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Nefasto la critica y cualquiera resbala y cae (II y final)

Junio 9, 2006
Nefasto, la crítica y cualquiera resbala y cae (II y final)

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba – Junio (www.cubanet.org) – El artista, huyéndole (más
que el diablo a la cruz) a los temas desarrollados dentro del muralismo
luego de la caída del muro de Berlín; a la corriente muerta de un
realismo socialista tirado desde la cima del arte de la guataquería
oficial junto a sus musas por lo insostenible de sus mentiras
antológicas, enrumbó su obra a través de los trillos de la genética
plástica, donde lo más que puede sufrir es una mordida, un arañazo, o el
olvido.

Obviando la validez del filin, los discursos de Jruschov, la candencia
matérica de La Dolce Vita, de Fellini, así como los ritmos subversivos
de The Beatles en una década tan convulsa como la del 60, “El Greño”
Gris inició la búsqueda de un estilo particular que materializa a partir
de su xilografía La gata 97.

Su ardua labor de comerse 96 felinos que no asimilaban -a falta de
leche- las pociones de aguarrás con acrílico preparadas en la cocina de
su estudio en las riveras del Quibú 2002, le abrió el camino de la fama
al lograr en “Los tres gatos que ladran y los siete perros que maúllan”,
un cruce pictórico aún imposible para la genética.

Sus gatos, más hecho polvo que el célebre Vinagrito, supuestamente
ladran a un horizonte de perros famélicos que desbandados de su sitial
de honor como mejores amigos del hombre, se resignan a maullarle sólo a
turistas extranjeros como signo de identidad nacional, dados los
innegables cambios en los valores éticos de nuestra sociedad.

Y es ahí, ante la arremetida de una nueva estética conflictual,
periclitada en el adecentamiento cúrsico de la historia de la pintura en
Cuba, donde comienzan a caer de su pedestal las renombradas obras de los
Lam, Portocarrero, la Eiriz, los Bedia y otros artistas que resbalaron
con la cáscara de la sensibilidad actual de un pueblo conocedor de los
distintos tipos de moscas que perfomancean en los tambuchos y los baños
de nuestras galerías.

En esta encrucijada ecléctica del nivel matérico sobre el desguace
espiritual de un lienzo concurrido de rayas, puntos, pincelazos,
huecesillos de búhos, restos de cajetillas de cigarros, tejas infinitas,
latas de sardinas venezolanas, uñas de llamas de Perú, filarmónicas,
fragmentos de espejos, pedazos de latón, páginas de El Gran Salto
Adelante, el acta de prohibición en Cuba de la revista Novedades de
Moscú, entre otros asertos sincréticos de nuestra idiosincrasia
pespunteados con titulares del suplemento político-cultural La
jiribilla, es donde hay que adivinar en qué parte del cuadro se
encuentran Los tres gatos que ladran y los siete perros que maúllan.

Pero no existen dudas de que en la contemporaneidad antigua de una obra
pictórica que refleja la realidad del contexto cubano, en su profuso
estilo de amontonar materiales desechables, y en el imperecedero rumbo
del arte de la adivinación, se encuentran sustentadas todas las
tendencias de una obra que, si bien no entendemos, sabemos que está ahí,
al alcance de la mirada, aunque a miles de años luz de nuestro neófito
intelecto, para alumbrarnos la noche oscura y tormentosa de la
espiritualidad.

¿Qué significa el término arte matérico? No lo sé. Pero tampoco a
ustedes les interesa ni les hace falta. Confórmense con saber y
apréstense a promocionar una obra que, como la de Doménico “El Greño”
Gris, está avalada por un crítico con acceso a los medios de
comunicación masiva, familiares en la industria de la cultura, y sobre
todo, comunista a prueba de balsas con derecho a juzgar y decidir si un
artista es pintor o sólo un matalienzo.

Muchas gracias, y recojan. Es hora de merienda.

Por otra parte, y con similar capacidad de apreciación comunicativa que
la mostrada por el crítico Claro del Hoyo Prieto en su magistral
valoración del arte matérico en la obra Los tres gatos que ladran y los
siete perros que maúllan, el galardonado hermeneuta, Severo Nosale de La
O, se adentrará en los vericuetos líricos y el alcance retórico de una
novela de gran impacto dentro de nuestra sociedad.

Título de la obra literaria: La machacante historia de un ladrillo hecho
polvo.

Género: Novela
Editorial: Ecos de la pamplina
Autor: Bienvenido Tarugo Peña
Crítico literario: Severo Nosale de la O.

El “corpus” narrativo cubano está que arde. Su ontológica
intertextualidad está signada por un demiurgo escritural que nos azota
el entendimiento a toletazos de una cultura literaria que nos transporta
a un espacio hechizado donde el abracadabra “ábrete sésamo” se nos
muestra con la extrañeza de un sueño.

Pero más allá de este claro concepto de la literatura cubana,
adentrémonos en un texto novelado donde se podrán paladear, más fáciles
que en una heladería, un restaurante o un café, las notas sinfónicas y
ebrias de un catálogo de suciedades nunca antes vistas.

La novela La machacante historia de un ladrillo hecho polvo, del
escritor Bienvenido Tarugo Peña, es el summun de una corriente literaria
neoescapista y criticona que vuelve al revés cualquier solar, desmonta
el chasis del transporte público, encuera con su verbo al vendedor
ambulante, a la jinetera local, echa peste sobre las inmoralidades del
pueblo, ahoga entre sus letras el instinto de sobrevivir, pero jamás
roza, ni con la tilde de una jota, las causas que originan tanto caos.

¡Hechos van y hechos vienen!, y el sistema acabando es el sino
shopenhaueriano de una literatura diferenciada, francotiradora selecta a
la hora de elegir sus víctimas, resumido metafóricamente en el “Tirar de
la cadena, pero no tocar al mono”.

Y es en este arte del esquive létrico, de la sapiencia abismal para dar
de patadas a la víctima y no al verdugo, donde se cuece una literatura
contestataria, exilial, avalada, aunque no consentida por el amo del
abecedario nacional.

Hay que ver cómo, “En la machacante historia de un ladrillo hecho
polvo”, se vuelve una y otra vez a la angustia, tristeza, miedo,
soledad, ira, de unos personajes encadenados al dolor por culpa de
nadie, sino de sus ambiciones personales, majaderías colectivas y sueños
del nunca acabar.

Es en esa apariencia onírica de la realidad ficcionada, en su dimensión
híbrida, donde se sueltan los demonios de andar sin zapatos, apenas
comer, no poder hablar, tener programada hasta el alma sin decir quién
nos pegó los piojos.

No hay dudas de que Bienvenido Tarugo Peña, al igual que otros
escritores cubanos, conocen por dónde le entra el agua al coco, en qué
sitio tumbó la mula a Genaro, y dónde el jején puso el huevo. Pero eso
queda en el suspenso, para que el intelecto del lector encerrado en la
clave “yo dosifico mis letras, pero tú editas mi libro”, y en la casa,
pan, y en la Isla, gloria.

Así que no debemos asombrarnos en no encontrar nada nuevo, algo más allá
de lo que conocemos, porque este estilo, esta corriente literaria post
muro de Berlín, este jelengue flotador
sin conflicto asumido por los
escritores cubanos en un estilo denominado “El culo al aire del
avestruz”, nos muestra que la literatura es un arte para hacer pensar y
no para denunciar nada.

Ante una realidad tan prometedora, relájese, ría, échese aire, no
proteste ni busque novedad. Lea y siga leyendo. Confórmese con los
polvos de un ladrillo sin nadie que los barra del suelo, las paredes,
del techo de nuestra casa de sueños, y cuando quede ciego, agotado de la
sin par melopea, venga, que le graduaremos los espejuelos para que
entonces lea “Otra vuelta en la machacante historia de un ladrillo hecho
polvo”.

No lo dude, apréstese, inscríbase en el curso de apreciación literaria,
conozca las viejedades temáticas, que un día el escritor se lo
agradecerá, y la editorial les dará un premio con más de lo mismo,
porque de salirse del libreto, como diría Nefasto, “cualquiera resbala y
cae”.

LUX INFO-PRESS
Agencia Cubana Independiente de Información y Prensa
E-mail: Fsindical@aol.com

http://www.cubanet.org/sindical/news/y06/06090602.html

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