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Division bajo la lupa

Leyendo la prensa
División bajo la lupa

La Habana comienza a poner en duda la eficacia del ordenamiento
territorial implantado en 1976.

Marcos Tobar, Ciudad de La Habana

viernes 17 de noviembre de 2006 6:00:00

En días pasados, y sin mucho ruido, el diario Granma dio espacio en sus
páginas a un artículo en el que se abordan con sentido crítico diversas
aristas de la actual División Político-Administrativa del país (DPA), a
propósito de cumplir esta tres décadas de creada. Nadie creerá que este
sea un tema que ahora mismo le quita el sueño a los cubanos, al menos no
más que las abrumadoras carencias de la cotidianidad, desde la comida y
el transporte hasta la proliferación de epidemias silenciadas por el
propio periódico y los medios en general.

Pero, evidentemente, algo huele mal cuando más de media página de este
tan abreviado órgano partidista se dedica a reconocer las deficiencias
de las fronteras trazadas por los especialistas en 1976, a tono con la
creación del denominado Poder Popular en todo el país.

Desde luego que la DPA no implicó sólo la conformación de algunas
zigzagueantes líneas divisorias entre territorios. Plantea la periodista
que su fundamentación primaria iba más allá, para adentrarse en la
necesidad real de “simplificar estructuras de dirección” y dotar de “una
relativa uniformidad” las distintas áreas, atendiendo a cantidad de
habitantes, gestión económica, comunicaciones y servicios, entre otros
elementos.

En el fondo, la periodista reconoce el fuerte trasfondo político y de
centralización que envolvió todo, incluso antes de la DPA, cuando apenas
teníamos seis provincias, con la aparición en los años sesenta de los
llamados “regionales” del Partido (eran 58), más los 407 municipios y
seccionales. Destaca que tal incremento causó “un alejamiento excesivo
entre el nivel central” y las industrias y diversos centros laborales y
educacionales, lo cual “complicaba las tareas de dirección, organización
y control del Partido, de las instituciones del Estado y de las
organizaciones de masas”.

Es así que, en 1976, las cifras definitivas quedaron en 14 provincias y
169 municipios, varios de ellos sin ninguna tradición de autonomía o de
muy reciente y forzosa creación, como el triste caso de Sandino, en
Pinar del Río, uno de los denominados “pueblos cautivos”.

Reordenamiento polémico

Lo que amenaza el futuro de la DPA no es otra cosa que las secuelas de
tanta centralización: la emigración masiva hacia la capital y en menor
grado hacia algunas capitales provinciales desde cualquier zona de la
Isla, pero en particular desde el campo y pequeñas poblaciones. Un
fenómeno no estudiado aún es cuánto estimuló a ese flujo la parálisis
que sufrió la industria azucarera en años recientes.

En este sentido, las autoridades han mostrado cierta preocupación por el
decrecimiento de la tasa de natalidad de manera general en el país, pero
el problema más candente sigue estando en el incremento desmedido de la
concentración poblacional en Ciudad de La Habana, un fenómeno que no
será fácil revertir a corto ni mediano plazo sin propiciar la
descentralización y mayores y más eficaces inversiones.

En el artículo de marras se esboza la posibilidad de un reordenamiento
en el caso de los municipios que han decrecido en población e
importancia económica, así como aquellos “que ya no cuentan con las
mismas potencialidades para su desarrollo integral”. No habrá decisión
más polémica que esa y no precisamente por el viejo dicho de “lo que se
da no se quita”. ¿Cómo despojar una localidad, tres décadas después, de
su carácter municipal sin que ello aliente nuevos flujos migratorios y
no parezca que se renuncia a su necesaria estabilidad socioeconómica?
Estratégicamente, el régimen estaría reconociendo una derrota esencial.
Otra más.

Cuando una nación no logra prosperar, por las razones que sea y por muy
ciegos que se hagan sus dirigentes, toda su estructura social y política
se resiente y cada armazón deberá ser puesta bajo la lupa. En este caso,
le ha tocado a la DPA un lógico cuestionamiento que todavía no llega a
otros estamentos del mismo caduco aparato que la engendró.

Según refiere la periodista, los analistas todavía no logran ponerse de
acuerdo sobre cuáles pasos dar para su perfeccionamiento. Tampoco es
optimista sobre la prioridad que la máxima dirección del Estado dará a
la toma de decisiones en torno a las requeridas modificaciones.

Una vez más habrá que esperar. Pero no deja de ser llamativo que por
primera vez se hable con matices críticos de revisar una ley tenida como
definitiva o inamovible dentro de esta “sociedad perfecta”, nacida
cuando se alzó el telón de 1959 y que nos ha tocado sufrir a todos los
cubanos como si se tratara de una maldición que se eterniza. Acaso sea
una de esas señales que obligan a estar muy atentos a Palacio cuando el
rey está postrado. Algo puede estar cocinándose en este preciso momento.

http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/division-bajo-la-lupa/(gnews)/1163739600

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