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Ni Fidel ni Raul Cuba lo unico que quiere es progreso

Ni Fidel, ni Raúl, Cuba lo único que quiere es progreso

Por Paloma Cervilla

Bitácora Cubana, 23 de octubre de 2006 – (ABC)

A treinta kilómetros de La Habana, el pequeño pueblo de Bauta, «el más
gusano de La Habana» por no apoyar a Fidel Castro, padece la represión
de un régimen que, en su enloquecida carrera por silenciar todo lo que
represente una mínima disidencia, lo castiga con la ausencia de un
transporte público que le acerque a la capital.

Un destartalado camión con más de treinta años, al que se suben
hacinados y en pie los habitantes de este minúsculo pueblo, y a cuya
entrada se han colocado vallas con consignas tan intimidatorias como
aquella que dice «En Bauta se combate y se triunfa», es el símbolo,
quizás insignificante pero enormemente expresivo, de lo que ha sido y es
capaz de hacer el Gobierno comunista de Cuba por imponer un sistema en
el que hoy pocos cubanos creen.

Aunque es cierto que este sistema de miedo y represión ha calado en la
población, no es menos cierto que en Cuba late ya hoy un deseo de
libertad y progreso, que sólo necesita una coyuntura favorable para que
se manifieste en toda su extensión.
Enfermedad de Fidel

Dos meses y medio después de que Fidel Castro delegara el poder en su
hermano Raúl, la primera vez desde que llegó al poder en 1959, Cuba vive
un «compás de espera silencioso» a la espera de la evolución de la
enfermedad del comandante que, para los cubanos, se ha convertido en un
«secreto de Estado».

Al margen de lo que sucede en el interior de la residencia de Fidel
Castro, una inmensa finca con abundante vegetación tropical que se
extiende a unos 13 kilómetros de La Habana entre Sibonei y Jaimanita,
los cubanos ya se atreven a decir que nos les importa quien gobierne el
país en el futuro, que sólo quieren desarrollo. «Ni Fidel, ni Raúl, Cuba
sólo quiere progreso», comentan a ABC algunos cubanos, que se atreven a
afirmar que «aquí hay mucha gente que no está de acuerdo con esto y, si
se llegan a abrir las fronteras, aquí no queda nadie. Esto no es tan
bonito como lo pintan».

Tampoco Raúl Castro despierta el entusiasmo de la población, conocido
como «la china» y sobre el que pesan rumores sobre una supuesta
homosexualidad, algunos le adjudican un espíritu «más guerrillero y
militar» que su hermano Fidel, por lo que también le llaman «el lobo».
No tiene el carisma de Fidel, que se ha convertido ya en un mito, y al
que muchos incluso llegan a exculpar de la situación de pobreza que vive
la ciudad, «Fidel no tiene toda la culpa de todo lo que pasa, tiene a
sus ministros que hacen cosas a sus espaldas».

La pobreza, el sueldo medio de un cubano es de unos 220 pesos cubanos
(diez dólares), «con esto nadie vive, sólo humildemente»; la escasez de
alimento y, sobre todo, la ausencia de horizonte, ha hecho mella en la
juventud. «Aquí lo que hay que hacer es irse», aseguran, a la vez que
reconocen que su sueño es «tener un carro o una moto» incluso llegan a
más: «los americanos son los mejores y a la gente le gustaría que vinieran».

La obsesión por tener un coche tiene su lógica, ya que la aspiración de
los cubanos es convertirse en taxista o chofer y así poder cobrar en
divisas extranjeras o en pesos convertibles, lo que les permite poder
comprar determinados productos a los que no tienen acceso con los pesos
cubanos, que es la moneda en la que cobran sus sueldos.

En Cuba hay dos tipos de monedas: el peso cubano y el peso convertible,
éste último se impuso tras la retirada de la circulación del dólar en
julio de 2003. Un peso convertible equivale a 24 pesos cubanos, que es
la moneda nacional, y teniendo en cuenta que la mayoría de los productos
se adquieren con pesos convertibles, pierden mucho dinero en el cambio.
Como ejemplo de lo que puede suponer una cesta de la compra, un pimiento
vale entre 5 y 10 pesos, un aguacate 15 y una cabeza de ajo hasta cinco.

«Estamos cansados de trabajar y no vemos fruto a nada», se lamentan los
jóvenes quienes aseguran que «los únicos que no tienen conciencia de que
esto tiene que cambiar son los combatientes». Este desánimo en las
nuevas generaciones también empieza a hacer mella entre las propias
familias de los militares del régimen. «Los hijos de los militares cada
vez creen menos en esto», apostillan.

Tampoco el dinero que dicen que llega de Venezuela, en forma de
petróleo, como compensación a la «Operación milagro» (la llegada de
enfermos venezolanos para curarse en hospitales cubanos a cambio de
petróleo y dinero), repercute en la población. «¿Qué dinero?», se preguntan.

Sin embargo, esta ansia de libertad, que realmente existe entre la
juventud, no tiene su reflejo en las manifestaciones multitudinarias que
rodean la aparición del comandante, ni en las declaraciones de algunos
cubanos que, en numerosas ocasiones, aparecen en los medios de
comunicación. «La gente está obligada a ir a esas manifestaciones,
porque si no te echan del trabajo. Cuando tienes un cargo importante, lo
mejor es no meterse en nada», comentan, a la vez que recuerdan que «no
te dan trabajo si el Comité de Defensa de la Revolución no tiene una
buena opinión de ti». Estos comités vigilan a todos y cada uno de los
ciudadanos. De hecho, en cada «dos o tres cuadras» existe uno de estos
organismos. No hay metro cuadrado de ciudad que escape de su control.

En barrios tan pobres como «La Lisa» o «Marianao», donde la pobreza
llega a límites extremos, sobre pequeños balconcitos destartalados
cuelgan las famosas siglas «CDR», que tanto intimidan a la población.
Pero tanto control gubernamental no puede evitar que los cubanos busquen
formulas para conseguir mayores ingresos y salir de su pobreza. De
hecho, la economía sumergida tiene un gran peso en el conjunto nacional
y cada vez aumenta más, sobre todo desde que el desmembramiento de la
Unión Soviética dejó a Cuba sin apoyo exterior. Un cubano lo expresa
así: «Me acosté tomando leche y me levanté desayunando cereales». Por
las carreteras del país queda algún que otro recuerdo de este apoyo
soviético, en forma de camión destartalado claramente identificado por
el humo negro que desprende en su lenta travesía.

El robo de comida en los hoteles por parte de los trabajadores cubanos,
la picaresca para poder arañar en cualquier sitio unas cuantas divisas,
en definitiva un sistema de corrupción que llega incluso al círculo más
cercano a Fidel Castro.

Hijos de algunos altos cargos del régimen han encontrado en el negocio
de la noche una fórmula para poder tener ingresos extras, con el amparo
que les da la cercanía al poder.

La decisión de Fidel Castro de cerrar las discotecas ha tenido como
principal consecuencia la puesta en marcha de un sistema de diversión
que está permitiendo el enriquecimiento ilícito de los hijos del régimen.

Conocidos en la noche cubana como «El potro» (hijo del comandante
Almeida) y el «hijo de Pancho» (hijo de uno de los guardias personales
de Fidel), estos dos jóvenes se mueven impunemente en la noche cubana
organizando las denominada
s «fiestas house», prohibidas por el sistema
hace seis meses. Alquilan casas pagando entre 200 y 300 dólares y cobran
una entrada de cinco dólares, llegando a reunir a más de 300 personas a
las que convocan a través de sms.

La noche en Cuba

Mientras los hijos del régimen se mueven en este ambiente de corrupción
nocturna, el cubano medio, la gran parte de la población, se reúne en el
Malecón alrededor de una botella de ron casero, a un dólar la botella.
Pero cada vez son menos, la falta de recursos económicos, la
imposibilidad de tener automóvil y las restricciones del régimen también
están terminando con la noche de la ciudad.

Ahora, todas las miradas están puestas en el próximo 2 de diciembre,
fecha en la que esperan la aparición pública de Castro. El mismo
trasladó a este día la celebración de su cumpleaños, aplazado el 11 de
agosto por su enfermedad

http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=3144

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