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Campana contra "ricos" en Cuba

02/02/06, 12:23 (Hora de México DF)
Campaña contra “ricos” en Cuba

La Habana, Cuba, 2 de febrero. El presidente Fidel Castro promueve una
campaña contra los “nuevos ricos” cubanos, a los que acusa de corrupción
y resquebrajamiento moral, en su anhelo por eliminar las diferencias de
clase que amenazan los ideales utópicos de su régimen comunista.

Los infractores enfrentan hasta penas de prisión y la pérdida de sus
empleos para el estado, mientras el gobierno trata de eliminar el
creciente mercado negro que suministra a los cubanos y a los turistas
todo tipo de productos, desde gasolina hasta aceite de cocina o
alimentos prohibidos que se ofrecen en los pequeños restaurantes privados.

La palabra “rico” es muy subjetiva en la isla donde los salarios
estatales alcanzan un promedio de 12 dólares al mes, una cantidad
insuficiente para vivir a pesar de los servicios del gobierno
fuertemente subsidiados y el costo casi gratis de la vivienda. Pero
muchos de los blancos de Castro son sencillamente los cubanos pobres que
roban al estado para sufragar sus necesidades.

En sus discursos recientes, el líder de 79 años protestó contra esos
robos y advirtió que una corrupción generalizada sería una de las peores
amenazas para el sistema socialista cubano.

“El país tendrá mucho más, pero no será jamás una sociedad de consumo”,
afirmó Castro. “Será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más
extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse”.

Cuarenta y siete años después de la revolución de Castro, muchos cubanos
mantienen todavía una ética de solidaridad que antepone los valores
espirituales al bienestar material. No son muchos los que poseen
estéreos lujosos, pero muchos asisten a obras y conciertos. Y muchos se
sienten orgullosos de que los médicos cubanos estén ayudando a las
víctimas de los terremotos en Pakistán, aun cuando se afecte su propio
servicio médico.

Los cubanos son famosos por su ingeniosidad y muchos se las arreglan
para estirar su salario bajo cuerda.

“Si tuviera abundancia, quién va a robar?” dijo Oscar Espinosa Chepe, un
economista cubano que se convirtió en disidente. “Prácticamente nadie
puede vivir en Cuba trabajando honestamente”, agregó.

Los panaderos venden a los clientes panecillos de 50 gramos por el
precio de los de 80 gramos y se quedan con la diferencia para venderla.
Los trabajadores de las pizzerías del estado venden queso, tomate y
aceite de cocina “extra” por la izquierda. Los conductores de autobuses
no les dan los comprobantes a todos los pasajeros que pagan.

Además los conductores de los camiones del estado ayudan a los vecinos a
transportar los materiales de construcción a cambio de dinero. Y los
empleados de las tiendas del estado se llevan para sus casas parte de
los productos para venderlos.

Otras personas ofrecen artículos hechos a mano sin la licencia requerida
por el estado que controla a los trabajadores privados.

En la Cuba comunista el mercado negro está por doquier. Desde la ropa y
los juguetes hasta artículos del hogar e incluso la gasolina, la venta
de productos robados es parte de la vida cotidiana.

“La gente siempre ha ido desviando los recursos del estado; pasa cuando
hay necesidad”, dijo Jesús Blanco, un hombre de 51 años que trabaja en
un bar. “Uno de los problemas es que no entran muchos productos”.

Blanco explicó que se las arregla para vivir honestamente con su salario
mensual de 235 pesos cubanos –unos 10 dólares estadounidenses–. Pero
agregó que en su casa tiene el televisor y el refrigerador rotos, y
además no le alcanza el dinero para arreglar el techo después de la
temporada de ciclones del año pasado.

El socialismo cubano ofrece una variedad de servicios gratuitos, como el
cuidado de la salud y la educación, mientras el transporte y la
electricidad están fuertemente subsidiados. La ración de productos que
los cubanos compran a bajos precios apenas cubre una tercera parte del
promedio mensual de la gente.

Pero la calidad de algunos servicios es mala, y el precio de los
alimentos adicionales acaba con casi todo el salario del mes. Entonces
queda poco dinero para comprar jabón o aceite de cocina. Los
electrodomésticos como el televisor y la ropa nueva son usualmente
adquiridos con el dinero que envían los parientes de ultramar, y por eso
son muchos los que prescinden de ellos.

El estado aumentó notablemente en diciembre las tarifas de la
electricidad para los más altos consumidores. Una llamada por teléfono a
países vecinos cuesta entre 2,45 y 4,45 dólares estadounidenses el
minuto y los alimentos de venta libre son caros.

Castro dice que eliminando los robos se puede contribuir a elevar el
nivel de vida de los 11,2 millones de habitantes en la isla. El gobierno
aumentó los salarios en noviembre y en mayo duplicó el salario mínimo
hasta 225 pesos –menos de 10 dólares al mes–.

Pero el objetivo de la cruzada de Castro es la convicción de que se hace
por el bienestar colectivo. Las ansias por los bienes materiales o el
prestigio basado en el bienestar son considerados una enfermedad
capitalista. El altruismo, los valores culturales y el cuidado de la
salud en el mundo se valoran por encima de los lujos personales.

Cuba tiene recursos materiales limitados y debe establecer prioridades
“que difieren sustancialmente de las que priman en los países
capitalistas”, afirmó Francisco Soberón, el presidente del Banco
Nacional de Cuba, ante un auditorio de economistas.

“Por ejemplo, se da prioridad al gasto para salvar la vida de un niño
por sobre la compra de automóviles de último modelo para la elite o la
arquitectura lujosa para sedes transnacionales”, afirmó.

Pero hay una clase de “nuevos ricos” en la isla aunque es escasa. Los
cubanos con dinero compran en las tiendas para diplomáticos y en los
supermercados que ofrecen productos de lujo como mantequilla de maní o
rositas de maíz para microonda. Un club de golf cuenta con una veintena
de cubanos entre sus 100 miembros, un privilegio que cuesta 70 dólares
estadounidenses la inscripción y 45 mensuales.

Los relativamente pocos cubanos que gozan de estos beneficios son los
que están casados con extranjeros o los que trabajan para compañías
extranjeras, como también músicos y atletas con privilegios especiales.
Algunos pueden ser incluso personas que roban al estado en gran escala.

Pero la mayoría de los cubanos tiene que luchar para conseguir las cosas
esenciales. La solución de Castro a este dilema moral depende en parte
de la inocencia juvenil. Su gobierno ha movilizado a miles de jóvenes
trabajadores sociales para sustituir a los empleados de las gasolineras
sospechosos de robar al estado. Desde el inicio de la campaña en
octubre, Castro afirma que las ventas de gasolina se incrementaron en
100.000 dólares diarios.

Pero la gente dice que mientras la situación económica no mejore será
difícil hacer realidad los ideales de Castro.

“La economía est?
? mejorando algo, pero creo que todavía no se puede
vivir sin el mercado negro”, dijo Blanco. “Hasta que bajen los precios,
el aumento de los sueldos no se siente, y lujo, ninguno.”

http://www.todito.com/paginas/noticias/184691.html

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