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CUBA EL MUERTO Y EL PARAISO

CUBA, EL MUERTO Y EL PARAISO

Por Carlos Alberto Montaner
Firmas
España
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 16, 2006

Muerto Castro e iniciada la transición, existe una oportunidad única
para realizar el “milagro cubano”: convertir a un pueblo de esclavos
sometidos por el dogma comunista y empobrecidos por el colectivismo, en
una nación próspera e industriosa de propietarios, instalada entre las
más ricas del mundo, como sucede con Irlanda, Taiwán o Singapur, otras
pequeñas islas

Es obvio que las campanas en Washington están tocando a muerto. Castro
pronto cumplirá 80 años y la experiencia y el sentido común indican que
es muy probable que se lleve la dictadura a la tumba. Es lo que suele
ocurrir con las tiranías caudillistas. Ante esa perspectiva, la Casa
Blanca ha anunciado un aumento en la ayuda a los demócratas de la
oposición, mayores presiones contra quienes colaboren con los opresores,
y la decisión de contribuir generosamente a un hipotético cambio de
régimen en la Isla si se lo piden los propios cubanos. No se trata de
imponerles a sangre y fuego el modelo democrático occidental y la
economía de mercado, sino, simplemente, de ofrecer ayuda generosa a un
hipotético gobierno de transición.

Aquí hay varias preguntas que hacerse. ¿Qué derecho tiene Estados Unidos
a inmiscuirse de una manera tan abierta en los asuntos supuestamente
internos de un país soberano? El problema es que Cuba, desde hace muchos
años, es también un “asunto interno” norteamericano. Antes de la
revolución vivían más norteamericanos en Cuba que cubanos en los Estados
Unidos. Hoy el 20% de la población cubana contando a los exiliados y a
sus descendientes radica en Estados Unidos, y se supone que ese
porcentaje pudiera elevarse al 80 si los cubanos lograran emigrar
libremente. Un símbolo de esa cubanización parcial de la vida política
norteamericana estuvo en la persona que acompañó a Condoleezza Rice en
la presentación del informe firmado por el presidente: Carlos Gutiérrez,
Secretario de Comercio, un cubano llegado a Estados Unidos en la
pubertad, hoy miembro del gabinete de Bush.

Además, en los casi cincuenta años de dictadura, Castro se ha inmiscuido
incesantemente en los asuntos internos de Estados Unidos, auxiliando y
dándoles asilo y protección a los grupos terroristas negros y
puertorriqueños, sirviendo de puente y refugio a los narcotraficantes,
desde Pablo Escobar a Robert Vesco y, en la época de la Guerra fría,
prestándole el territorio a los soviéticos para instalar misiles
atómicos, estaciones de espionaje y bases navales para aprovisionar a
los submarinos. Francamente, si hay un gobierno en el mundo que cree en
el derecho a intervenir en los asuntos internos de otras naciones el
proclamado “internacionalismo revolucionario” , es el de Cuba, así que
Castro no debe quejarse del “internacionalismo democrático”.

¿Es sincera la Casa Blanca cuando promete ponerle el hombro a la
reconstrucción material de Cuba y a su destrozada infraestructura?
Durante medio siglo de minuciosa incompetencia, Castro, el peor
gobernante que ha tenido ese país, ha agravado hasta el martirio los
problemas de vivienda, suministro de agua y electricidad, transporte y
alimentación: ¿se echará Washington sobre sus hombros la inmensa tarea
de aliviar y corregir la herencia de miseria horrenda que dejará el
comunismo tras su devastador paso por la Isla? Yo creo que sí, pero no
sólo porque los cubano-americanos, con sus dos senadores, sus hábiles
congresistas y sus exitosos empresarios son ya una fuerza considerable
dentro del establishment norteamericano, sino porque la clase política
estadounidense más alerta y sensible hoy está convencida de que el mejor
escenario cubano para Estados Unidos es el de que exista en la Isla una
sociedad pacífica y satisfecha, gobernada democráticamente, lo
suficientemente próspera como para que los cubanos no piensen en
continuar emigrando masivamente a la Florida.

Estados Unidos también aprendió su lección en Cuba. Coquetear con
“hombres fuertes” como Batista sólo sirvió para franquearle la puerta a
Castro. El cínico pragmatismo de respaldar a ” our son of a bitch “,
siempre se paga con una desastrosa catástrofe. Los únicos gobiernos que
realmente coinciden con los intereses de Estados Unidos son aquellos con
los que se comparten valores e ideales: democracias plurales y prósperas
en las que se respeten las libertades, incluidas las económicas, que son
las que potencian la creación de riquezas.

Muerto Castro e iniciada la transición, existe una oportunidad única
para realizar el “milagro cubano”: convertir a un pueblo de esclavos
sometidos por el dogma comunista y empobrecidos por el colectivismo, en
una nación próspera e industriosa de propietarios, instalada entre las
más ricas del mundo, como sucede con Irlanda, Taiwán o Singapur, otras
pequeñas islas. Esa transformación, asentada en el enorme capital humano
que hay en el país, con la ayuda de Estados Unidos, las inversiones
europeas y la intensa colaboración de la diáspora cubana, se puede
llevar a cabo en el curso de una generación y a un ritmo sostenido de
crecimiento anual de dos dígitos, como ya ocurrió en Cuba en la década
de los cuarenta y parte de los cincuenta. Pero a ese paraíso, claro, se
llega mediante un entierro largamente esperado.

http://www.lanuevacuba.com/archivo/carlos-alberto-montaner-415.htm

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