Ortíz no sería
el Tercer Descubridor de Cuba, sino el Cuarto. ¡Que sería de nuestra
historia sin el mito de las Tres Carabelas!

LA IMPLANTACIÓN DEL EL ESTADO Y EL DERECHO EN CUBA

Abierto el camino por Cristóbal Colón, se apareció, tras su ruta, en
1512, por el oriente del largo lagarto verde, Diego Velázquez,
capitaneando a trescientos hombres, los que, por sus procederes, santos
y señas más bien reflejaban venir de las entrañas dantescas de las
cárceles de la época (sin menospreciar a algunas de las de nuestro
tiempo) que de un puerto de la Española – nombre que le daban entonces
los conquistadores a la original Quisqueya, hoy la hermana República
Dominicana-.

A fuerza de fuego, espada, enfermedades y muerte implantaron – diz que
en el nombre de Dios -, una sociedad, estado y un derecho extraños,
culminantes de una realidad foránea especialísima, que la -¡siempre!-
isla de Cuba no vivía. Fue una sociedad apenas sin elementos, un estado
y un derecho precarios, donde se confundían las potestades políticas,
militares y en algunos casos las judiciales, en los mismos funcionarios
y que, trescientos años después, en los albores del siglo XIX, se
mantenía con insignificantes variaciones. No fue hasta el año 1812, en
que al darle las Cortes de Cádiz una constitución a la península que se
extendió a la isla, Cuba no contó con una carta magna, en el sentido
moderno de la palabra, creadora de supremas instituciones, teniendo
nuevamente – ¡Oh, destino ! – la Perla de las Antillas, que acomodarse,
incluso estructuralmente, a las imposiciones extranjeras.

LA NACIONALIDAD CUBANA

Con los conquistadores, los negros traídos como fuerza de trabajo
esclava, lo autóctono sobreviviente, el amor – "que convierte en milagro
el barro" – y otras circunstancias históricas, fue naciendo la
nacionalidad cubana, la que al llegar a determinado grado de desarrollo,
y en medio de una crisis general – los terratenientes azucareros,
especialmente la zacarocracia oriental (significativamente los Padres de
la Patria), estaban endeudados y a punto de perder sus ingenios-, exigió
la independencia de la metrópoli. Para la magna tarea no era suficiente
rechazar y enfrentar el colonialismo en busca de una victoria heroica,
sino que era imprescindible trascenderlo. La joven intelectualidad
criolla – hijos de españoles, amamantados (¡Oh, amor madre!) por
nodrizas esclavas -, se fueron a las mejores universidades del mundo a
fin de apoderarse del pensamiento más avanzado.

El trabajo creador, el desarrollo de las ciencias y el fomento de las
artes, no como instrumentos de voluntades transitorias, sino en busca
del equilibrio, lo bello, lo justo, la verdad, en fin como dadoras de
más naturaleza, de otro camino hacia Dios, llevó a los mejores cubanos a
esa síntesis – resumida en la bondad de Aguilera, en el arranque de
Céspedes, en el genio de Gómez, en las heridas y la piel de Maceo, en la
concepción de Agramonte, en el ideal de José Martí y el sacrificio de
todo un pueblo de procurar hacer al hombre soberano de sí mismo,
ciudadano del mun
do, capaz de, a partir de su plenitud, donarse,
socializarse, trascenderse.

CÉSPEDES Y/O AGRAMONTE; MARTÍ

Carlos Manuel de Céspedes, cuando la realidad era insoportable y la
dignidad humana y nacional eran pisadas por el arcaico, explotador y
cruel sistema colonail, mientras muchos vacilaban, como con fuerzas
tremendas, venidas de las entrañas imperfectas de la tierra, se lanzó a
todo galope a conquistar la independencia a filo de machete, convencido
de que con sólo 12 hombres bastan para lograr la libertad de Cuba,
proclamándose Capitan General del Ejercito Libertados de Cuba, mando
centralizado, para asegurar el triunfo de la revolución independentista,
como paso previo a la república democrática.

Ignacio Agramonte, meses después, en el potrero de Guaímaro, en la
Constituyente de la primera República en Armas – ¡el Belen institucional
de la Nación Cubana! -, liderando a un grupo de intelectuales liberales,
se opone resueltamente a Céspedes, pretendiendo una organización
institucional que garantizara no sólo la independencia de Cuba, sino la
liberación de los cubanos, el sometimiento del mando militar al poder
civil -¡aún en plena guerra!- y proclama el imperio de la ley, y que el
soberano fuese el ciudadano.

Triunfó Agramonte, pero se perdió la guerra. Desde entonces la nación
cubana, se pregunta: ¿Céspedes o Agramonte? Tanto una táctica como la
otra es eficaz; todo depende de las circunstancias: Céspedes para la
guerra, para la paz, Agramonte. Sin embargo los cubanos siempre hemos
sufrido el desatino. En la Guerra Grande sometimos el mando de las
batallas a las lentas resoluciones del parlamento de manigua y en los
tiempos de paz, a que nos gobierne la manus militari.

José Martí, futuro lider de la independencia y de la espiritualidad de
la nación, que en tiempos de la Guerra Grande, apenas un niño, había ido
a la cárcel y escrito allí bellos versos y estremecedores relatos,
andaba por el mundo cargado de nostalgia, soñando la patría – "Vivir por
Cuba en cuerpo y alma no es lo mismo que sobrevivir en Cuba en carne
viva." – con la fuerza de un creador divino, se lanzó, cargado de
ideales a entrelazar las ramas de los pinos nuevos con los viejos robles
a fin de hacer la que él mismo llamara la guerra necesaria.

[…] O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de
sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio,
el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al
ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del
hombre, – o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una
sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no
para sueños.

José Martí, viendo colonias en las recién nacidas repúblicas de
latinoamérica, dada la autoridad personal y las disensiones por la falta
de intervención popular y de hábitos democráticos en su organización,
advirtió que "no se funda un pueblos como se manda un campamento",
pretendiendo llevar el pensamiento civilista de Ignacio Agramonte a las
más altas cumbres.

El hombre consciente de la necesidad de gobernar al país conforme al
conocimiento, para liberarlo de tiranías y que soñó fundar "en el
ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un
pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del
trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la
libertad repentina", el primer día de combate, convencido de que todo el
que da luz se queda sólo – "puedo morir mañana", escribió en la página
anterior a Dos Ríos -, cayó de su caballo mortalmente herido para
levantarse un mito, hasta hoy inalcanzable para los cubanos. "Qué has
hecho, Maestro?", exclamó Rubén Diario.

LA REPÚBLICA

Muerto Martí y los fundamentales líderes de la gesta independentista y
Gómez anciano y con complejos de extranjero se apoderaron del país los
generales y doctores. Hubo extraordinarios avances en la economía y la
cultura. De apenas millón y medio de habitantes en 1902 y de una
economía arrasada por la guerra y la tea de los Generales Invasores, ya
en 1930 la población rondaba los cinco millones de habitantes y se
producían cinco millones de toneladas de azúcar. Sin embargo se imponía
el héroe al ciudadano y el dinero a la dignidad humana. Había más
conciencia de la soberanía nacional del supremo concepto de que el
soberano es el hombre. En consecuencia Cuba desembocó en una nueva
contienda; La Revolución del 33.

Después de mucha sangre generosa y venganza, se inicio una etapa de
cierto equilibrio social, creador entre otras cosas, de la trascendente
Constitución de 1940, que no sólo fue un esfuerzo nivelador, sino
además, precursora en derechos humanos, en la consagración de la función
social de la propiedad, oponiéndose al latifundio, reconociendo al
derecho como ciencia social autónoma capaz de ejercer su imperio al
servicio de la pluralidad política y social de la nación, al
constituirse en un poder verdaderamente independiente, procurador de sus
propios funcionarios, al margen de ideologías e intereses políticos
coyunturales. Más la sociedad estaba infectada por la intolerancia, la
corrupción, el odio. Y la constitución de 1940, dada la influencia de
los comunistas y de una generación de jóvenes revolucionario, más
reflejaba ser el un proyecto ideológico, donde el estado se
responsabilizaba garantizar derechos que en la realidad les resultaban
imposibles. La Constitución fue letra muerta.

En 1959, a pesar de la guerra contra Batista, los cubanos teníamos un
auto por cada 40 habitantes, el transporte público pasaba cada tres o
cinco minutos en las zonas de mayor concentración de población, un
teléfono por cada 38 personas, 270 estaciones de radio, 23 canales de
televisión (una de ellas en colores), 27 000 empresas mayoristas (el 80%
cubanas), 200 000 minoristas (85% cubanas), 2 340 establecimientos
industriales con una producción de mil millones dólares y el ingreso
percápita era el quinto en Latinoamérica y el treinta y uno en el mundo,
según el historiador Levi Marrero.

A pesar de las virtudes institucionales, del talento y la creatividad de
los cubanos, imposibilitados la mayoría de los hombres de lograr la
grandeza espiritual del Apóstol, probada la incapacidad de la concepción
de la tripartición de poderes para evitar la corrupción administrativa,
en un país donde el estado se implanto como instrumentó de fuerza,
saqueo y exterminio, mucho antes de que naciera la nacionalidad, por lo
que históricamente se visto como enemigo de los intereses del pueblo en
ves de instrumento a su servicio, los grupos de poder comenzaron a
comandar la Patria a fin de someterla a los más mezquinos intereses.

ADVERTENCIA DEL POETA SURREALISTA Y LA IGLESIA CATÓLICA

Sólo la Iglesia católica, la más vieja institución, con su sabiduría
milenaria y un hombre de la sensibilidad e intuici&#243
;n de André Breton,
poeta del surrealismo, capaz de "presentir, descubrir, oír, viajando en
una guagua habanera, caminando por las calles y barrios, sintiendo la
entretierra de la gente", podían prever, coincidentemente el mismo año,
1947, cuando todo el mundo estaba ciego, o no querían o no les convenía
ver, que las dramáticas contradicciones que vivía La llave de Las
Américas, avizoraban un desenlace tremendo. "En este país se siente
venir una revolución", dijo el poeta y el Papa Pío XII, en una alocución
radial al pueblo de Cuba advirtió: "Ustedes se sienten orgullosos, y con
justa razón, de haber nacido en la que alguien llamó la tierra más
fermosa que ojos humanos vieron, en la Perla de las Antillas. Pero en
esa misma bondad del clima, en esa exuberancia y placidez se anida el
peligro. Me parece ver que por el tronco altivo de la palma real, que se
mece con donaire, se desliza la serpiente tentadora… Si no hay en
ustedes una vida sobrenatural fuerte, la derrota será segura."

Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, nos recordaba en su
visita a Venezuela, a principios de 1995, que el Papa se daba cuenta que
los cimientos de la Patria no estaban terminados de forjar, que no
percibíamos los grandes desafíos de la historia, nuestra responsabilidad
nacional y hemisférica.

LA REVOLUCIÓN CUBANA ANTE UN MUNDO BIPOLAR

El triunfo de la revolución de 1959, en medio de la Tercera Guerra
Mundial, conocida como la Guerra Fría – época en que la humanidad vivía
en la asfixiante atmósfera de la paz del miedo nuclear -, el sentimiento
antiimperialista de un sector importante de la sociedad, dada la
existencia de un capitalismo despiadado, sin plena conciencia social,
que ignoraba e impedía la vigencia de la Constitución del 40, legítimo
fruto de la voluntad popular, la aspiración del partido comunista de
tomar el poder e implantar la "dictadura del proletariado", – !sin
proletarios! – las hábiles manipulaciones de la "Internacional
Stalinista", junto al voluntarismo y a la vocación dictatorial de Fidel
Castro, y la intolerancia de los gobernantes norteamericanos,
comprometidos entonces con los gobiernos más corruptos y retrógrados del
mundo, entre otras cosas, condicionaron el alineamiento de Cuba al Campo
Socialista, el cual tenía una concepción monista del estado y
consideraba al derecho un instrumento del poder político.

Cuba salía así de su hábitat natural, su espacio histórico-cultural, el
hemisferio occidental y asimilaba una concepción orientalista,
inquisitiva, semifeudal, autocrática, zarista, con un poco de socialismo
utópico y filosofía alemana y, por supuesto, con mucho del clásico
dictador latinoamericano, cometiendo el error histórico, del que nos
había advertido José Martí hace más de cien años, de copiar doctrinas y
formas foráneas de gobierno.

LA CONCEPCIÓN ARCAICA DEL ESTADO Y DEL DERECHO SOCIALISTA

El Campo Socialista fundado y liderado por la entonces Unión Soviética,
tenía su base en la Rusia de la Revolución de Octubre. La Rusia feudal
en pleno siglo XX, que comenzaba a abrirse al modernismo cuando ya
occidente se estaba despidiendo de él. La Rusia que no había recibido
aún, de manera eficaz, las influencias del derecho romano, del
renacimiento, del iluminismo, del movimiento enciclopédico, de la
revolución industrial inglesa, y mucho menos de la revolución francesa y
de la concepción tripartita de los poderes del estado, que ésta le legó
al mundo en las ideas de Montesquiu, a no ser la creación de la Duma,
especie de parlamento sometido, legalizador por unanimidad viciada de la
muchas veces ilegítima voluntad del Zar, antecedente histórico de las
mal llamadas asambleas populares de los países socialistas totalitarios.

Rusia no había conocido una Constitución. "Sólo una vez, en noviembre de
1917, hubo un parlamento votado libremente, pero sin llegar a reunirse",
nos recuerda Michael Morozow, en su obra, "El caso Solzhenitsyn" El
pueblo ruso carecía de una tradición de opinión pública. Sus pensadores
estaban en la literatura, y sus vidas eran trágicas: Pusckin fue
asesinado por una camarilla de cortesanos aliados a Nicolás I; Lermontow
murió en un duelo; Gogol quedó medio loco luego de una huelga de hambre;
Rylejev fue ahorcado. Incluso, después de la Revolución de Octubre de
1917; Blok murió de inanición en Petrogrado; Essinin se ahorcó en una
habitación de un hotel de Leningrado después de escribir su último poema
con sangre en la pared de la habitación; Majakowki se suicidó de un
balazo en la cabeza; Gumilow fue fusilado; Máximo Gorki elige el exilio
voluntario por 10 años, y más recientemente Boris Paternaf y el propio
Solzhenitsyn reflejan en sus propias vidas el drama de todo un pueblo.

El comunismo soviético, era pues una sociedad dirigida por el Estado,
que trataba de fundir todos los ámbitos en un sólo bloque monolítico e
imponer una dirección común, desde la economía hasta la política y la
cultura, mediante una sola institución, el Partido. El arte, la cultura,
expresión real de los valores de una sociedad, se vieron aniquilados por
un Estado que no permitía crear sino a favor de sus intereses políticos
coyunturales. La tierra de la otrora extraordinaria cultura rusa, una de
las más importante de principios del siglo XX, venida la Unión
Soviética, no creó una arquitectura trascendente, a no ser la de "tipo
pastel" de la era estalinista, y reprimió a los músicos y a los
escritores. A tal frustrante realidad se le rindió culto, dentro de una
corriente ideoestética denominada Realismo Socialista, que ha
constituido un de los legados culturales más pobres que ha conocido la
humanidad.

LA ÚLTIMA EXPRESIÓN DEL MODERNISMO

La edad moderna, cuya obertura fue el renacimiento, vivió desde la época
de la palabra impresa hasta la era del lenguaje digital, desde el Siglo
de las Luces hasta el Socialismo, desde el positivismo hasta el
cientificismo, desde la revolución industrial hasta la revolución
informática, bajo el signo del hombre que, en tanto cumbre de todo lo
existente, era capaz de descubrir, definir, explicar y dominarlo todo y
de convertirse en el único propietario de la verdad respecto al mundo.
El Bloque Socialista, la última expresión del modernismo como era, donde
se creía que el universo y el ser representaban un sistema capaz de ser
explorado por completo, era además dirigido por una suma de reglas,
directrices o sistemas que, se pensaba, el hombre iría dominando y
orientando a su beneficio. Eran los tiempos del propósito de la sociedad
ideal: el comunismo, en virtud de una doctrina (el marxismo-leninismo)
que se consideraba la verdad científica, según la cual se debía
organizar la vida.

"Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras – había
advertido ya José Martí desde el siglo pasado -: el de las lecturas
extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia
disi
mulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo
empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos
defensores de los desamparados."

Ya en 1887, John Rae, en su libro Contemporary Socialism (obra de
consulta de José Martí) expresaba "El comunismo lleva a todo lo
contrario de lo que pretende alcanzar; busca igualdad y concluye en la
desigualdad, busca la supresión de los monopolios y crea un nuevo
monopolio, busca aumentar la felicidad humana y en realidad la reduce.
Es una utopía, y ? por qué es una utopía? … Porque la mayor igualdad y
la mayor libertad posible sólo pueden lograrse juntas"-

La caída del muro de Berlín significa pues, no sólo la derrota del campo
socialista (marxista-leninista) en la Guerra Fría, la victoria de los
valores occidentales en el planeta, sino el agotamiento de la era
moderna, la era de los mitos, las ideologías, los partidos de políticas
doctrinarias, aspirantes a la "toma del poder", y el inicio de una era
de circulación de ideas, información, concertaciones, una era sin
fronteras, sin distancias, de internacionalización de los procesos
productivos y de la soberanía de los individuos; la posmodernidad.

LA ERA POSMODERNA

La revolución informática, los satélites, la televisión, la
cosmonáutica, los teléfonos celulares, han roto las fronteras,
disminuido las distancias, multiplicando la información, las versiones,
acelerando los procesos de análisis a niveles de velocidad tales que la
inmediatez se ha convertido en un factor operativo fundamental. Un
movimiento conocido como "nueva epistemología" o "epistemología
alternativa" contribuyó a modificar la idea que hasta entonces se tenía
de las ciencias y de los mecanismos que la configuran. Este tránsito de
una época a otra, está vinculado además, a una serie de acontecimientos
sociales, políticos y culturales que han contribuido a moldear los
nuevos tiempos.

LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

Democracia – se sabe desde antaño por los Griegos-, es el poder del
pueblo; limitarla a la política es menguar el concepto. La tarea
histórica de los pueblos a través de la historia ha sido ampliarla cada
día. Los principios que inspiraron las declaraciones de los derechos del
hombre reconocen el derecho inalienable de los pueblos a participar
activamente en todas aquellas decisiones que les afectan. Sin embargo,
los políticos, científicos, e incluso la sociedad civil, incluyendo los
sindicatos continúan con el insuficiente discurso de hace más de
doscientos años de "desarrollo económico y democracia política."

Existe un peligroso e ilegitimo desbalance entre el poder ejercido
democráticamente por los pueblos a través de su participación en la
política y el poder de las corporaciones en virtud de la fuerza del capital.

El capitalismo, sin embargo, al no exigir una fe total, al no ser un
fenómeno esencialmente ideológico, sino básicamente un sistema
socio-económico, es compatible con la democracia política y económica.
Las fuerzas de la democracia, que están en la libertad, son a menudo
independientes y anteriores al capitalismo, más no se niegan entre sí, a
diferencia del esclavismo, el feudalismo o del socialismo leninista,
donde el hombre no es más que un apero de trabajo, un instrumento
parlante, un mero creador de riquezas para el Señor o un simple medio
para lograr la sociedad soñada por los "iluminados". La conversión de
una sociedad de proletarios a una de propietarios capitalizando
trascenderá las relaciones de producción, mercado, adquisición y
justicia social conocidas hasta el presente en pro de del mejoramiento
humano.

En la sociedad posmoderna, el orden político debe hacerse cada vez más
autónomo y la administración del orden más independiente del
capitalismo. El mercado, que surgió como una fuerza de la clase burguesa
para organizar la producción a su manera, como una forma de presión
contra el poder del Estado y los monarcas, además de un mecanismo de
circulación y asignación de bienes, con la internacionalización de los
procesos productivos, la revolución científica, la informática, en un
mundo sin fronteras, sin distancias, puede ser un instrumento nivelador,
de liberación, de una nueva categoría de la justicia. No es casual que
las grandes zonas comerciales hayan sido a través de la historia los
lugares de mayor fuerza creativa, de desarrollo.

El capital, unido a una democracia que regule los elementos de la
economía, que garantice la soberanía del hombre y le permita su
desarrollo, como fin primero, enfatizando el aspecto social, será
vigente en la nueva era, pues el capitalismo, por su naturaleza no puede
ser un monopolio total. El capital regido por la democracia conforma una
sociedad plural, flexible, capaz de mutaciones.

La democracia política occidental, en el concepto moderno, apenas tiene
doscientos años y a ella se debe indudablemente el desarrollo que se ha
logrado en el mundo en nuestro tiempo. Sin embargo, viejos conceptos
financieros, de la propiedad, de las inversiones, de las relaciones
internacionales, un menosprecio al valor del trabajo con relación al
capital, entre otras cosas, han imposibilitado que en la economía haya
sucedido lo mismo.

La globalización de la economía, si bien es cierto que por un lado
concentra cada vez más el poder inversionista, por otro, en una
favorable contradicción dialéctica, no hace lo mismo con los procesos
productivos e industriales. Las fábricas se van allá, adonde les queda
más cerca la materia prima, la fuerza de trabajo más barata, al antes
inhumanamente explotado extractor de materia prima, hoy el nuevo
consumidor, en fin a los países pobres a los que en el pasado sólo iban
a buscar materia prima y a llevar la mercancía elaborada en los grandes
centros industriales de los países ricos. En consecuencia los problemas
del empleo y demás efectos negativos que lógicamente trae cualquier
progreso, los sufrirán lo mismo los pueblos de los países pobres que los
de los países reconocidos en la actualidad como ricos. Las fuerzas
sociales de todo un mundo sin fronteras exigirán entonces, a través de
sus gobiernos, de sus instituciones civiles, políticas, económicas, en
fin, de todo tipo, la búsqueda de soluciones. Un ejemplo lo ha sido cómo
determinados centros financieros, estimulados por sectores ofrecen ayuda
técnica y les garantizan mercado.

En los últimos tiempos en Estados Unidos, España y en otros países han
triunfado grupos de vecinos, amigos, de profesionales que han logrado
convertirse en trabajadores y dueños, servidores y servidos de sus
propias empresas, lo que ha significado un impulso a un proceso de
democratización económica, que según muchos estudiosos, al fin,
derrotará a las viejas oligarquías económicas que como las políticas,
con el progreso de las ciencias y la democracia, perdieron su vigencia
histórica. La era posmoderna exige, además de la plenitud del individuo,
de la frat
ernidad humana, de la igualdad de todos los ciudadanos ante la
ley, una evolución conceptual, donde el trabajo adquiera su justo valor
ante el capital, donde no sólo habrá un capital al servicio de la
sociedad, sino la sociedad capitalizando.

EL DERECHO EN LA POSMODERNIDAD

Yo quiero que la Ley primera de la república sea el culto de los cubanos
a la dignidad plena del hombre.

En la era primaria el hombre se sometía sencilla y naturalmente a la
voluntad divina. Eran inexplicables los fenómenos naturales y sociales.
Con el tiempo inventó el derecho a fin de regular las relaciones
sociales que nacían con el desarrollo, llegando a idealizarlo como
"aquel que la razón natural establece entre los hombres", "el arte de lo
bueno y lo equitativo", "la ciencia de lo justo y de lo injusto", "la
voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que le pertenece".

Con el tiempo, el hombre, que en su naturaleza lleva el "pecado
original", conociendo las virtudes del derecho y sabiéndose poderoso
sobre la tierra, advino entonces en utilizarlo como instrumento de su
transitoria voluntad, imponiendose siempre, por supuesto, los sectores
dominantes. Ya en la antigüedad, Solón, el Legislador Ateniense había
expresado que " [l]as leyes son semejantes a las telarañas, contienen a
lo débil y ligero, y son deshechas y traspasadas por los fuertes y
poderosos." Y más recientemente Carlos Marx, con su mínima, creída por
muchos como máxima, lo repitió diciendo que "[e]l derecho es la voluntad
de la clase dominante erigida en ley", negándole, por tanto, sus valores
de ciencia. Sin embargo ya San Pablo en Romanos 2, Versículo 20 nos
expresa "que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad".
Desde entonces, y a través de todo el tiempo, se debate si el derecho es
un instrumento de voluntades dominantes o una ciencia social autónoma,
con sus propios valores, capaz de procurar la justicia, el equilibrio,
lo bello, en fin, de crear más naturaleza.

Cuando el derecho comienza a responder a los fines inmediatos y
particulares, a ser utilitario, se convierte en un instrumento que no
necesariamente vela por la armonía de todos lo valores y las cosas que
componen el cosmos, sino más bien por la teoría del orden social que se
fundamenta en la relación derecho-poder. El legislador comenzó a crear
conforme a criterios temporeros, prácticos, esenciales para la
protección de intereses dominantes. Las escuelas de Derecho demuestran
una filosofía educativa inclinada casi totalmente a satisfacer las
exigencias políticas de cada época, las demandas práctica de los estados.

En la primavera de 1997, en un encuentro de miembros de la judicatura
española y profesores puertorriqueños, con los estudiantes de la Escuela
de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, el Decano del alto centro
docente, Lcdo , hoy presidente de la Universidad de Puerto Rico,
defendió la facultad de los gobernantes de nombrar los jueces
superiores, porque según él, ello "contribuía a tener políticamente
actualizada a la judicatura" ignorando que la política en nuestros
tiempos, no es mas que un instrumento ideológico, va a la zaga de las
ciencias y las artes. Para más adversidad, el Profesor de Derecho
Constitucional de la propia escuela, Licenciado José Julián Álvarez, se
negó a considerar al derecho como una ciencia social. Es decir, para
este profesor el derecho no es mas que el dogma establecido.

En consecuencia, tanto la derecha, como la izquierda totalitaria, como
sus respectivos intelectuales, han ido creando su propia personalidad
fundamentalista, en el cual rige el principio de que el Derecho puede
ser válido sin tener que ser justo, que puede haber, y de hecho la hay,
legalidad sin legitimidad. Esa es la penosa realidad aún en los estados
más desarrollados de occidente, que tienen su base en la revolución
francesa, con su clásica concepción tripartita de poderes, donde el
derecho es reconocido en lo que debiera ser pero que no es, una ciencia
social autónoma, y donde paradójicamente, las judicaturas aunque
proclamadas "independientes", están sujetas a la voluntades de las
esferas de poder.

En Francia la rama judicial esta subordinada al Consejo de Estado; en
Estados Unidos, los jueces superiores son nombrados – aunque de por vida
– por el ejecutivo, con la aprobación del Congreso, lo que hace
discutible predecir si sus fallos obedecerán a voluntades políticas
coyunturales o a los valores de las ciencias jurídicas.

Las críticas de los movimientos revolucionarios del presente siglo a
"las clases dominantes y explotadoras" lograron desenmascarar la
naturaleza oportunista, y en consecuencia muchas veces corrupta, de los
sistemas jurídicos del mundo entero. Sin embargo no pudieron
trascenderlo. Todo lo contrario, el movimiento revolucionario se amparó
en el marxismo el cual carece de una completa doctrina en filosofía. "No
ha sido posible a partir de la metodología elaborada por Marx,
establecer una línea de investigación y reconstrucción histórico-teórica
en torno al Derecho, que sea siquiera, en cierto modo comparable, por su
valor crítico, a la seguida por Marx en la economía política de El
Capital". Para más gravedad, la izquierda internacional del siglo XX
cometió el error histórico de someterse al liderazgo – quizás primero
por las influencias del sueño de la Revolución de Octubre, devenida
después, con el Stalinismo, en una pesadilla y también por lógica
consecuencia de la Guerra Fría – de la extinta Unión Soviética, la que
como todos los demás países socialistas, pecó siempre de revisionismo,
de esquematismo, de formalismo, dogmatismo, y sobre todo de una perversa
arbitrariedad justificada en la "dictadura del proletariado", que
heredaba el cruel y autocrático sistema institucional ruso, que le
impide al hombre el derecho natural a pensar, al consagrar
constitucionalmente que el Partido Comunista es quien dirige y orienta a
la sociedad, estado y gobierno.

Es la intelectualidad de izquierda que por sus prejuicios ideológicos,
por oponerse a las políticas imperialistas de los sucesivos gobiernos de
Estados Unidos, ignoran que la Constitución de Jefferson, es la única en
el mundo que hace al hombre soberano de sí mismo y al estado en su
instrumento, y por tanto el presidente puede ser juzgado por los
tribunales y un juez de la menor jerarquía puede declarar
incostitucional a una ley, y evitar una guerra civil.

Tras el triunfo de la Revolución de Octubre, Lenin implantó la
"dictadura del proletariado", sin proletarios (Rusia era, en pleno siglo
XX, un estado feudal) y rápidamente degeneró en la dictadura de la
burocracia del Partido Comunista. La tripartición de poderes de
Montesquieu, fue considerada un aporte dañino de la revolución burguesa,
que había no sólo que ignorar, sino que aplastar.

Abierta la Escuela de Derecho, a mediados de los años setenta a la nueva
generación, comenzaron a integrarse a la vida judicial del país, a
principios de los a
ños ochenta, jóvenes ajenos a las culpas que crearon
las causas del último drama nacional. Eran los tiempos en que aún
quedaba vivo el recuerdo de un capitalismo despiadado y en el que,
paradójicamente, se afirmaba en los resultados, la incapacidad del
sistema socialista de producción y su centralizada planificación.

Este es el drama de la revolución devenida en marxista-leninista. Los
hombres que pretendieron dominar la historia caen víctima de ella.
Sepulta al hombre en sus circunstancias. Y es que para el estalinismo,
método de gobierno de todos los países donde se desarrolló el mal
llamado "socialismo real", la meta y aspiración liberadora y
desalineadota cedió ante el avasallador movimiento inmediato. La
necesidad del momento se convirtió en virtud de validez general,
cercenando las posibles perspectivas humanistas.

Todo cambio comienza con la revolución pacífica de los valores de
conciencia propia, clarificando los fines de nuestra conducta,
sometiéndonos al escrutinio de la autenticidad.

En un debate desarrollado en la Habana, reflejando la crisis ideológica
que en el campo del derecho plantearon los miembros de la Carriente
Agramontista, el Profesor Titular de la Escuela de Derecho de la
Universidad de la Habana, Dr. Julio Fernández Bulté (Controversia: ¿Qué
esperar del Derecho?. Revista Temas, No.8,1997, pag.80. La Habana,
Cuba.), reconocía "la falta de una completa doctrina del pensamiento
marxista en jusfilosofía." Y continuaba: "[s]i examinamos la elaboración
de ese pensamiento marxista, comprobamos que pecó casi siempre de
revisionismo, de esquematismo, de formalismo – cuando no de
dogmatismo…lo cual redujo casi toda la concepción del marxismo a que
el Derecho es un simple reflejo de las relaciones económicas, con lo
cual se olvidaron las mediaciones que hay entre los hechos económicos y
la elaboración jurídica de estos, y se hizo un flaco favor al logro de
un concepto rico y verdaderamente dialéctico del derecho."

En el mencionado debate, el ex Fiscal General de la República, Dr. Ramón
de la Cruz Ochoa, haciendo alarde de desfachatez y de la falta de
recursos éticos con que cuenta el régimen castrita y la grave crisis de
valores que enfrenta el sistema, respondió: …"me parece encontrar una
especie de llamado a engrandecer el papel del Derecho y de los juristas
en nuestra sociedad, a otorgarle un papel protagónico. Debo decir que no
creo en nada de eso." A lo que Fernández Bulté respondió con la
brillantez que le caracteriza: …[e]l derecho no puede ser utilitario,
porque no todo lo útil es ético …[t]ambién puede ser un instrumento de
autoritarismo, porque Derecho también eran las disposiciones de los
zares de Rusia." A lo que Ramón de la Cruz replicó con su carácter de
inquisitivo: "[a] mi, tu planteamiento me suena mucho a
neojusnaturalismo." "Si nos colocamos más allá de la dicotomía entre
Derecho positivo y el natural -concluyó Fernández Bulté – podremos
apreciar lo positivo del jusnaturalismo: la inconformidad y la rebelión
con lo que está normado y la aspiración deontológica a algo superior.
Desde esa posición acepto y suscribo ese jusnaturalismo."

En la posmodernidad, el derecho es valorado y reconocido en lo que es:
una ciencia social autónoma capaz de ejercer su imperio al servicio de
la pluralidad política y social de la nación, en virtud de un poder
judicial verdaderamente independiente, procurador de sus propios
funcionarios, al margen de ideologías o intereses políticos coyunturales.

La nueva era hace innecesario a los iluminados, los mitos, las ideas
preconcebidas; el mundo entero está ahí, en nuestras computadoras. No es
necesario un tendencioso partido que nos oriente, sino un estatus que
nos garantice la libertad individual de elegir, confiando en la
capacidad genial de discernir la mejor opción que tiene el hombre
informado, el hombre posmoderno. Las garantías ciudadanas, los derechos
del individuo, la libertad del hombre es más importante que la soberanía
de los estados, porque en fin, el hombre no es medio para fin alguno, el
fin es el hombre.

El viejo y ahora estrecho concepto de república, ya no es una esperanza
humanista. Son necesarios nuevos mecanismo integracionistas en una
magnitud dialécticamente superior a los hasta el presente conocidos;
esencia que los partidos políticos tradicionales no han podido, ni
podrán expresar jamás sí no despojan sus discursos de ideologías e
incorporan la pluralidad humana y social, lo que los llevará a una
constante política de diálogos y concertaciones, en virtud de las
ciencias, las artes y el sentido común, ajena a la tradicional voluntad
de ganar las elecciones y "toma del poder".

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=11613

POR UNA NUEVA CONCEPCION DE LA SOCIEDAD, EL ESTADO Y EL DERECHO CUBANOS
(2da. Parte)
2007-09-15.
Faisel Iglesias

LOS ESTADOS Y LOS GOBIERNOS EN LA POSMODERNIDAD

En Nuestra América históricamente los pueblos no han podido ver a los
estados y gobiernos como un conjunto de instituviones a su servicios,
sino como instrumentos de poder, sometimiento, estructuras de
corrupción, en fin, como sus enemigos. Y es lógico que así sea.

Nuestros pueblos no llegaron a darse las instituciones que necesitaban
para una mejor vida, sino que fuerzas foraneas, obedeciendo a sus
intereses implantaron estados y gobiernos agenos a los intereses de los
autoctonos. Es lógico que, en consecuencia cuando hablamos de ejercer
las funciones de los estados y gobiernos decimos "ejercicio del poder".
No lo vemos como un servicio publico.

Los pueblos miran entoncers a sus politicos con desconfianza y estos ven
en los gobiernos la posibilidad de someter al adversario, de lucrarse,
porque ellos mismos, no tienen plena conciencia de la funcion social de
los estdos y los gobiernos. Estas circunstancias, entre otras, han hecho
ineficaz la concepción tripartita de los poderes del estado. El
necesario valance de poderes ha quedado solo en la teoria.

Es por tanto necesario un cambio de mentalidad de los pueblos con
relacion a cual es la funcion de los estados y gobiernos, asi como un
cambio de mentalidad en nuestros politicos a fin de que se comprenda que
el ejercicio de las funciones de los estado y los gobiernos no debe
considerarse como un ejercicio del poder sino como un servicio publico.

Este es un principo de la modernidad que nunca apreciamos y que en
nuestras era cobra mayor significado. En un mundo sin fronteras
nacionales, sin distancias, rompiendo las defensas de los viejos y
nuevos marginados, será necesario crear las instituciones que,
interiorizadas por los individuos les faciliten lo más posible el acceso
a su autonomía individual, y la posibilidad de participación efectiva en
cualquier poder explícito que exista en la sociedad.

Hacer al hombre principio y fin, libre, aún cuando sus gobiernos no lo
sean, de lo contrario no estaremos a la altura de la historia, y
frustrados unos y desesperados otros continuaremos en este mundo de
violacion de los derechos hum
anos, de afrenta a la dignidad humana, del
irrespeto de la dignidad del trabajo ante el capital, de explotacion,
marginalidad, de drogas, con el horrendo método del terrorismo. "Donde
falta el trabajo nace el crimen", afirmaba José Martí.

En la era posmoderna los gobiernos deben proteger ciertos derechos
inalienables que brotan de la misma naturaleza del hombre. Derechos que
no se destruyen cuando se crea la sociedad civil, y ni la sociedad ni el
gobierno pueden anular ni alinear – so crimen contra la naturaleza
humana – pues cada individuo los posee por el hecho de existir. A los
mismo deberá ir sumando – el hombre es un ser social – el derecho al
trabajo, la salud, la cultura, la vivienda, una vida decorosa, derechos
que, a diferencia de los derechos básicos, necesitan de la intervención
de los gobiernos. Es el tiempo en que los gobiernos no le conceden a los
hombres sus derechos básicos, esos son inherentes a la naturaleza
humana, sino que las constituciones de los estados PROHÍBAN a los
gobiernos interferir en el disfrute de los ciudadanos de tales libertades.

"La miseria no es una desgracia personal, es un delito público" decía
José Martí y continuaba: …"remediar la miseria innecesaria es un deber
del Estado"…

El papel de los gobiernos, como representantes del bien común, de la
sociedad, será más importante que nunca antes en la elaboración de
políticas públicas, de programas sociales que garanticen una vida digna
para todos, requisito imprescindible para la necesaria estabilidad
política que garantice las inversiones foráneas.

UN ESTADO CON CINCO PODERES INDEPENDIENTES

Para Cuba y toda latinoamerica el concepto occidental de la Tripartición
de Poderes ha resultado insuficiente. La corrupcion de los funcionarios
y utilizar el estado como instrumento de sometimiento ha sido la verdad
histórica. En consecuencia el país necesita un sistema de pesos y
contrapesos institucionales, donde cada cuerposea elegido por la
voluntad soberana de los ciudadanos.

1) PODER JUDICAL

El Poder Judicial deberá tener profesionales de carreras y otros elegido
por los ciudadanos, a fin de que exista un balance entre funcionarios
que deben responderle al pueblo directamente y aquellos que deben
ejercer su magisterio sin tener que estar atento a las coyunturas
económicas, políticas y sociales. Su función debe ser impartir justicia,
interpretar las leyes y velar por la constitucinalidad de las mismas,
así como la de los demás actos de cualquiera de los poderes del estado.

2) PODER LEGISLATIVO

El poder legislativo deberá ser elegido democráticamente por la voluntad
ciudadana y sus funciones serán legislar e investigar a los fines
legislativos.

3) PODER EJECUTIVO

El Poder Ejecutivo, será el encargado de desarrollar la obra de
gobierno, dentro de los marcos institucionales y legales vigentes.

4) PODER FISCAL

El poder Fiscal deberá ser un garante de la legalidad. Velar por la
pulcritud de la administración pública. Debera auditar, controlar,
fiscalizar y encausar a personas naturales y jurídicas.

5) PODER ELECTORAL

El Poder Electoral será el encargado de certificar a cada funcionario en
el puesto que ha ganado por oposición, en virtud de un mejor derecho, o
para el que ha sido elegido en virtud de la voluntad ciudadana. Debe ser
una garantía en contra del nepotismo, las influencia y la incapacidad.

EL SOBERANO ES EL HOMBRE

El hombre no es medio para fin alguno aunque éste sea el bien
intencionado propósito de construir un paraíso en la tierra; el fin es
el hombre. Desde las sagradas escrituras sabemos que Dios nos hizo a su
imagen y semejanza, que el sábado es para el hombre, no el hombre para
el sábado.

En un principio, cuando el hombre no se explicaba los fenómenos, el
soberano era la voluntad divina. El surgimiento del Estado y la
invención del Derecho, en fin, el poder constituido de los hombres sobre
la tierra, hicieron nacer el concepto clásico de Soberanía de Bodino:
"[e]l poder supremo sobre los ciudadanos y los súbditos no sometido a
las leyes". Surgió como un elemento defensivo de los estados contra el
poder de la Iglesia y los señores feudales, después para extender el
poder de los estados hasta llevarlo a planos absolutos.

El principio de soberanía tiene dos vertientes: una interior, que se
proyecta sobre los elementos que habitan dentro de las fronteras donde
se ejerce, justificando y exigiendo obediencia al poder del estado en
virtud de su titularidad; y otra exterior, como expresión de
legitimidad, pues en realidad no exige que todo el poder se edifique
sobre el consentimiento de los ciudadanos sino que se presente como
representante de la sociedad.

El principio de Soberanía Nacional ha servido de fundamento para que el
pueblo se limite a elegir cada cierto, y muchas veces inciertos, números
de años, a quines han de formar la voluntad nacional con plena libertad,
mientras el principio de de Soberanía Popular, legitima el poder estatal
sobre el axioma de su titularidad por el pueblo, asentado en el
consentimiento de los ciudadanos, quienes podrán determinar la acción de
los elegidos. El principio de Soberanía Popular ha quedado vinculado
históricamente al sufragio, al imperio de la ley, a un entendimiento de
la democracia en que la participación del ciudadano no puede quedar
reducida a elegir a sus gobernantes cada cierto número de años, sino a
condicionar las decisiones de éstos.

Sin embargo, el "poder constituido" del pueblo o el más falsamente
llamado "poder del pueblo" se confunde maliciosamente por los
gobernantes, con el principio de Soberanía Nacional – gracias a la madre
de los estados modernos, la revolución francesa, que consagró en La
Constitución de su V República que "[l]a soberanía nacional pertenece al
pueblo francés, que la ejerce por medio de representantes, por la vía
del referéndum". En fin, estos "elegidos" se han constituidos en los
soberanos representantes del pueblo en vez de ser los representantes del
pueblo soberano.

En consecuencia la voluntad del pueblo ya no es la suma de la voluntad
de cada uno de los ciudadanos, sino la de sus representante elegidos
desde y por años -, limitando el derecho de cada ciudadano a participar
creadora y responsablemte en la solución de las siempre novedosas y
crecientes encrucijada que nos depara el devenir.

Un retroceso histórico del derecho del hombre a la soberanía lo
constituyó la presunta Revolución Socialista de Octubre, la que por
inspiración de Lenin, impuso la facultad de un ente incorpóreo, una
ficción jurídica, el Partido Comunista, de dirigir y orientar a la
sociedad toda hacia la conquista de la sociedad ideal; el comunismo. Tal
aberración jurídica esta consagrada hoy en Cuba, en el artículo 5 de La
Constitución Socialista.

En consecuencia, la conciencia jurídica de nuestro tiempo, los sistemas
jurídicos de los diferentes estados y el orden internacional vigente
resultan inconsecuente con una nueva era que dota a cada hombre de la
información necesaria, para que actúe sabia y responsablemte en la
solución de los problemas de un mundo contingente y fortuito.

E
l aparato del estado, los partidos políticos, las doctrinas tienen los
instrumentos jurídicos que les permite sustituir al hombre. Más [e]l
primer trabajo del hombre es reconquistarse." No se trata del acto
extraordinario de imponerse a los otros hombres, de ser el encargado de
iluminar a los demás. Se trata del derecho y el deber natural de cada
ser humano de defender su individualidad, su espiritualidad. "Ni
originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras
no se asegure la libertad espiritual." Porque la primera libertad, base
de todas, es la mente. Y realizarse, además, en armonía con la sociedad
– esa que no es la colectividad abstracta, sino la suma de los
individuos-, porque el hombre es un ser social. Hace casi cuatrocientos
años, Cervantes en unos veros del nivel de su prosa expresó:

y he de llevar mi libertad en peso
sobre los propios hombros de mi gusto

"!La libertad en peso!" – lo que hace suponer que causa alguna
pesadumbre- es algo que brota de uno mismo, complace y a la vez cuesta
trabajo y exige responsabilidad. En el fondo se trata de la verdad como
autenticidad. No la del decir ni la del pensar, sino la verdad de la
vida, esa coincidencia de consigo mismo y la naturaleza. Cuando el
hombre no sostiene su libertad se miente a sí mismo.

Confundir las voces con los ecos, sostener silencios en apariencias de
decoro es contribuir a la desorientación de los que quizás no tengan
recursos para descubrirse a sí mismos. Claro es necesario una dosis de
clarividencia, de sinceridad con uno mismo, de decencia, una capacidad
de distinguir, de discernir que no es universal. La salvación está en
nosotros mismos, recordar el verso de Cervantes; "tu mismo te has
forjado tu ventura".

El héroe y mártir por la independencia de Cuba y la liberación de los
cubanos, Ignacio Agramonte, ante sus profesores en la Escuela de Derecho
de la Universidad de la Habana, ya en 1862, dijo: …"[e]l individuo
mismo es el guardián y soberano de sus intereses, de su salud física y
moral; la sociedad no debe mezclarse en la conducta humana, mientras no
dañe a los demás miembros de ella. Funestas son las consecuencias de la
intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún
cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la
individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y
futuro de ella … Que la sociedad garantice su propiedad y seguridad
personal son también derechos del individuo, creados por el mero hecho
de vivir en sociedad"…

"La centralización hace desaparecer ese individualismo, cuya
conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad… se comienza
por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la
intervención de la sociedad en su acción, destruyendo la libertad,
sujetando a reglamentos sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas
afecciones, sus necesidades, sus acciones todas. El Estado que llegue a
realizar esa alianza (del orden con la libertad) será modelo de las
sociedades y dará por resultado la felicidad suya, y en particular de
cada uno de sus miembros; la luz de la civilización brillará en él en
todo su esplendor."

"Por el contrario, el gobierno que con una centralización absoluta
destruya ese franco desarrollo de la acción individual, y detenga la
sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y
en la razón, sino tan sólo en la fuerza; ya el Estado que tal fundamento
tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e
imperecedero, pero tarde o temprano, cuando los hombres, conociendo sus
derechos violados, se propongan a reivindicarlos, oirá el estruendo del
cañón anunciarle que cesó su letal dominación"-

La interioridad del hombre, su espiritualidad, su conciencia es sagrada.
Violársela sería mutilarlo en plena vida. Al hombre no se le puede
conducir por cánones, doctrinas, ideologías hacia un fin predeterminado,
aunque éste sea el bien intencionado camino de la sociedad ideal, porque
sería convertirlo en un instrumento. En la posmodernidad el hombre
necesita la plenitud de su individualidad, el afianzamiento de su
capacidad de discernimiento, ante la avalancha de información y
tendenciosidad, que con inmediatez nos lanzan los medios de
comunicación. No es el tiempo de un modo de ser o aparentar, que una
moda, expresión de cierta clase o distingo, ejerza su imperio. Es la era
en que cada individuo refleje su propia individualidad. En la
posmodernidad no impera una idea, una moda, sino que circula la
información, reina la individualidad a fin de su plenitud y a partir de
ella la donación, las concertaciones, la socialización, la trascendencia.

UN DISCURSO TRASCENDENTE

La Nación Cubana -esa que siempre ha vivido en los dos aleros del
Estrecho de la Florida- se encuentra dividida hoy como nunca antes, más
que por el accidente geográfico, por fronteras estatales, sistemas
jurídicos, economías, ideologías, intereses, y rencores que tienen sus
causas en tiempos históricamente pasados.

El Santo Padre, en su mensaje a la Jornada Mundial de la Paz, celebrada
el 1 de enero de 1997, expresaba …"No se puede permanecer prisionero
del pasado: es necesaria, para cada uno y para los pueblos una especie
de "purificación de la memoria", a fin de que los males del pasado no
vuelvan a producirse más".

No se trata de olvidar el pasado -todo lo contrario- sino de releerlo a
la luz de las nuevas circunstancias, juzgarlo con los valores de la
nueva era, con sentimientos nuevos, aprendiendo precisamente de las
experiencias sufridas. Sólo el amor construye; el odio es destrucción y
ruina.

El Padre José Conrado Rodríguez, ex párroco de Palma Soriano, en
entrevista concedida al periodista José Alfonso Almora, del Canal 23 de
Miami y publicada en la revista Ideal No. 276, expresaba: " Nosotros
somos un pueblo herido por las divisiones y la violencia, por la
desconfianza, por la sospecha. Nos hemos refugiado tantas veces detrás
de la máscara del temor, porque el temor nos ha hecho fabricar muchas
máscaras… Necesitamos alguien que nos convoque en nombre del amor.
Nosotros vivimos prisioneros del pasado, prisioneros de nuestros odios y
nuestros miedos, desconfiando unos de los otros, los de la isla de los
de afuera, los de afuera de los de adentro de la isla… Necesitamos a
alguien que nos mire a los ojos y nos diga: levántate y hecha a andar. Y
no en nombre de una ideología sino en nombre de Aquel que pasó por el
mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos".

Es imprescindible generar confianza, discutir contenidos, inventar el
futuro, articular estrategias, promover fuentes de acción, aprovechar
los momentos de verdad (las verdades no son eternas), reconocer con
sinceridad, mantener la atención, crear conciencia (en virtud de
conocimientos), obtener pequeños resultados para lograr grandes cosas y
cerrar con el pasado.

El instrumento para llevar a cabo una agenda de cambios coherentes es la
eficacia del discurso. Una realidad nueva exige novedad en el lenguaje.
La clave para crear una nueva realidad descansa en comu
nicar compromisos
y hacerlos realidad palpable. A pesar de que hace más de cien años José
Martí, a quien ya los soldados en armas llamaban "Presidente", sólo se
consideró un "Delegado" de los que dentro de la isla entregaban su vida
a la causa de la libertad, y a tales fines se encargó de recabar,
centavo a centavo, recursos para sostener la "guerra necesaria".

El caudillismo – cáncer de nuestra historia- nos hace ver a nuestra
propia tendencia como la única salvadora, convirtiéndonos en adversarios
de nuestros compañeros. No marcha sin tropiezos quien en vez de mirar al
frente pone los ojos por sobre los hombros. No tiene futuro el proyecto
político que pretenda evitar algo, en vez de vislumbrar el porvenir. "Es
necesario todavía hacer una revolución, que no haga Presidente a su
caudillo. Una revolución contra las revoluciones. El levantamiento de
todos los hombres pacíficos -soldados solamente una vez- para que ellos,
ni nadie, vuelvan a serlo jamás", avizoró el apóstol José Martí.

EL MOVIMIENTO CUBANO PARA LA POSMODERNIDAD

El hombre, en realidad, es producto de las condiciones históricas de una
época determinada, de las tendencias de la época que vive, de las
orientaciones de la cultura donde se encuentra inmerso, del sistema
económico que lo envuelve, de la organización social que pretende
dominarlo, de la sensibilidad que se agita en su alma, y del lugar que
ocupa en la pirámide social del mundo en que se envuelve. Vicente
Aleixandre nos daba esa naturaleza social del hombre en estos versos:

No te busques en el espejo
en un extinto diálogo que no oyes.
Baja, baja despacio y búsquete entre los otros.

En su artículo Nuestro Deber, aparecido en periódico El Fígaro, el día 3
de junio de 1902, Enrique José Varona, expresaba: "[e]l conocimiento
pleno de lo que, en cada ocasión, constituye nuestro deber es una fuerza
incomparable. La causa de los más tremendos conflictos, y por tanto de
la mayor flaqueza, en la conciencia humana es, las más de las veces, que
vemos confusamente lo que debemos hacer y titubeamos en reconocer la
ruta que el deber nos señala." Y continuaba el Maestro, …"la más alta
dignidad cívica estriba en respetar el derecho." Por supuesto Enrique
José Varona no cree que haya dignidad en el respeto a ese derecho como
instrumento de voluntades dominantes y transitoria, sino de ese derecho
negado por los positivistas de derecha y los positivistas de izquierda
(los Stalinistas), que concibe al derecho como una ciencia, con valores
propios, capaz del equilibrio, lo justo, lo bello, en fin, creador de
más naturaleza. El presidente de Checoslovaquia, en su obra "El poder de
los sin poder" expresa: "[t]odo ese complejo estático de los partidos
políticos de masa (…) cuya finalidad acaba en ellos mismos (…)
difícilmente pueda ser considerado como vía que llevará al encuentro de
nosotros mismos."

LA CORRIENTE AGRAMONTISTA

En consecuencia con estas novedosas realidades e exigencias,
constituimos La Corriente Agramontista. No es una agrupación ideológica
de hombres pertrechados en una doctrina que, en virtud de una voluntad
heroica pretenden, como fin primero y último, imponer un proyecto
político, ni se constituye para defender una determinada clase social –
"!dígase hombre y se ha dicho todo!"-, ni interés nacionalista alguno:
"Patria es humanidad". Es una corriente de pensamientito, un Movimiento
de movimientos. Se fomenta con el propósito de estimular la creación
individual y colectiva, instrumentar vías de comunicación, procurar
espacios para las concertaciones, defender la dignidad, la vida humana,
la naturaleza, la igualdad de posibilidades, la solidaridad y el respeto
a otras opiniones.

La Corriente Agramontista no es una idea, es un valor. No es una
organización política, es un actitud en virtud de la conciencia de una
nueva necesidad histórica. Muertos los mitos, derrotadas las ideologías,
innecesarios los iluminados, demostrado que la realidad es mucho más
rica que cualquier idea preconcebida, que el primer escalón del porvenir
es el presente, el hombre debe estar capacitado para discernir la
complejidad de una nueva era histórica y buscar soluciones dignas a cada
encrucijada, con la responsabilidad que exige el peligro de lo nuevo, y
la alegría de haber nacido como seres sociales a fin de contribuir, con
la plenitud del hombre y la solidez de la sociedad al afianzamiento de
los valores nacionales y a la integración de Cuba al mundo.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=11614

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