Transport in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Calendario
March 2007
M T W T F S S
« Feb   Apr »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  
Categorías
Archivos

Vigilantes y recaderos

Reportaje
Vigilantes y recaderos

Miles de trabajadores sociales ven desinflarse sus sueños profesionales
a causa de 'misiones' políticas y económicas alejadas de su perfil.

Luis Felipe Rojas, Holguín

lunes 26 de marzo de 2007 6:00:00

"Estoy desilusionado, hemos pasado de la idea de la asistencia social al
mero hecho de repartir cazuelas y reponer bombillos". Quien así habla es
Carlos, joven que abandonó los estudios de bachillerato para iniciarse
como trabajador social, una profesión más que necesaria en cualquier
sociedad contemporánea.

Sin embargo, como todo lo que se hace a la "criolla", se vuelve al
revés. Miles de jóvenes, casi adolescentes, se volcaron a una orden
dictada desde el partido comunista y en pocos años han servido de
inspectores en la economía, pisteros, supervisores de cualquier estrato;
todo, menos la primaria labor de la prevención social.

Una mañana fresca de inicios de año se veía a una decena de trabajadores
sociales sentados en el contén de un parque de provincia. La espera se
prolongó toda la mañana, pues "el transporte casi nunca llega", dijo uno
que prefirió no dar su nombre.

Como él, Carlos es uno de los que se lamenta sin esconderse: "Primero
fue la separación brusca de la familia, ya que yo pensaba quedarme a
trabajar en las comunidades cercanas a mi casa. En cuanto me gradué, me
enviaron al plan 'Gasolina'. El cambio fue violento, tanto respecto a
mis padres como a la novia de ese entonces, que ya sabes, al mes y
medio, nos habíamos peleado sin siquiera volver a vernos. Al igual que a
mí, le pasó a otros".

Pero no sólo en su vida íntima, familiar, el tiempo le ha dado bandazos.
Aunque la educación es un aspecto muy "cuidado" y "promovido" por el
Estado, los trabajadores sociales, hijos predilectos de lo que llaman
aquí "batalla de ideas", son víctimas de la improvisación y el
planeamiento arbitrario del envío a las misiones.

"Yo estaría en tercer año de Psicología, pero apenas he podido rebasar
las asignaturas que complementan un solo curso", se lamenta Carlos. Una
muchacha que lo acompaña atestigua: "Aunque nos incorporan una y otra
vez a las aulas, no vamos más allá de la segunda convocatoria, nos han
dicho que tenemos todas las posibilidades de presentarnos; pero sin
recibir las clases, ni con 1a distancia asistida, se puede vencer una
materia".

Esto no es nuevo en la historia de la revolución. Primero fueron los
alfabetizadores, después las movilizaciones cañeras, las misiones de
guerra a África, los contingentes para que la zona niquelífera de Moa se
convirtiera en la "obra de choque de la juventud". Ahora tocan las
infinitas misiones a las que envían a los jóvenes trabajadores sociales.
Lo cierto es que siempre hay un "después" cuando de asuntos personales
se trata. Para la dirigencia política, como si estos jóvenes estuvieran
fuera del censo nacional, la patria es lo primero.

Dos caras de la moneda

"La primera vez que me enviaron de misión fue a una gasolinera, pero ni
despachaba ni tenía que vigilar todo el tiempo. La pasé mejor de lo que
me habían contado los otros". Elena es de las que piensan que se ha
salido un poco de la mano de sus padres, ha conocido otros lugares y
gentes, y no le ha ido tan mal.

"Por otra parte, aunque fuimos a 'combatir la corrupción' en las
gasolineras, uno no tiene por qué rechazar los regalos y propinas, que
si tú no te llevas, se los lleva otro", añade.

En este aspecto aparecen divididas las opiniones. Unos ven con ánimo de
aventura y bienestar alojarse en buenos hoteles de la capital y otras
ciudades importantes, y a otros no les ha hecho mucha gracia viajar
hasta Guantánamo o Las Tunas para encaramarse en una cisterna con la
intención de "vigilar" y "delatar" a chóferes y piperos.

Contrario a lo que se queja Carlos, Elena siente que ha escogido la
carrera equivocada, las letras no son su fuerte y el supuesto atraso en
las materias que ven otros, para ella es una ventaja:

"En la sede universitaria siempre están dando largas para que aprobemos
los exámenes, pero es verdad que no se aprende nada de esa forma. Quiero
cambiar de especialidad, pero lo debe de aprobar la sede central". Según
ella, "no hay mucha diferencia entre lo que me exigen estudiar y lo que
me exigirán en cualquier centro laboral", dice.

De todas formas, la distorsión política que ha sufrido la profesión no
importa a los ideólogos más que para dar fe de lo que llaman "un
triunfo" a todas luces.

El parangón lo tuvieron estos jóvenes con la serie televisiva española
El verano de Raquel. En la misma, unos jóvenes imberbes, inexpertos y
soñadores igualmente, se daban a la utilísima y sencilla tarea de
prevenir y acompañar a aquellas personas más desprotegidas: prostitutas,
extranjeros, niños, etcétera. La serie levantó expectativas, animó a
algunos, pero como el programa cubano de trabajadores sociales había
comenzado, lo que hizo fue abrir ojos y alertar a los más soñolientos.

Candil de la calle y oscuridad de la casa

Como reza el refrán, estos jóvenes están dados a servir hacia afuera,
sin resolver sus propios problemas. El hecho de que intercambien de
provincia para prestar servicios como repartir (vender) cazuelas,
televisores, colchones y otros enseres, no los hace parecer más
solidarios. Pero la prensa nacional ha gastado un mar de tinta en
hacerlos ver como los nuevos Cristos del barrio. Varios testimonios
aparecieron el año pasado en los diarios oficialistas Juventud Rebelde y
Granma.

Sin embargo, una cosa es la que se induce y otra la que se cree.
Maritza, señora de unos cincuenta años que los ve a estos jóvenes
recrearse todos los días en el parque, opina: "Desde el principio, en
que empezaron acopiando datos íntimos de la familia, como cuánto ganas,
si te envían remesas y de dónde, si haces negocios o cuántos
ventiladores tienes, ya me olió feo".

Y es que la distancia es grande. Entre la acción de prevenir o gestionar
algo ante la despiadada maquinaria burocrática y la realidad a que se
han visto volcados, como repartir los enseres que desaparecerían entre
las manos del comercio minorista tradicional, hay un trecho que los hace
ser vistos como la cara visible de la vigilancia de nuevo tipo.

"En dos ocasiones he tenido que pasarme varios días de custodio de
almacén, al frente de la custodia, pero custodio al fin". Así es, para
Carlos todo ha sido frustrante en sus deseos de colarse en la comunidad
y que lo vieran como el vehículo para desentrañar la madeja del
burocratismo.

A pesar de los puntos encontrados entre lo que esperaban unos y otros de
su nueva profesión, hay anécdotas que les hace unir criterios. Cuando
Carlos cuenta, Elena asiente entre la sorna y la sonrisa sin remedio:
"Un día nos fuimos a hacer un censo de discapacitados en un barrio del
campo, a unos quince ki1ómetros de aquí, y 200 metros antes de llegar,
vimos cómo
varios hombres y niños salían despavoridos de sus casas.
Luego nos enteramos de que sacaban los productos que venden en el
mercado negro".

Ella remata: "Por mucho tiempo que pase, ellos nunca van a confiar en
nosotros".

Del grupo de Carlos y Elena hay algunos que vieron una brecha de luz en
las misiones a Venezuela, pero han conocido por boca de los que han ido
que "pagan poco, no dejan traer nada y los meses te los pasas poniendo y
quitando bombillos", dice una amiga de Elena que escucha atenta la
conversación de la mañana.

La frase que a manera de eslogan llevan en sus camisetas y que dice "Más
humanos, más cubanos", es una película que fue de la expectativa y el
clímax a la fase de caída con un ruido estrepitoso.

Al segundo curso de graduación fue que supieron de la obligación de
permanecer por diez años de servicio social. Ahora sólo esperan. Unos
con ansiedad y otros, sin remedio, intentan sacarle provecho a cuanta
misión les asignen. Bien lo ha dicho Elena: "No me siento un muchacho de
hacer mandados, como dicen por ahí; pero el que reparte y reparte, se
lleva la mejor parte".

Dirección URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/vigilantes-y-recaderos

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *