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Quien es Raul Castro?

¿Quién es Raúl Castro?
«Nostálgico del comunismo, desconfiado de los intelectuales»

Domingo Amuchástegui, Jorge Edwards, Alcibíades Hidalgo y Juanita Castro
retratan al número dos del régimen, hoy gobernante interino.

Domingo Amuchastegui Alvarez,Jorge Edwards,Alcibíades Hidalgo,Juanita Castro

lunes 14 de agosto de 2006 11:50:00

Domingo Amuchástegui
Profesor de Estudios Sociales para el Condado de Miami-Dade e
investigador asociado del Instituto de Estudios Cubanos y
Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

Raúl Castro será el líder cubano que podrá sacar del estancamiento y
levantar el veto a la política de reformas e iniciar los cambios
necesarios dirigidos a transformar, ante todo, la economía cubana,
orientándola hacia una economía socialista de mercado, en la que los
principios capitalistas de organización administrativa y operatividad
financiera se convertirían en la norma dominante en Cuba. De esta
manera, “el otro bloqueo” impuesto en la dinámica económica y social del
país por Fidel Castro cuando, después de la discusión de la nueva ley de
inversiones en septiembre de 1995, anunció que “no se necesitaban más
reformas ni cambios”, pasaría a mejor vida.

Debemos recordar que dos años más tarde, en 1997, después de que
concluyera el V Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) con la
adopción de un programa económico de rescate y expansión del ritmo de
las reformas, Fidel Castro se convirtió en el primer y único oponente a
tal programa (conocido como Perfeccionamiento Empresarial), un conjunto
de ideas y acciones que su hermano Raúl había estado promoviendo
acertadamente luego del creciente deterioro de las relaciones con la
Unión Soviética a partir de 1979. Tal como un alto oficial admitió a una
analista francesa en el 2004 (Janette Habel, Le Monde Diplomatique, juin
2004, “Cuba entre pressions externes et blocages internes”), “Todo el
mundo quiere cambios, excepto Fidel”.

Y esta línea de trabajo, inspirada y representada por Raúl, no es un
secreto ni una tendencia oculta dentro de la estructura del poder y la
clase política cubana, tanto de la civil como la militar, además de
tener un eco considerable entre vastas secciones de la población, lo que
le asegura un amplio reconocimiento y apoyo de este último al nuevo
líder. Fidel no ignora esas circunstancias y está muy al tanto de las
expectativas que rodean su sustitución “provisional”.

¿Actor secundario o en pie de igualdad?

Su papel al frente de la revolución cubana desde el primer día, su
carisma excepcional y sus dotes de brillante orador, junto a otros
significativos atributos como líder, han convertido a Fidel Castro en lo
que ha sido y lo que aún es. Al mismo tiempo, su brillo ha dejado en un
segundo plano el papel de su hermano Raúl hasta el día de hoy, cuando
tanta gente está todavía tratando de adivinar quién es él realmente y
cuál es el papel que pudiera jugar ahora.

Estas líneas no tienen la intención de ser una biografía (para ese
propósito se debería consultar el controvertido libro After Fidel, de
Brian Latell), sino brindar una perspectiva diferente del papel político
jugado por Raúl Castro dentro de la revolución cubana y de su potencial
como una alternativa de cambio dentro de la situación actual.

– Es un excelente jefe guerrillero y organizador, algo que ha sido
ampliamente reconocido aún por algunos de sus peores enemigos.

– Al no tener los mismos rasgos de la personalidad de su hermano, Raúl
sobresale en el trabajo en equipo y no como caudillo; como un
organizador brillante y sistemático, a quien le gusta ser asesorado por
los más entendidos y que sabe escuchar los puntos de vista de los demás.
Es consistente, realista y pragmático.

– Cuando analizamos algunas de las más sólidas e influyentes
instituciones de la sociedad cubana, tales como las FAR (Fuerzas Armadas
Revolucionarias), el PCC y el cuerpo parlamentario conocido como Poder
Popular, debemos recordar que fueron iniciativas claves que provenían
del propio Raúl, fomentadas, apoyadas y protegidas por él hasta el día
de hoy. Y la mayoría del pueblo está al tanto de ésto.

– El ha sido durante décadas el “padrino” de la mayoría de los líderes
de la UJC que fueron promovidos a posiciones altas dentro del gobierno.
Ha sido un consistente defensor de los líderes jóvenes y muchos de ellos
se sienten muy ligados a él, tanto militares como civiles.

– Ha sido y continúa siendo un ardiente y abierto impulsor de la
promoción de ciudadanos negros a la posición de líderes en todos los
campos de la sociedad. Y la promoción de jóvenes generaciones y de
ciudadanos negros es extremadamente importante en un país donde dos
tercios de la población son jóvenes y negros.

– Ha sido el arquitecto de intentos y esfuerzos recurrentes en el campo
de las reformas económicas y los cambios sociales.

Este breve sumario debe servir al propósito de demostrar, por encima de
cualquier duda, el hecho de que Raúl no ha jugado un papel secundario,
sino que ha sido un dirigente de primera clase en igualdad de
condiciones con su hermano, aunque cada uno tenga características
diferentes. Y esto no es todo.

Se ha comentando mucho acerca de su falta de participación en los
asuntos internacionales de la nación. Esto es un craso error. Ni uno
solo de los asuntos relacionados con la política exterior cubana se
escapa al dominio de Raúl.

Fue un negociador clave durante la crisis cubana de los misiles; estuvo
implicado en cada acercamiento a Estados Unidos; controló muy de cerca
las operaciones de la inteligencia desde 1960 y hoy aún más; jugó un
papel importantísimo en Angola y Etiopía; fue uno de los negociadores
claves para lograr los acuerdos con Sudáfrica; fue el anfitrión e
interlocutor de cada uno de los almirantes y generales retirados del
ejército estadounidense que han visitado Cuba; ha sido mentor, asesor y
supervisor de todos los acercamientos habidos entre los gobiernos de
China y Cuba, además de ser reconocida su admiración por las
experiencias chinas.

Aún más, durante la década de 1990 (hasta el fin de la administración de
Clinton), admitió en público varias veces que el peligro de una agresión
de EE UU a Cuba se había reducido mucho y que ese país constituía cada
vez menos una amenaza como nunca lo había sido antes en su historia,
mientras hacía que la cooperación y la normalidad a lo largo de las
fronteras de la GITMO prevalecieran, al igual que con la DEA y la
guardia costera estadounidense, seguido todo esto de una cooperación
cercana tanto con la Interpol como con un gran número de cuerpos de la
policía del Caribe y Europa en relación con el tráfico de drogas.
Incluso antes del 11 de septiembre, animó a la administración de Bush
para que empezara las negociaciones con Cuba mientras Fidel estuviera
vivo todavía.

Además de todo eso, durante el curso de los críticos acontecimientos de
principios de los noventa, sus palabras y acciones mostraron un grado
considerable de
autocrítica y contención frente a la tentación de usar
los medios represivos. Cuando el descontento popular se manifestó en
Cojímar y Regla (1993) y luego en las calles de La Habana en 1994, Raúl
criticó el alto grado de violencia desplegado por las fuerzas del MININT
en Cojímar, convocó un encuentro donde estas cuestiones fueron
discutidas y criticadas, lo que previno cualquier tipo de respuesta
violenta en los sucesos de Regla a finales de 1993.

Cuando se discutía acerca de las manifestaciones en las calles de La
Habana, es sabido que él subrayó que lo que hacía falta más que nada
eran frijoles, y que ni con armas ni con violencia se mantendrían las
protestas bajo control. Pero el hecho aún menos conocido — y que ahora
reviste mayor importancia— es el que subrayara que en vista de tales
actos demostrativos del descontento y las protestas callejeras, “él no
iba a ser nunca el responsable de haber sacado los tanques de guerra a
las calles”.

A dónde se dirige

Es posible que Fidel Castro sobreviva a este último accidente de salud,
pero sabemos que si así fuera en realidad no será por mucho más tiempo.
A diferencia del pasado reciente, tendrá que enfrentarse con el hecho de
que el tiempo que le queda va agotándose rápidamente, y de que su estilo
de liderazgo y sus poderes de mando se van debilitando cada vez más. Lo
más probable es que él apoye a su hermano con toda la capacidad e
influencia que aún le quede. Si este fuera el caso, las decisiones, el
control y la influencia que ejercerá Raúl se verían reforzados. En la
mayoría de los posibles escenarios imaginados hasta hace muy poco, se
pensaba que la muerte de Fidel haría que Raúl tomara todo el control del
poder, pero ahora cabría la posibilidad de que Raúl asuma ese papel,
pero con Fidel apoyándolo a lo largo del juego.

Bajo estas circunstancias, Raúl tendrá que moverse muy rápido por una
razón apremiante: ya tiene 75 años. Sus antecedentes y credenciales
apuntan a que avanzará aceleradamente, reformando completamente la
estructura de poder actual de acuerdo a los lineamientos de su proyecto
político de principios de los noventa (la redistribución completa de los
cuatro aparatos de poder concentrados en las manos de Fidel, un efectivo
liderazgo colectivo, una mayor participación de los jóvenes),
complementado todo esto con el darle un papel más importante aún a las
instituciones y a las reformas que se realizarán, de una manera similar
a como lo hizo China, pero a la escala de la economía y la geopolítica
cubanas.

Una comparación inevitable viene a la mente. Raúl Castro pudiera muy
bien ser la figura provisional que condujera a la apertura y a los
cambios dentro del sistema cubano, jugando un papel similar al de Den
Xiaoping luego de que falleciera Mao Se Tung. En cualquier caso, su
contribución a la articulación y restructuración de la nueva dirección
que tomará el gobierno será decisiva para la sociedad cubana.

Jorge Edwards
Escritor y ex diplomático chileno.

A mediados de febrero de 1971, cuando llevaba casi tres meses en Cuba
como representante diplomático de Chile, me tocó entrar en contacto con
Raúl Castro para organizar la visita del buque escuela Esmeralda a La
Habana. Era la primera visita oficial de un barco de la escuadra
chilena, después de largos años de ruptura de relaciones, y el gobierno
revolucionario le daba gran importancia al asunto.

Yo había conversado largamente con Fidel en la primera noche de mi
llegada a La Habana y había podido sacar conclusiones diversas acerca
del personaje. A uno lo citaban en un lugar y a una hora determinada y
el encuentro terminaba por producirse en otro y varias horas más tarde.
Los ayudantes, los funcionarios, la gente de protocolo, le decían a uno
al oído que todo esto obedecía a normas de seguridad, pero también se
podía concluir que era una cuestión de temperamento, de gusto, de
afición a lo repentino y a lo secreto. Después, durante la reunión
misma, nunca faltaba algún elemento de sorpresa, un golpe de teatro.

En vísperas del arribo del buque escuela, llegué a una entrevista de
trabajo con Raúl Castro, y empecé a comprobar que el ministro de las
Fuerzas Armadas era el exacto reverso, casi la antípoda, de su famoso
hermano. Tuve la impresión, incluso, de que manipulaba el contraste en
forma deliberada. Ser hermano del Líder Máximo no debía de ser fácil, y
el juego de las oposiciones probablemente ayudaba a mantener el tipo.

Sonó la hora precisa de la cita y la puerta del despacho ministerial se
abrió. Raúl, mucho más bajo que Fidel, más pálido, lampiño, en contraste
con la barba guerrillera, frondosa y famosa, del otro, era un hombre
amable, que hasta podía resultar simpático, pero de una cordialidad
evidentemente fría. Estaba sentado detrás de una mesa de escritorio
pulcra, impecablemente ordenada, y supe que ahí no cabía esperar
sorpresas ni golpes de efecto de ninguna especie.

Sus servicios, entretanto, lo habían previsto todo: la entrada del barco
al muelle, el transporte por tierra de la tripulación, el programa
oficial hasta en sus menores detalles. Habría que asistir a tales y
cuales ceremonias y pronunciar tales y cuales discursos de tantos
minutos de duración cada uno. El personal a cargo tendría las
respectivas ofrendas florales preparadas. Y el ministro procedió a
entregarme carpetas cuidadosamente preparadas con el programa, mapas de
acceso, credenciales, contraseñas.

Convenía, dijo, antes de la despedida, que se produjo al cabo de media
hora justa de reunión, que visitara los recintos de la Marina de Cuba,
donde los radares registraban minuto a minuto la navegación del barco
nuestro. Lo hice, desde luego, y debido, quizá, a mi total ignorancia,
me quedé asombrado por el control perfecto de la situación del buque en
los mares caribeños.

En el episodio de la visita de los marinos, según mi balance final, Raúl
había sido prudente, además de ausente cuando convenía, y Fidel había
sido teatral, excesivo, palabrero, improvisador.

Alcibíades Hidalgo
Ex jefe de Despacho de Raúl Castro y ex diplomático.

El hombre que ejerce hoy el poder en Cuba, y con el cual trabajé
directamente por más de una década como jefe de su despacho político, es
mal conocido fuera de la Isla, pero también una incógnita para la mayor
parte del pueblo cubano, pese a su decisiva participación en la larga
aventura de la revolución cubana, de la que es parte imprescindible. Su
vida ha transcurrido paralela y a la sombra de su muy famoso hermano, al
que ahora reemplaza, todavía de manera provisional.

Durante 47 años Raúl Castro ha sido el ministro, organizador y jefe de
la más poderosa institución del país, las Fuerzas Armadas, además de sus
otras posiciones determinantes en la cúpula del poder. Ese largo
trayecto puede comprenderse mejor si se tiene en cuenta que Neil Hosler
McElroy, secretario de Defensa en la administración de Dwight Eisenhower
en el mismo año que Raúl Castro asumió su cargo, falleció hace ya 30 años.

Cinco años menor que su hermano Fidel, compartieron en la infancia y
adolescencia el inusual mundo rural de la fami
lia Castro Ruz y los
largos extrañamientos en lejanos colegios religiosos adonde los enviara
su padre, el terrateniente gallego Ángel Castro Argüíz.

A diferencia de Fidel, doctorado en leyes en la Universidad de La
Habana, no concluyó estudios universitarios. Mientras su hermano se
convertía en figura conocida en las bandas gangsteriles que dominaron la
agitada política universitaria a mediados del siglo XX, Raúl escogió una
temprana afiliación comunista que lo llevó en 1953 a Austria y países de
la Europa del Este, en uno de sus escasos viajes fuera de Cuba.

Tras el triunfo de 1959, tuvo un papel central, junto al Che Guevara, en
la derivación hacia las ideas del comunismo de la joven revolución.
Reconocido luego por los dirigentes soviéticos como un hombre clave en
las relaciones con Cuba y su difícil líder mercurial, fue protagonista
de momentos cruciales de aquellas relaciones. Su encuentro en Moscú por
instrucciones de Fidel con Nikita Jruschov ultimó los detalles del
acuerdo para la instalación de cohetes con ojivas nucleares en Cuba que
llevaría a la Crisis de Octubre en 1962.

Durante los largos años en que, junto a su hermano, han impuesto su
poder sobre el resto de los cubanos, el menor de los Castro ha intentado
contener dentro de cánones institucionales el desbordado individualismo
del Máximo Líder. Impulsó, bajo exigencias soviéticas, la llamada
institucionalización del país, adoptada en 1975. Bajo su supervisión
directa se inició finalmente, tras 17 años de gobierno revolucionario,
una organización del Estado y el Partido según moldes socialistas.

Como ministro de las FAR respaldó activamente la participación de tropas
cubanas en las guerras de Angola y Etiopía, decididas, claro está, por
Fidel. Fue también factor esencial en el regreso a Cuba de esas fuerzas,
que llegaron a sumar cerca de 60.000 hombres, solamente en Angola.

En casi cinco décadas ha enfrentado múltiples contendientes por la
preferencia de Fidel, con quien mantiene una contradictoria relación de
subordinación total y apoyo imprescindible, nublada por la indiferencia
del hermano mayor. Su poder sobre las instituciones militares se hizo
absoluto en 1989, tras el affaire por acusaciones de narcotráfico contra
el general Arnaldo Ochoa y los gemelos La Guardia que terminaría ante un
pelotón de fusilamiento. Sus hombres de mayor confianza, integrantes de
la poderosa Contra Inteligencia Militar, encabezaron la virtual
absorción del Ministerio del Interior, considerado hasta entonces por
las Fuerzas Armadas como un peligroso rival potencial.

Pragmático en temas económicos, adicto a los informes de los servicios
secretos y a voluminosos expedientes sobre el resto de los dirigentes,
desconfiado como su hermano de la cultura y los intelectuales, amante de
sus cuatro hijos y siete nietos, despiadado en las decisiones en que se
pone en juego la supervivencia del régimen, nostálgico del comunismo
soviético, inexperto en relaciones internacionales, aficionado
impenitente al vodka y el dominó y temido sin excepción entre la clase
dirigente, el ministro, como se le llama respetuosamente en esos
círculos, no es hombre que pueda describirse de una sola pieza.

Ahora, y todavía en la misma oficina donde nos encontramos hace 25 años
—en la que suele pasearse alrededor de un monumental globo terráqueo
semejante al que adornaba los despachos de los mariscales de la URSS—
protagoniza el primer episodio de la obra más difícil de su vida:
intentar prolongar el castrismo sin Fidel. Le deseo, de todo corazón,
que no lo logre.

Juana Castro
Hermana de Fidel Castro y exiliada de Cuba desde 1964.

Son dos personalidades completamente diferentes. Fidel no escucha; tiene
que ser lo que él dice. Raúl presta atención a lo que le dice la gente.
Es más dialogante, más receptivo a los demás. Fidel se ha puesto enfermo
porque dio un discurso de tres horas después de un viaje agotador a
Argentina. Se puso a sí mismo a prueba a los 80 años.

Recuerdo cuando Raúl dijo: ‘En Cuba no hacen falta fusiles; hacen falta
frijoles’. Me impresionó. Recuerdo que pensé: ‘Ese muchacho está
pensando mejor que su hermano’. Si se lleva a cabo el relevo de poder en
Cuba, tal vez pudiera haber algo de luz al final del camino.

Dicen que Raúl quiere aplicar el modelo de China en Cuba. Eso sería
aceptable sólo como un paso previo a la democracia. Porque China tiene
libertad económica, pero es una dictadura férrea. En cualquier caso,
cualquier modelo es mejor que el que tiene Cuba ahora.

URL:
http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro_en_la_red/cuba/cuba_hacia_donde_y_como/nostalgico_del_comunismo_desconfiado_de_los_intelectuales

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