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Las tribulaciones de un tratamiento

SALUD PUBLICA
Las tribulaciones de un tratamiento

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba – Marzo (www.cubanet.org) – Cuando pretendemos aliviar
un dolor, podemos provocarnos otros. Algo así experimentó Margarita, la
esposa de Juan Domingo.

Margarita, con sus 60 años y un pico en las costillas, dedica las
mejores horas de sus días a vender maní y varitas de caramelo de
fabricación casera en una parada de ómnibus de la Calzada de 10 Octubre,
sitio apropiado para vender su mercancía, pues el tiempo que los
pasajeros deben esperar por el transporte, lo pasan chupando caramelos o
mascando maní.

Pero lo que nos interesa es que la caminadera de Margarita con su
mercancía a cuestas provocó un dolor persistente en sus piernas cansadas
de ex obrera textil jubilada de Ariguanabo. A pesar de la molestia,
Margarita continuó en su recorrido cotidiano, en contra de los consejos
de Juan Domingo, y el asunto desembocó en la cola del consultorio del
médico de la familia. Allí, echó buena parte de la mañana. Cuando salió
de la consulta llevaba en la mano un montón de papelitos: las
indicaciones para los análisis clínicos necesarios.

Justo antes del próximo amanecer, se levantó y marcó en la cola del
laboratorio de la policlínica cercana. Dejó las muestras necesarias y
extendió el brazo para la extracción de sangre. A los dos días pasó a
recoger los resultados y volvió al tercero, a la cola del consultorio
del médico de la familia con los resultados. Después que el galeno los
revisó y la interrogó sobre la persistencia del dolor que la hacía
cojear, escuchó el dictamen:

-Margarita, tienes una neuropatía. Eso es por falta de vitaminas B y te
voy a mandar 4 sesiones de láser en las piernas para que desaparezca el
dolor y te cures. Las vitaminas las encontrarás en la farmacia y en
fisioterapia te darán el tratamiento con láser.

Márgara se despidió del médico renqueando, pero agradecida.

Al otro día marcó temprano en la cola de la sala de fisioterapia de la
policlínica. Ahora esos centros cuentan con una flamante sala de
fisioterapia con los aparatos necesarios. Luego de 40 minutos le tocó su
turno y penetró en el pequeño gabinete de aplicaciones de láser. Una
joven la acogió con dulzura:

-Mi vieja, se sienta aquí y me espera un ratico.

Esperó 30 minutos. Al regreso, la excusa fue tan tierna como la acogida:

-Perdone, pero fui a buscar la merienda.

Comenzó el tratamiento, sacó el aparato muy parecido a una pistola y
dijo a la paciente "No mire la lucecita, por favor". A Margarita, como
no sentía nada, solamente un calorcito sabroso, le dio por mirar
(curiosidad unida a desconfianza, cosa de viejos) y se percató que la
muchacha, con los ojos tapados con una mano, apuntaba hacia su cadera y
no hacia la zona que le dolía realmente.

-Mi hijita, ¿y dónde tú me das las aplicaciones? Ahí no es donde me duele.

Sin destaparse los ojos, la enfermera respondió:

-No se preocupe que luego bajo hasta la zona adolorida.

Margarita entonces destacó el hecho de que con los ojos tapados no podía
ver dónde daba las aplicaciones de láser. No obstante, la enfermera
replicó como justificación, siempre sin perder la ternura:

-Mi vieja, el problema es que las caretas para evitar daño en la vista
no han llegado, ¡y yo no quedaré con los ojos fastidiados cuando usted
se cure de las piernas!

Avisaron a gritos a la enfermera de una llamada por teléfono, y apareció
un joven a sustituirla. Minutos más tarde, una voz de mujer con tono
ejecutivo, llamó al joven y entró otro para continuar el tratamiento.
Cada vez que entraban los sustitutos de la enfermera todos se tapaban
los ojos y apuntaban el aparatito hacia un lugar diferente. Margarita
soportó todo con resignación cristiana.

Una vez terminado la sesión, la señora tuvo suficiente, pasó a ver a su
comadre Cristina, que le regaló un poco de pomada para dolores Iodex,
que le envió la hija de Miami. Ya resolvería Margarita lo de sus
dolores, pero concluyó que padecimiento aumentaría si seguía en esos
tratamientos con tan buenos aparatitos, pero con técnicos muy
despreocupados.

http://www.cubanet.org/CNews/y07/mar07/27a7.htm

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