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Dos humoristas premiados

CULTURA
Dos humoristas premiados

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) – Fue bien inteligente y
justo el jurado que concedió el Premio Nacional del Humor a Carlos Ruiz
de la Tejera y al caricaturista Manuel Hernández. Les he seguido los
pasos casi desde que comenzaron y no caben dudas de que, entre tantos
buenos humoristas que tiene Cuba, ellos son los mejores.

Una vez, hace más de dos décadas, me encontré con Carlos Ruiz de la
Tejera en la calle 23 del Vedado -estoy segura que ni se acuerda-, y
después de saludarnos le dije que era un genio, uno de esos genios
sobrenaturales que se atribuyen el don de hacer reír, algo bastante
difícil de lograr, por cierto, sobre todo en Cuba, un país donde ya el
cubano no se ríe tanto como ayer.

El humorista me miró sorprendido y quizás hasta pudo pensar que la mujer
que le expresaba a boca de jarro semejante elogio, quería conquistarlo.
Lo mío no era conquista y mucho menos exageración. Ruiz de la Tejera
despuntaba en un verdadero genio del humor, por suerte, más comprometido
con su pueblo que con el régimen.

Con Manuel, el caricaturista del suplemento Dedeté y del periódico
Juventud Rebelde, me ocurre algo parecido. De todos los que hacen
humorismo con la pluma de dibujar, siempre veo que se destaca Manuel, el
matancero. Dicen que es diputado y miembro del parlamento cubano. ¡Qué
pena, porque es algo que lo limita para reflejar la realidad cubana¡ Sin
embargo, aún así Manuel es de los más osados, a juicio mío, y quien más
critica algunas cosas que nos duelen en el suelo patrio.

Tengo a la vista una caricatura suya que solamente una persona con
capacidad verdaderamente creativa es capaz de hacer: Dos mujeres
dialogan, una le dice a la otra: ¨Ayer me llevó a conocer las rejas
nuevas de su casa.¨ Mezcla este caricaturista, con una sutil comicidad,
algo trágico que vive el cubano por primera vez en su historia: las
rejas colocadas delante de las puertas de los hogares para evitar los
robos; algo cotidiano y propio de un país donde se roba cualquier cosa,
desde una ropa vieja, dejada al descuido sobre un mueble, hasta un radio
de los años sesenta.

Durante las primeras dos décadas de socialismo no interesaba al gobierno
atrapar -quiero decir, tener de su parte- a los talentos artísticos, tal
vez porque se sentía demasiado seguro y no los necesitaba o porque les
importaba un bledo, aunque se mantenían vigilados bien de cerca por la
policía política o podían ir de cabeza a un calabozo por razones
baladíes -recordemos a Reinaldo Arenas, Heberto Padilla, René Ariza,
Manolo Ballagas, Reinaldo Bragado Bretaña y muchos otros-, pero hoy todo
ha cambiado. Poetas y cantantes que fueron relegados durante largos
años, como Silvio Rodríguez y Miguel Barnet, hoy son diputados igual que
el caricaturista Manuel, aunque éste haya hecho caricaturas usando su
agudo ojo, capaz de ver lo malo de nuestra sociedad. ¿Habrá sido
nombrado diputado precisamente para que no vea las cosas peores? ¿Podría
Manuel, junto a Carlos Ruiz de la Tejera, y muchos otros, hacer arte, no
sólo con lo más elemental de nuestra vida diaria, sino también con lo
más profundo?

Cuando Manuel hizo una caricatura reflejando al jefe de una empresa
sentado cómodamente en su silla y descansando sus piernas sobre el buró
y al fondo dos secretarias conversando también sobre otro buró y al
auditor diciendo: ¨Hemos concluido el inventario, su empresa no tiene
productos ociosos¨, estamos ante un hecho que golpea al país: los
trabajadores que no trabajan.

¡Pero cuidado no se pasen del límite estos artistas. Pueden criticar,
por ejemplo, el transporte que usa el cubano de a pie, más conocido como
“el camello”, al que Carlos Ruiz de la Tejera llama nave surrealista y
monstruo extra terrestre, o a esos que usan espejuelos oscuros para
ocultar que duermen en una reunión comunista. Pero una crítica directa
al gobierno o al jefe máximo, jamás.

Cuando Ruiz de la Tejera manifiesta que termina sus actuaciones en el
Museo Napoleónico con el texto Homenaje a la vida, de la Madre Teresa de
Calcuta, porque ¨la muerte es símbolo de la guerra¨ -así expresa-, me
hace pensar que durante aquellos años en los que el gobierno castrista
enviaba a miles de cubanos a tantas guerras ajenas, Ruiz de la Tejera
hubiera ido a parar de cabeza a un calabozo o un rincón relegado, quién
sabe por cuánto tiempo, acusado de contra internacionalista. Me perdonan
la inmodestia: Como lo estuve yo.

Amarrados bien corticos están muchos talentos de hoy, para bien de una
dictadura que -¡cuidado¡- en cualquier momento se acaba de romper, como
se acabaron de romper todos a través de la historia, para que todos
podamos seguir libremente nuestro camino.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/sep06/20a9.htm

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