Transport in Cuba
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Como en una catastrofe

SOCIEDAD
Como en una catástrofe

Lucas Garve

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org). La mirada vaga, una
máscara de desasosiego en el rostro sudoroso, los brazos preparados para
empujar a quien tiene delante, los pasos perdidos, el cuerpo
desequilibrado, pánico, confusión: detalles que observé en las personas
cuando un ómnibus detuvo la marcha junto a la acera y una treintena de
hombres y mujeres se abalanzaron al unísono al abordaje.

Al igual que ellos, yo había invertido los últimos treinta y cinco
minutos de vida en esperar que cualquier automotor arrimara al contén
junto a la parada y recogiera pasajeros. Para llegar al lugar donde iba
empleé tres horas de la mañana, empujones para subir al transporte y
casi medio litro de líquido al transpirar dentro de aquella guagua
parecida a una pecera, y mucha paciencia.

Cuando pasan un reportaje de una catástrofe natural en cualquiera de las
emisiones de los noticieros de televisión, veo los mismos gestos de los
habaneros a la hora de subir a un ómnibus en la mañana para llegar a sus
destinos.

En consecuencia, es natural el desahogo verbal de los pasajeros cuando
hacen catarsis, pues se sienten sicológicamente agredidos.

“Pero nadie se da cuenta del desastre del transporte en La Habana”,
comenta en voz alta un pasajero junto a mí. El pie de la conversación,
una vez servido, desata los restantes comentarios. “¡Con la cantidad de
guaguas del estado que pasaron mientras esperábamos por esta!”, dice una
anciana. “Hay más guaguas para empresas que para el transporte público”,
sentenció un gordo que forcejeaba para avanzar por el estrecho pasillo.
“El problema del transporte es como el del pan: ¡imposible de
arreglar!”, exclamó una joven.

Las socorridas soluciones puestas en marcha por las autoridades para
aliviar el transporte no dan resultado. En los puntos de recogida, en
definitiva, lo que se hace es perder el tiempo a la espera que algún
conductor coincida en su rumbo con el suyo, y luego estar de suerte y le
corresponda el turno en la cola de abordaje. Los denominados “cocotaxis”
son tan escasos que tampoco cubren la demanda. Además, cuando vea alguno
vacío solamente propóngale 30 pesos al conductor y lo llevará a su destino.

Las preguntas que flotan en el ambiente son: ¿Dónde está el ministro del
ramo? ¿Qué propuesta tiene para solucionar el problema del transporte
público en la capital mientras hay tantos ómnibus vacíos dando vueltas
por la ciudad?

Hace unos días, cuando viajaba en un ómnibus hacia el centro, el
conductor detuvo la marcha junto a una oficina de la empresa telefónica,
y con la mayor displicencia, la conductora abandonó su puesto para ir a
pagar la cuenta de su teléfono particular. No es nada extraño que se
detenga el ómnibus y ver al chofer y al conductor bajarse par ir a
merendar, mientras los pasajeros apretujados se deshidratan en el
interior del vehículo.

Además de la escasez de los equipos automotores y la desvalorización del
sitio de trabajo, la degradación de los empleados de los ómnibus y metro
buses habaneros no tiene paralelo.

La norma del trato en el transporte público en La Habana es de tipo
carcelario. La falta de profesionalismo, el maltrato a la población, la
indisciplina en el cumplimiento de las reglas del tránsito y de la
transportación de pasajeros es, a todas luces, la muestra del irrespeto
y la desconsideración que, al parecer, merece la población.

Y no vaya a creer en los discursos oficiales, ni en campañas políticas
en contra del embargo; y mucho menos en las amenazas del imperialismo.
La ignorancia de las autoridades pertinentes en cuanto a esta situación
es abismal. Es la pura realidad.

http://www.cubanet.org/CNews/y06/sep06/14a10.htm

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