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A proposito de un nuevo curso escolar

A propósito de un nuevo curso escolar

Roberto Santana Rodríguez

Bitácora Cubana, 9 de septiembre de 2006 – La Habana

El pasado lunes 4 de septiembre comenzó en todo el archipiélago cubano
el curso escolar 2006-2007 con los bombos y platillos de siempre. Así lo
corroboran las declaraciones hechas por el ministro de educación José
Ignacio Gómez Gutiérrez el 5 de septiembre a Granma, órgano oficial del
partido comunista.

Veamos. Más de 3 000 000 de educandos en todas las enseñanzas, 388 495
maestros y profesores, 13 487 centros docentes, además de las más de “3
000 sedes universitarias”, como parte de la universalización
(municipalización) de las universidades. Cuba como el país con más
maestros per cápita, más del 90 % de los alumnos de primaria cursando
estudios en grupos de menos de 20 por educador en doble sesión, 146
escuelas rurales con 1 solo alumno y 1 117 con 5 o menos.

Al ver estos datos cualquier neófito o (manipulado) en la materia puede
creer que Cuba está en la vanguardia de la Educación a nivel mundial,
según las palabras textuales del ministro, “Ningún otro país ha logrado
nada semejante”.

Tal vez esto sea sólo a simple vista. Hay varios aspectos que no
menciona Granma, que me gustaría tocar, que a mi entender, conspiran
contra la calidad, los resultados positivos y los supuestos loables
objetivos del sistema de educación cubano.

Es verdad que en el sistema educativo de este país hay masificación,
maestros y muchos planteles. Pero esto no es nada más que el
cumplimiento del deber de todo gobierno decente en el planeta.

Lamentablemente la educación cubana tiene infelices handicaps, como son:
el ser completamente cerrada, parcial y proselitista y con presencia de
manifestaciones de fraude y corrupción, además de políticas erradas,
aspectos estos que tienden a que se hagan cuestionables los supuestos
“loables” objetivos que persigue el sistema en cuanto a la educación e
instrucción del pueblo cubano.

¿Por qué el gobierno de la isla destina gran cantidad de recursos, tanto
materiales como humanos, al sistema educativo que tiene implantado en el
país? ¿Porque es bueno y plantea y emprende de forma responsable y
eficiente programas como este, a saber vital para cualquier país? No lo
creo.

Puede ser que de “refilón”, al decir del cubano, el pueblo obtenga algún
beneficio de toda esta enorme cantidad de recursos destinados a la
llamada educación en Cuba, al poder alfabetizarse y adquirir algunos
conocimientos, tal vez elementales y hasta profundos, que siempre hay un
resquicio, no contaminado por la profunda ideologización existente en el
sistema educativo cubano.

El primer, único y gran beneficiado, que por eso lo hace o tiene que
hacerlo, con los resultados de esta inmensa política “educativa” en el
país es el propio Estado, porque de esa forma asegura su propia
subsistencia, su mantenimiento en el poder.

Porque, ¿qué se dice y se repite hasta la saciedad al respecto? Pues que
las nuevas generaciones, los llamados “hombres nuevos, tienen que ser
formados bajo los preceptos socialistas”.

De esta manera el gobierno comunista de La Habana pretende garantizar,
porque cada vez soplan más fuerte los vientos de despertar de
conciencias, su continuidad en el poder mediante el constante y masivo
adoctrinamiento del pueblo en los principios e ideas gubernamentales,
las socialistas o comunistas a la cubana.

Esta máxima es inviolable. El pedagogo que se aparte un milímetro de la
misma es de inmediato marcado y separado del aula. Los que se atreven lo
pagan caro. Sólo hay que echar una mirada a los miembros del CPIC
(Colegio de Pedagogos Independientes de Cuba), que preside el ex preso
político y de conciencia de los 75, ahora en licencia extrapenal,
Roberto de Miranda Hernández, el cual está conformado precisamente por
los maestros que han sido expulsados de Educación por expresar
libremente sus criterios políticos.

Para el adoctrinamiento comunista los maestros se ven forzados a incluir
en cualquier parte de su clase, ya sea la inicio, medio o final, el
acápite llamado “intencionalidad política”, que no es más que resaltar
en la clase efemérides; fechas históricas revolucionarias; héroes de la
patria, mayormente afines con la Revolución; reales, que cayeron por
esto; o tergiversados también. Aquí nunca, por supuesto, aparecerá Pedro
Luis Boitel.

Si un maestro omite la intencionalidad política en el plan diario de
clases, o no la incluye en su exposición a los educandos, en la
totalidad de las visitas que se le hagan a ese profesional por los
“jefes”, tanto metodólogos u otros directivos de educación, siempre
recibirá la calificación de MAL, aún cuando los demás aspectos de la
clase revisada hayan sido impartidos de forma impecable.

La asistencia a las “marchas del pueblo combatiente”, “las tribunas
abiertas” (cuando se hacían), “el desfile del primero de mayo en la
Plaza”, “los trabajos voluntarios” y demás ” tareas revolucionarias” son
parte de este entramado adoctrinador.

De hecho, resulta de estricto cumplimiento la participación de los
maestros en ellas, so pena de sufrir bajas calificaciones en la
evaluación a fin de curso, regular o mal, que implica pérdida en el
salario, ser marcados como conflictivos o peor aún, como desafectos o
contrarrevolucionarios, lo cual es igual a ser considerados como
incompatibles con la moral socialista, y por ende quedar fuera el
maestro de marras de su puesto de trabajo de forma automática.

Otro problema es la falta de maestros en las aulas con el éxodo de los
docentes hacia otros sectores de la economía, incluyendo el informal,
desde que comenzó el llamado período especial a principios de los años
90 del siglo pasado, y luego del pequeño aumento de salarios en
educación, calificado por maestros como ínfimo, “porque lo que te dan
por un lado te lo sacan doble por el otro”, me han dicho.

Lejos de aliviarse, las tensiones han empeorado después de la
controvertida solución del gobierno: los llamados “maestros emergentes”
y ahora los “profesores generales integrales”, que en la capital son un
gran por ciento, pero no precisamente residentes en La Habana, sino del
interior, todos ellos muy jóvenes e inexpertos.

Además de ser formados a toda velocidad, en menos años -lo cual
despierta el recelo en los padres sobre su eficiencia frente a un aula-,
también se han avivado con los “emergentes”, celos y contradicciones con
los maestros ‘viejos” por todas las facilidades que reciben los
primeros, salario y condiciones, diferentes y mejores que las que gozan
los segundos.

En cuanto a los padres, estos en Cuba no tienen la posibilidad de
decidir qué tipo de educación recibirán sus hijos porque en el país no
se permite la coexistencia de diversos tipos de educación (privada,
pública, religiosa), en franca contradicción con lo expuesto en el
artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la cual
Cuba es gestora fundadora y signataria, que en su parte final dice
textu
almente: “…Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo
de educación que habrá de darse a sus hijos.

También es palpable la baja calidad en los conocimientos y habilidades
de los egresados que leen muy mal, tienen muchas faltas de ortografía y
tienen dificultades manifiestas a la hora de expresarse, entablar una
conversación sensata, y de escribir.

Sus hábitos y conducta sociales dejan mucho que desear. A diario vemos y
oímos los cubanos como en cualquier lugar, como cine, teatro, centros
recreativos, a bordo de un transporte público, las palabrotas, las
faltas de respeto, la agresividad, la descortesía, que asumen los
estudiantes y jóvenes, entre otras censurables actitudes.

Asimismo están presentes el fraude y la corrupción que enturbian el
brillo que se quiere, en el papel, dar al sistema educativo cubano.

¿Por qué se producen estos hechos? ¿Quién o quienes son los
responsables? La familia y la escuela pienso tienen parte de culpa, pero
estas manifestaciones también forman parte de la creciente pérdida de
valores cívicos desde más de 47 años ha.

Resulta urgente e imprescindible hablar con propiedad sobre la
educación, este importante asunto: la preparación para la vida que se da
a las nuevas generaciones, la formación de la personalidad en los niños
y la siembra en ellos de valores cívicos, entre otros aportes como
conocimientos que forman parte de carreras u oficios y a otros también,
¿por qué no? que no siendo tan jóvenes, desean seguir aprendiendo,
porque como es sabido el proceso cognitivo del ser humano comienza en la
cuna y termina en la tumba.

La educación debe ser masiva, que llegue a todos, bien, pero a la vez
tiene que ser imparcial, diversa y desideologizada. Que sea capaz de:
formar valores cívicos en los ciudadanos; Desarrollar de forma positiva
y eficaz la personalidad de cada cual. Que salgan de las aulas
correctamente instruidos y preparados para la vida en todos los
sentidos, hombres capaces e independientes y a la vez solidarios y
amorosos con sus semejantes.

Como dije, estas cosas no las dice Granma o cualquier otro medio de
prensa oficial en la isla ¡Con esos truenos!, ¿quien duerme?

Pero nada de susto o desesperanza y sí mucha fe en Dios y mucha
confianza en el futuro de esta isla que será muy pronto la patria común
de todos.

http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2865

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